Bosnia y el miedo al "síndrome de los Balcanes"

El rival de hoy del seleccionado argentino es una incógnita del Mundial pese a sus antecedentes formando parte de la ex Yugoslavia.

 Talentosa, dura en lo físico y amenazada por el "Síndrome de los Balcanes": Bosnia, la selección que probará mañana a la Argentina de Lionel Messi, es una de las grandes incógnitas del Mundial.

¿Se impondrá el exceso de confianza, surgirán los problemas de siempre en los equipos de la ex Yugoslavia? ¿O ganarán la veteranía y la autoridad del entrenador Safet Susic, que sabe bien lo que es jugar un Mundial?

Ex figura de la selección yugoslava, en la que jugaba como lateral izquierdo, Susic también tiene experiencia en complicar a la Argentina. Lo hizo junto a sus compañeros en Italia 1990, con una derrota por tiros penales tras un empate en cuartos de final.

Bosnia debuta en una Copa del Mundo, sí, pero no siente que con eso le alcance: la meta de los balcánicos es llegar a octavos de final superando un grupo en el que Argentina es amplia favorita.

"Jugamos al ataque, ése es nuestro fútbol. Como entrenador me gusta meter siempre un gol más que el rival", aseguró hoy Susic, que prometió tres delanteros, dos mediocampistas ofensivos y dos laterales adelantados en el Maracaná.

"Es un honor y un placer jugar una Copa del Mundo por primera vez, no podíamos tener mejor escenario que el Maracaná para el primer partido", añadió.

El potente ataque de Bosnia está liderado por Edin Dzeko, compañero de Sergio "Kun" Agüero y Pablo Zabaleta en el Manchester City, y Vedad Ibisevic, del Stuttgart.

Los bosnios saben meter goles, no en vano fueron el cuarto equipo más anotador de las eliminatorias europeas tras Holanda, Alemania e Inglaterra.

El otro hombre clave junto a Dzeko es Miralem Pjanic, de la Roma. Gran organizador, también es una amenaza de gol para el rival.

Pero es Dzeko el más peligroso para los argentinos: dueño de un fútbol muy físico, tiene un cañón en el pie y no piensa dos veces antes de patear. Así, muchas veces mete golazos y cada tanto la pelota se va demasiado lejos.

Líder del equipo -fue el autor de una comentada "selfie" junto a sus compañeros antes de volar rumbo a Río para el partido de mañana-, Dzeko es el hombre a controlar por una Argentina que ya derrotó a Bosnia por 2-0 en un amistoso en noviembre.

Aquella vez Alejandro Sabella, seleccionador argentino, optó por una línea de cinco. Sabe que, si la pelota le llega en el área, Dzeko siempre rematará. No importa si recibe incómodo, porque se las arregla para girar y ejecutar.

Si Dzeko anotase en el Maracaná, las reacciones en casa no serán necesariamente de euforia generalizada, porque se trata de un país partido desde la guerra en los años 90. El conflicto terminó con la división del país en una entidad musulmana y croata y otra serbia.

La mayoría de los bosnios croatas apoyarán a Croacia, la otra ex república yugoslava que clasificó para Brasil 2014. Muy pocos serbobosnios se desvivirán por Bosnia, incluso sin Serbia en el Mundial.

Con un equipo formado sobre todo por jugadores bosnios musulmanes, un gol de Dzeko garantiza fiesta popular callejera en Sarajevo, pero no en los núcleos serbios y croatas de Banja Luka y Mostar, así de complejas son las cosas en Bosnia.

Susic no lo ve así: "Nuestro país está unido, la selección logró ser querida en todo el país, incluso en aquellas zonas en las que no sentían tanto cariño por el equipo".

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23 de febrero de 2018 | 19:53
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