¿Y la ceremonia inaugural? ¡Ah! ¿Ya pasó? ¿Eso fue?

El acto que abre la puerta del mundial de Brasil pasó sin pena ni gloria. Nadie se entusiasmó. Una ceremonia discretita. De esas que, mañana, ni te vas a acordar de qué se trató. ¿Y la pasión latina?

El show de apertura, ese mega espectáculo que tiene la responsabilidad de mostrar las costumbres, la cultura, las tradiciones y la historia del país que oficia de anfitrión, y al mismo tiempo sorprender al mundo haciendo explotar ante millones de espectadores el color, la pasión, la fuerza y la emoción que significa un mundial de fútbol, fue cortito. Muy cortito. Okay, se sabía esto desde hace varios días.

La verdad es que la ceremonia en el Arena Corinthians de San Pablo no me pareció ni novedosa, ni sorpresiva. Demasiado amateur. “La apertura de un Mundial no tiene nada que ver con la de los Juegos Olímpicos”, justificaba al aire el periodista Gonzalo Bonadeo, dando a entender que lo que importa es el fútbol y no tanto el despliegue. No concuerdo: el mundial de fútbol es tan o más importante que los Juegos Olímpicos. Y más en un país como Brasil. Hubiera perdonado una inauguración intrascendente en Sudáfrica, en Corea o en EEUU, pero no en un país que lleva el fútbol en el ADN.

Desde que se supo que la ceremonia duraría solamente 25 minutos, muchos lanzaron críticas diciendo, y cito textual: “¡Qué pedorra!”, “¡País bananero!”, y muchas apreciaciones por el estilo. Fui el primero en enojarme al escuchar –o leer- opiniones de este tipo, vaticinando una mala fiesta sin siquiera antes ver ni saber nada de ella.

Sin embargo, mis críticas ahora no vienen por ese lado. Es cierto, fue una “apertura express”, una de las más cortas de todas las inauguraciones de mundiales, pero además se vio bastante vacía, desordenada y sin demasiada sorpresa, de esa que te deja “pasmado”. Le faltó "sangre". No hubo pasión latina. Esto, a pesar de que desde la FIFA informaran que cada minuto de la ceremonia representó veinte horas de preparación artística. Además el tiempo de ensayo superó las 80 horas.

Pasadas las tres y cuarto hora local, y con el estadio a medio llenar –la gente seguía entrando, primera desorganización- la pelota gigante de led –“la pelota viva”, la llamaron: una esfera que destelló color durante todo el show, y contó con 90 mil clústeres y siete mil nits de luminosidad- se encendió y dio la bienvenida en múltiples idiomas.

El piso impresionó como parte de la escenografía, en un estadio con menos público del previsto y con mucho murmullo, mucho ruido y poca atención por parte de los espectadores.

En la fiesta, la flora y la fauna de Brasil fueron representadas desde un primer momento, y hubo homenajes y referencias a la importante cultura aborigen de ese país. Luego de la aparición de los primeros pobladores se mostró la llegada de los pueblos europeos y de otras etnias que poblaron esa Nación e hicieron de la misma un “crisol de razas”.

En este apartado, permítanme que exprese una desilusión enorme en cuanto al rubro vestuario: ¿Qué pasó con esa capacidad brasileña de dejarnos boquiabiertos con trajes espectaculares como los que cada año enmudecen de asombro al mundo desde el carnaval? Aquí parecían disfraces amateur hechos por cualquier mamá apurada que debe vestir de arbusto o de pájaro a un hijito para el jardín de infantes.

Por supuesto, comenzaron a arder las redes sociales: miles de chistes socarrones y quejas de brasileños e hinchas del fútbol expusieron su descontento por la pobre fiestita en Twitter.

Del homenaje a la naturaleza del Amazonas, llegó la referencia a las paradisíacas playas brasileñas, y al mundialmente conocido Carnaval, con sus exóticos trajes y característica samba. La presencia del pueblo Guaraní, el capoeira y las reminiscencias africanas y muchas otras culturas que nutrieron al país más poblado de Latinoamérica también dijeron presente.

Finalmente, un reconocimiento al fútbol fue lo que llegó para cerrar la ceremonia. Los 32 países que juegan la copa del mundo fueron representados por dos niños por cada uno. Los 64 pequeños hicieron “jueguitos” con pelotas al son de la música, pero no hubo ninguna referencia a la grandeza del Brasil en cuanto a lo futbolístico, ni se destacó su historia en este deporte. Yo me pregunto... ¿no había una mejor idea que atarle pelotitas a los pies a los niñitos, como si fueran unos "yo yo" gigantes? 

Ahí nomás, llegó la música, gran protagonista del festejo. La gran bola de LED se abrió al son de “Aquarela do Brasil” en la voz de la local Claudia Leitte, un himno mundial de la música brasileña que sonó unos segundos, para descubrir adentro de la “pelotota” a Pitbull y a Jennifer López, quienes salieron a escena y se unieron a Leitte, haciendo una interpretación increíblemente pobre de “We are one”. Bueno, “interpretaron” es un decir, porque a la legua se notaba que hacían playback.

En camarines: Jennifer, Pitbull y Claudia.

Diosas absolutas ambas cantantes, Jennifer -que se mega notaba que había ido para cumplir y nada más- se puso un ceñidísimo outfit verde brillante, mientras que Claudia Leitte eligió el azul: ambas tenían minishorts infartantes. Pitbull completó los colores de la bandera brasileña vistiendo la camiseta amarilla de la selección.

Luego de la presentación, los tres cantantes se retiraron del estadio lanzando besos a las tribunas y saludando sin cesar a todos los asistentes.

Dicen que fue austera porque el pueblo brasileño está muy dividido: mientras algunos están felices con la copa del mundo, hay una gran parte de habitantes que la repudia, debido a la situación social. En fin.

En resumen:

Si hubo despliegue lumínico, no se notó para nada. Quizás la ceremonia debió haber sido organizada en un horario más nocturno, para posibilitar un lucimiento mayor de los aspectos tecnológicos.

Fueron 600 los bailarines que participaron, y que no pudieron entusiasmar al público.

Todos queríamos ver la presentación del tecnológico "exoesqueleto" en el cual un chico parapléjico iba a pararse, caminar 25 pasos y patear la pelota. Las cámaras mostraron como el chico se sentaba. ¡Un aplauso para el director! Eso sí: la cola de J-Lo se vio perfecta.   

¿Para destacar? La música. Sin embargo, el sonido fue pésimo. Otro bache tecnológico en ese sentido. ¿Lo flojo? La cancha se veía casi siempre muy vacía: creo que faltó el movimiento de masas característico de estos actos. Hubo mucha “alharaca”, además, sobre la tecnología que se iba a disfrutar, y para mí, no lo fue tanto. ¿Qué pasó con la explosión de color brasileña? Brilló por su ausencia.

No me pareció una porquería, pero de ningún modo me sorprendió. Si quiero ser bueno, la calificaría como “ceremonia discreta”. El público mismo refrendó esto, a través de una apatía inusual durante todo el acto: solo se hizo escuchar cuando la bandera brasileña apareció en la cancha.

Si quiero ser implacable, la clasificación es una: absolutamente olvidable. Hasta Marcelo Tinelli hizo chistes al respecto: "Les aviso que no fue cámara oculta: no es una joda, fue la apertura del mundial".

Opiniones (4)
16 de agosto de 2018 | 11:04
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16 de agosto de 2018 | 11:04
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  1. realmente.... si la comparamos con las de Sudáfrica, Japón, España, Alemania, Méjico o Argentina (son las que vi - EEUU fue un asco), decepcionó. Pensé que habría algo más carioca...
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  2. Con semejante presupuesto hicieron "eso". Un Papelón.. Cualquier vendimia departamental tiene mejor guión que esa porquería" Y además, tuvieron que contratar a esos dos mamarrachos para cerrar la fiesta con la calidad y variedad de artistas brasileros que hay.
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  3. muy buena excelente!!!!!
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  4. La gran sorpresa de la apertura?? Pasó sin pena ni gloria, una bosssssssssss
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