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Brasil 2014, el Mundial más importante en décadas

Lo que suceda a partir del 12 de junio es una de esas historias destinada a impregnar las discusiones futboleras por generaciones.

Se lo puede resumir en una frase: Brasil 2014 será el Mundial de fútbol más importante en décadas.

O se lo puede explicar con más detalle: lo que suceda a partir del 12 de junio y, sobre todo, la final del 13 de julio en el legendario Maracaná, es una de esas historias destinada a impregnar las discusiones futboleras por generaciones.

¿Será un "Mundial hito" como el de México 70 con Pelé, el de Alemania 74 con Franz Beckenbauer o el de México 86 con Diego Maradona?

¿Será, en la final, un duelo entre el Brasil que busca el hexacampeonato y Lionel Messi, el hombre que quiere lograr lo mismo que Pelé y Diego Maradona para que nadie discuta ya que está a su altura? O para que incluso lo pongan por encima.

No hay quizás mejor escenario posible para un Mundial de fútbol. Si la pelota fuera un ente vivo -¿no lo es?- y buscara paz, refugio, felicidad, Río de Janeiro y las playas de Copacabana o Ipanema serían un buen lugar. Allí la tratan siempre bien, podría quedarse a vivir.

También la quieren en el Aterro do Flamengo, un área junto al mar que es el epicentro de los partidos de fútbol para aficionados -pobres, ricos, de clase media- en la ciudad carioca.

El Aterro está a escasos seis kilómetros del Maracaná, que no se movió de dónde estaba el escenario de la definición de 1950, aunque esté lejos de ser el mismo estadio. Ya no puede albergar 200.000 personas, sino poco más de 60.000, y se convirtió en un escenario "cinco estrellas" con todas las ventajas y desventajas que eso implica en el fútbol moderno.

El Maracaná de hoy tiene, cualquier brasileño lo dice, "menos alma" que en aquel 1950 en que rompió el corazón de toda una nación y subió la autoestima de un vecino a un nivel sin parangón en la historia del deporte.

Aquel título es uno de los dos o tres momentos clave en la formación de la nacionalidad uruguaya y, a la vez, una de las mayores frustraciones de la historia de Brasil, que 64 años después sigue hablando del "Maracanazo".

"No quiero exagerar, pero para el uruguayo ha sido el momento máximo de su historia en el siglo XX", dijo a dpa Marcos de Azambuja, ex viceministro de Asuntos Exteriores del Brasil y testigo de aquel partido.

Los tiempos hoy son otros, el Mundial no es en blanco y negro, no es lejano, no es exótico. Los detalles más impensables de los partidos llegarán a través de los televisores, las computadoras, las tabletas y los smartphones, se debatirán hasta la extenuación por Facebook o Twitter, fascinarán a medio planeta y saturarán a la otra mitad.

Ni aquella ingenuidad de mediados del siglo pasado existe ya, ni un título mundial consolida naciones.

Brasil 2014 será extraordinario, pero por otras razones.

"Este Mundial va a ser muy difícil porque todos los campeones mundiales van a estar en Brasil", dijo Bebeto en una entrevista con la agencia dpa poniendo el acento en la presencia de Uruguay, Italia, Alemania, Brasil, Inglaterra, Argentina, Francia y España.

"Para mí va a ser el más difícil de todos los tiempos", añadió el brasileño, campeón mundial en Estados Unidos 94.

Aunque esas presencias garanticen nivel y presuntamente buen fútbol, la participación de los ocho campeones no es lo más trascendente. Tampoco el hecho de que los 64 partidos repartidos en 12 estadios y otras tantas ciudades en un Mundial se jugarán con temperaturas tan fríamente invernales como sofocantemente veraniegas, algo que sucede por primera vez en la historia.

Ni siquiera la aparición de la tecnología como decisivo apoyo para los árbitros, quizás el final a décadas de "goles fantasma".

No, la gran historia pasa por otro lado, las dos claves del Mundial son un país y un jugador. En el medio hay grandes candidatos al título como España, Alemania o Italia, pero la historia que más importa, el duelo latente en las mentes de millones de futboleros en el mundo es ése: Brasil versus Messi, que es incluso algo más que un Brasil versus Argentina.

Todo sucederá en una nación que es un continente antes que un país, una inmensa extensión que sirve también de reproducción del mundo a escala: descendientes de alemanes en el sur, de esclavos africanos en el nordeste, de asiáticos en Sao Paulo. En el interior más lejano respira el Amazonas, pulmón del planeta. En todos esos sitios habrá partidos del Mundial, con un Inglaterra-Italia en la fase de grupos que pondrá a Manaos en el centro de la atención.

Un Mundial especialmente complicado para los equipos europeos. Hay rivales que ven "aburguesada" a España, la campeona mundial, otros que dudan de la adaptación de la pujante Alemania al calor agobiante y la presión ambiental. También está por verse si la Italia de Cesare Prandelli podrá sumarle a una novedad -juega "lindo"- una tradición, la del éxito. Y están Francia, siempre talentosa y convulsa, Uruguay, apoyado en su historia, una Inglaterra siempre en duda y -fuera del elenco de los campeones- el Portugal del mejor jugador de 2013, Cristiano Ronaldo.

Todos, y otras selecciones como Holanda, tienen más o menos razones para soñar. Pero si Brasil es definido por sus habitantes como "el país más grande del mundo", sus sueños hoy también lo son.

Ya no se trata sólo de ser el "gigante sudamericano", porque en las últimas dos décadas Brasil trabajó para consolidarse como "jugador" a escala mundial. El país sigue siendo ineficiente en muchos aspectos y desigual hasta el escándalo, pero lo es menos que antes y hace ya tiempo que avanza en la buena dirección.

Si el país funciona, incluso pese a la ola de protestas que sorprendieron en junio de 2013 y que muy probablemente resurjan durante el Mundial, ¿cómo no lo haría su máximo emblema, una selección de fútbol dirigida por Luiz Felipe Scolari, "Felipao" y con la presencia clave del ascendente Neymar?

Si no lo hace, la explicación principal podría estar en la descomunal presión que soporta la verdeamarilla, a la que se le exige el "hexa" y enterrar por siempre el "Maracanazo".

"Alemania terminó tercera y la estaban esperando sus hinchas en el aeropuerto", recordó a dpa José Ferreira "Neto", uno de los goleadores históricos en la Liga brasileña.

 



"Acá no. Si terminan segundos el pueblo podrá hasta matar a las personas, lo que es un gran error, una falta de educación".

 



En medio de ese ambiente excesivo y pasional, el peligro para los anfitriones pasa por un jugador al que se lo acusa de frío, incluso de aburrido fuera de la cancha, críticas que pierden total valor cada vez que uno de sus goles deja boquiabierto al planeta, sea con el Barcelona o con la camiseta albiceleste de su selección.

Si finalmente se enfrentan la alegría a veces naif brasileña y la fuerza a veces retorcida de los argentinos, no habrá dudas de que el "culpable" será Lionel Messi. Y si ese duelo es a las cuatro de la tarde del 13 de julio, la final de Brasil 2014 será mítica. Suceda lo que suceda.

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22 de julio de 2018 | 13:50
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