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Hubo veredicto: amplio respaldo a Bianchi

Tanto dentro, como fuera de la cancha, el apoyo al entrenador de Boca de parte del público y los jugadores fue unánime.

El público de Boca Juniors volvió a su estadio, llenó tribunas y plateas, cantó y alentó a su equipo, dio su veredicto de apoyo incondicional a Carlos Bianchi y fue absolutamente indiferente con la dirigencia.

Pero si hubo un veredicto que no pasará inadvertido es el de los jugadores xeneizes, que con actitud y compromiso en cada pelota disputada dijeron mucho más que todo lo que puedan hablar durante la semana.

La Bombonera a pleno como hacía tiempo no se veía fue el ámbito en el cual Boca jugaba mucho más que un partido, en una racha negativa de poco más de 100 días sin triunfos y una situación enrarecida en donde, antes de que el equipo boquense jugara su tercer partido del torneo Final, el jueves último ante Rafaela en lo que derrota por 1-0, el presidente Daniel Angelici hablaba de un posible despido del DT.

Así las cosas, las voces del afuera iban a ser importantes. Y antes del partido, cuando los altavoces nombran uno por uno a titulares y suplentes, hubo una ovación para el arquero Orión, hubo aplausos para Erbes, apoyo para Gago y aplausos para Luciano Acosta.

Pero cuando el sonido mencionó al entrenador más exitoso de la historia de Boca y del fútbol argentino, la ovación fue ensordecedora, al igual que cuando entró a la cancha detrás de sus jugadores y la multitud recordó aquel triunfal "que de la mano, de Carlos Bianchi...".

Salvo la barrabrava, que al único ícono que rinde homenaje permanente es al negocio que le permite privilegios, de la mano de la complicidad con una dirigencia que coincide con los barras en un punto nodal: ninguno de ellos, barras y dirigentes, quiere a Bianchi.

Pero cuando la pelota empieza a rodar, el único lenguaje que interesa es el de la cancha, el de los jugadores y el de todos los factores que hacen al juego del fútbol. Y allí Boca equipo mostró de entrada otra actitud, esa que reclamaba el domingo último el DT después de la derrota 3-2 ante Belgrano, y otro compromiso.

Si bien en los primeros 15 minutos Estudiantes manejaba el partido con un mediocampo ordenado y metedor, más un Juan Sebastián Verón que juega cada vez más retrasado en el campo pero que desde allí maneja los tiempos y releva con eficacia, Boca dejaba en claro que esta vez la historia sería distinta, que al menos había ganas y corazón.

Claro que otras cosas no cambiaron: Fernando Gago sigue impreciso y sin poder enhebrar , Ledesma alterna buenas y malas con demasiada frecuencia, y es dificil recordar en muchos años a un equipo de Boca con tantos problemas -juegue quien juegue- en sus marcadores de punta.

Cuando juega Hernán Grana (hoy no estuvo ni en el banco de suplentes) no pasa -generosamente- de los 6 puntos y cuando juega Leandro Marín, tampoco.

En la punta izquierda de la defensa, la presencia física de Insúa le dio otra cariz a ese espacio porque las últimas actuaciones de Nahuel Zárate habían sido muy malas, pero eso tampoco significa que le sobre mucho al ex Godoy Cruz.

Entre los que no levantan, y cuántos interrogantes deja en cada partido, está Juan Manuel Martínez, sin respuestas de ningún tipo y sin resto anímico para sobreponerse a un mal momento que se prolonga demasiado.

Por el lado de los más destacados, la entrega y en algunas ocasiones el buen pie de Erbes ayudó a mejorar el mediocampo, en donde si hubo alguien que no fue extrañado fue Sánchez Miño, de tan intrascendente que fueron sus últimas actuaciones.

Pero si un soplo de aire fresco apareció en una semana dificil, fue de la mano de Luciano Acosta, un petiso atrevido y encarador, que cuando pierde la pelota corre a intentar recuperarla, y cuando la domina y tiene espacio, se anima, engancha y patea. Es cierto: es aún un proyecto, es muy pibe, pero él y todo Boca tienen derecho a ilusionarse.

Un gol que hacía falta lo hiciera un delantero -impecable cabezazo de Gigliotti-, una defensa que pudo resolver casi sin problemas los tibios intentos de Estudiantes y equipo en definitiva ordenado, solidario y bien parado fue la imagen distinta que se vio en la Bombonera, la que tanto necesitaban Boca y Bianchi.

El tiempo dirá si un triunfo esforzado y merecido por 1-0 alcanza para ilusionar al ´mundo Boca´, y si una tarde-noche feliz puede tener proyección en un semestre que había empezado demasiado mal. Pero la primera señal, llegó a tiempo.

Hubo un ratito de Riquelme en una posición extraña, de único punta cuando Bianchi había sacado -¿sorpresivamente?- a los dos delanteros, con algún destello de esa calidad que se adivina en cada movimiento, y que ahora se verá si tiene continuidad a la hora de formar el equipo.

Y hubo un regreso que alegró a los hinchas que festejaron el torneo Apertura 2011, el último que ganó Boca con la dirección técnica de Julio Falcioni, el del ´Burrito´ Diego Rivero, quien tras superar un problema cardíaco, puede aportar en ocasiones el sacrificio que muchas veces necesita el mediocampo xeneize, como lo hizo en aquel equipo campeón.

El esperado veredicto, entonces, le dibujó una sonrisa a Bianchi en la noche del domingo. Por la voces incondicionales -las que importan, las del hincha genuino- que lo respaldaron, y por el compromiso de sus jugadores, que hablaron a su modo, con la pelota y con la actitud, cuando el ´Virrey´ más lo necesitaba.

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21 de julio de 2018 | 07:39
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