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El crimen organizado amenaza al Mundial

Recientes golpes del crimen organizado en favelas "pacificadas" dan la pauta de que no ha sido desterrado de Río de Janeiro.

Recientes ataques contra la policía en favelas "pacificadas" muestran que el crimen organizado está lejos de haber sido desterrado de Rio de Janeiro a menos de cuatro meses del Mundial de fútbol, según alertaron expertos.

Los narcos no dudan en disparar contra agentes de las Unidades de Policía Pacificadoras (UPP), creadas desde 2008 para imponer la ley en favelas que durante décadas fueron controladas por traficantes o milicianos.

Entre los últimos episodios: el 2 de febrero, una policía de 28 años, Alda Castilhos, murió tras recibir un balazo en la espalda.

El domingo pasado, el pánico se desató en la Rocinha, la mayor favela de Rio situada en la zona más rica de la ciudad, cerca del mar, cuando los traficantes dispararon contra los policías. Dos comandantes de las UPP, incluida la mayor Pricilla de Oliveira, que coordina actualmente las nuevas unidades policiales pacificadoras.

El ministro del Interior del estado de Rio, José Mariano Beltrame, lanzó una contraofensiva en el terreno y aseguró a la AFP que "no retrocederá" en el proceso de pacificación de cara al Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos de Rio en 2016.

"Nunca tuvimos la impresión de que los feudos que controlaron las favelas durante más de 30 años renunciarían fácilmente. Pero debemos recordar que en el pasado sus acciones criminales eran cotidianas", dijo.

Los traficantes resisten porque la pacificación les hace perder dinero, estimó, pero "sus ataques refuerzan nuestra determinación a llevar la paz a la región".

A día de hoy, 36 unidades de este cuerpo policial con más de 9.000 policías vigilan 252 favelas donde viven 1,5 millones de personas.

En seis años, los homicidios cayeron un 65% en las favelas "pacificadas" y 48% en la ciudad.

Para algunos expertos, este recrudecimiento de ataques está en parte ligada al "escándalo Amarildo".

Casado y padre de seis hijos, el albañil Amarildo de Souza, de 47 años, desapareció el 14 de julio de 2013 en La Rocinha, tras haber sido detenido y conducido a la comisaría por policías de la UPP que buscaban información sobre el tráfico de droga en el barrio.

"La implicación de policías (en su desaparición) puso fin a la credibilidad del proyecto UPP. Lo que pasó el domingo en la Rocinha es una demostración de fuerza de los criminales", afirmó Paulo Storani, antropólogo y experto en seguridad pública.

"Los traficantes no son idiotas. Con el caso Amarildo percibieron un momento de fragilidad de la pacificación", sostuvo el experto en violencia José Augusto Rodrigues, de la Universidad Estatal de Rio (UERJ).
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21 de julio de 2018 | 15:36
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