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Michael Schumacher, un amante del riesgo

El alemán ha ganado seguro la batalla al vértigo. Es un apasionado del riesgo, pero el domingo conoció la cara más amarga.

Michael Schumacher saltaba regularmente con paracaídas desde miles de metros de altura, ha pilotado durante muchos años a máxima velocidad, primero en la Fórmula 1 y luego sobre una moto, y se lanzaba sin miedo sobre unas tablas de esquí por las colinas de las montañas esquiando.

El alemán ha ganado seguro la batalla al vértigo. Es un apasionado del riesgo, pero el domingo conoció la cara más amarga de practicar deporte al límite.

Tras superar varios accidentes de Fórmula 1, un deporte que dominó con mano de hierro, y una fuerte caída cuando montaba en moto, Schumacher lucha ahora por salvar su vida tras golpearse fuertemente la cabeza el domingo mientras esquiaba en los Alpes franceses.

En el hospital donde se encuentra en coma inducido, están su mujer, Corinna, y sus dos hijos, Gina-Maria, de 16 años, y Mick, de 14. Schumacher es un tipo familiar. Es un padre cariñoso y su mujer le ayuda en su gran pasión, los caballos. Desde su retirada definitiva de la Fórmula 1 hace ahora un año, Schumacher disfrutó de una nueva vida, pero en ella también estaba el riesgo, su inseparable acompañante.

"Todos los días intentas llenar el vacío que deja la Fórmula 1. No hay nada que dé tanta adrenalina", señaló el francés Alain Prost, cuatro veces campeón del mundo, en la cadena "iTélé" tras el accidente de Schumacher.

El alemán es un apasionado del paracaidismo y de las motos. El ex piloto nacido en Kerpen hace casi 45 años ya sufrió un accidente grave sobre dos ruedas en febrero de 2009.

Sin embargo, Schumacher tuvo suerte dentro del infortunio cuando se cayó de la moto en la ciudad española de Cartagena. Se dañó una costilla y sufrió una fractura en la base del cráneo y en la columna cervical, lo que le impidió sustituir a Felipe Massa en Ferrari ese mismo año durante algunos Grandes Premios.

Pero Schumacher recuperó el tono físico y un día antes de la Nochebuena de 2009 anunciaba su regreso a la Fórmula 1. "Me siento como un niño de 12 años", dijo entonces la leyenda de los bólidos de carreras.

En el paddock, no podía ocultar su satisfacción por subirse de nuevo a un monoplaza. Y a pesar de la ausencia de victorias, Schumacher ganó puntos en simpatía.

La máscara que llevaba antaño desapareció. Intransigente, obsesionado y perfeccionista: así fue Schumacher desde su primera carrera de 1991 hasta que dejó Ferrari en 2006. En cuanto se le acercaba una cámara, el alemán se convertía en frío y distante.

Schumacher no llegaba al corazón de los aficionados. "No soy un hombre al que le gusta mostrar sus emociones, con la excepción de aquellos que me conocen bien", dijo una vez el siete veces campeón mundial.

Se controlaba a sí mismo y dominaba a sus rivales. Ganó 91 Grandes Premios, más que nadie en la historia. Levantó siete títulos, más que nadie en la historia. Salió 68 veces desde la pole positión, más que nadie en la historia.

Pero también tenía más adrenalina que la mayoría. Tuvo choques dentro y fuera de la pista con la mayoría de sus rivales.

El 11 de julio de 1999 sufrió su accidente más grave en su carrera como piloto. Schumacher se estrelló contra un muro de neumáticos por un problema en los frenos de su Ferrari y se fracturó la tibia y el peroné. Se recuperó y ganó después cinco títulos mundiales.

Ahora tiene ante sí el desafío más difícil de su vida. Tumbado en una cama de un hospital de Grenoble, en estado crítico y en coma inducido, Schumacher lucha por salvar su vida.

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19 de julio de 2018 | 17:00
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