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River, tenés que salir de la pesadilla

El penoso momento millonario se explica en las dirigencias cada vez peores, los dislates, la falta de un rumbo claro y la corrupción. Se olvidaron, además, de la rica historia del club.

El triste, penoso y difícil momento que atraviesa River Plate no es fruto del destino ni de la mala fortuna; sino la consecuencia lógica de numerosos años de dislate directivo y de rumbo vacilante y desviado.

River se caracterizó durante gran parte de su larga y prolífica historia por algunos fundamentos que eran valores sostenidos y sustentables: filosofía del buen juego, trabajo profesional en las divisiones inferiores, fortaleza de varias actividades deportivas y una intensa actividad social.  Así, podemos mencionar la “escuela” millonaria y la estética y el afán ofensivo que desplegaban sus equipos de fútbol superiores. La buena técnica, la calidad individual de sus jugadores y la plástica y la belleza del juego desplegado eran multiplicadas y sostenidas en el tiempo y en todas las circunstancias. Es por eso que la gente de River se acostumbró al buen juego y a la exigencia constante de su numerosa hinchada.

Un trabajo sostenido, firme, responsable y fructífero sobre las divisiones infantiles hizo surgir a numerosos jugadores que triunfaron en el país, y en diversas plazas futbolísticas del mundo. Fue una apuesta fuerte y sostenida por años, aunque cambiaran dirigentes o entrenadores.

El fortalecimiento de otras numerosas disciplinas deportivas, que hicieron de River una verdadera ciudad de socios desplegando diariamente diversas actividades, y de la que surgieron numerosas figuras de distintos deportes, le dio al club la pluralidad y el sentido de pertenencia de miles de familias, lo que fue un rasgo distintivo de la entidad.

Una vida social intensa, de aprovechamiento de sus piscinas en el verano y de abundante presencia en su restaurante y quinchos. Todo acompañado de la presencia semanal de la familia entera, que se extendía a las tribunas los domingos en que River jugaba de local, conformaron una familia que fue sustentando el fútbol. Escuela primaria y colegio secundario en el estadio aseguraron la concurrencia de niños y jóvenes para seguir engrosando las filas riverplatenses, y lo siguen haciendo pese a las enormes dificultades económicas y financieras de la institución.

De complemento, el más importante estadio de fútbol del país, remozado a nuevo en 1978 y con numerosos lugares y canchas diversas para la práctica de básquet, vóley, hándbol, tenis, gimnasia deportiva, natación, hockey sobre césped y demás deportes. Desde hace alrededor de 15 años, vienen rotando en la conducción de River una serie de dirigentes que tiraron por la borda los principios y los valores de la institución.Con desparpajo, ineficiencia y gran irresponsabilidad, llevaron rápidamente al club al deterioro constante en el que se encuentra actualmente. Son responsables directos los miembros oficialistas de la Comisión Directiva que triunfaban en las elecciones, pero también le corresponden culpas a los opositores por la minoría, que por omisión o temor, no actuaron con la firmeza y decisión que las circunstancias exigían.

Como símbolo de la degradación dirigencial aparecieron los apellidos de Aguilar e Israel que fueron los hombres preponderantes y presentes en la mayoría de las oportunidades. Pero ello no exime a muchísimos otros dirigentes que empujaron a River a su estado decadente contemporáneo, hasta llegar al actual presidente, Daniel Pasarella; extraordinario ex jugador y capitán del club y del seleccionado nacional pero pésimo dirigente, que con ineficiencia, autoritarismo y arrogancia es responsable directo del desmanejo y crisis, que llevaron a los millonarios a sufrir el descenso de la primera división, hecho que quedará marcado para siempre en la historia del club y del futbol nacional y mundial. También arrastró al club a la peor crisis financiera y económica conocida. Se asegura que la deuda alcanza a los cuatrocientos millones de pesos y a la desvalorización de toda su gran estructura física. Fue en estas gestiones en que se fortalecieron las zonas oscuras: Los pases apresurados de cracks de River, desde Lamela hasta Buonanotte, los muy extraños refuerzos que ha traído River año tras año. Algunos prácticamente no jugaron y muchos de ellos ni en sus mejores sueños podrían haber aspirado a jugar en River. Los negocios de los barrabravas y los contactos con los dirigentes “florecieron” en estos años también.

Durante los últimos años la violencia de los “barras”, encuadrados en diversas facciones (Los Borrachos del tablón, una de las más representativas) irrumpió en toda la vida del club, y no sólo en el fútbol. Agresivos y de conductas delictuales, regaron de sangre y temor varias circunstancias del que hacer diario, controlando incluso muchos aspectos de la vida social. Hubo dirigentes que por lo menos aceptaron esta violencia y en muchas oportunidades hicieron la “vista gorda”. Temerosos, abandonaron su responsabilidad.

Ya mencionamos el bochorno del descenso, con todo lo que ello acarreó. Pero el presente futbolístico de River está muy cerca de esos días. Conducido por otro gran ex jugador, Ramón Díaz, los hinchas riverplatenses sufren fecha tras fecha las debilidades de un equipo sin ideas, estrategia ni alma. Sólo existen las declaraciones rimbombantes, inexplicables de un histriónico Ramón que trata de explicar lo inexplicable, sin atinar siquiera a una respuesta del nivel futbolístico acorde a River Plate.

Acompañado en el banco por su hijo Emiliano, sin antecedentes verificables en la conducción técnica, hace tiempo presentan equipos vacíos de juego, espíritu e identidad. Repletos de jugadores sin categoría, incluso se rumorea que algunos integran el plantel por capricho y amistad de Emiliano Díaz. Tal el caso de Osmar Ferreyra y de Menseguez, que hacía dos años no jugaba profesionalmente y ahora se ha ganado la titularidad por el sólo hecho de hacer un gol después de 25 meses.

También Ramón en su desvarío y sometido a presión, exigió la contratación de jugadores muy costosos para River, como Jonathan Fabro -de pobre rendimiento- y el inmanejable colombiano Teófilo Gutiérrez, mal ubicado en el campo de juego y lejos de sus antecedentes goleadores.

El presente no admite más errores, pero la realidad ofrece una buena oportunidad. En diciembre se renueva la comisión directiva y Pasarella ya anunció que no irá por su reelección. En esta ocasión, los socios que voten y los dirigentes electos no pueden fallar. Sin los anteriores dirigentes y desplazando a Ramón Díaz y su hijo, para evitar problemas mayores y más graves, comienza la inmensa tarea de recuperar a la gran institución que fue el club millonario.

No será fácil la misión. Muy grande es el deterioro. Deberá ser equilibrado a fuerza de la capacidad, ideas y esfuerzo de los futuros dirigentes electos. Agrava todo esto la abultada deuda y la escasez de recursos para afrontar la vida diaria y social del club, más todas las diversas actividades deportivas competitivas, la reconstrucción de su soporte físico y la conformación de un equipo de fútbol acorde a la historia y exigencias de River, más la valorización de todas sus divisiones inferiores.

Si los nuevos dirigentes bebieron de pequeños las glorias riverplatenses, si tienen capacidad y coraje y entienden la responsabilidad que el momento les obliga, es posible recuperar la esencia y proyectar a River a lugares de trascendencia en el fútbol mundial y en el deporte en general.

Sólo así será posible escuchar con orgullo y seguridad la canción que dice "El más grande sigue siendo  River Plate…”

Opiniones (1)
24 de junio de 2018 | 04:29
2
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24 de junio de 2018 | 04:29
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  1. Una corrección. La barra de River son los Borrachos del Tablón. Las facciones están dentro de los borrachos, no hay nada fuera.
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