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La segunda carta de un sufrido hincha del Rojo

El autor de "Caramelos y aspirinas", la carta del fanático que conmovió a todos, volvió a escribirle a su padre fallecido, luego del debut en la B.

Viejo... Viejo, ¿estás por ahí? ¿Cómo anda todo por el cielo de los ateos? ¿Alguna novedad, algo para contarme? ¿Llegó algún refuerzo? Bueno che, es un chiste...

Por acá todo bien, todo bien... Mañana es el cumple de tu nieto Juan Manuel -ese salió bostero- y aprovechamos para festejar el de otra nietita que tenés, Lauri... Los años pasan, los chicos crecen.

Lola bárbara, no para de crecer ¿Podés creer que tiene novio? Luca se llama... No me gusta mucho la idea, pero cierro los ojos y me acuerdo que yo a esa edad moría por una tal Carolina, yo que se. Si, ya se que querés saber de Independiente... No seas ansioso.

El Rojo va bien viejo, ¿cómo va a estar? Re bien. Al fin llegó el día del debut en este torneo nuevo... Lindo campeonato, largo como los de antes, federal, competitivo. Da gusto la verdad.

Así que a la mañana temprano busqué una camiseta de los 80 que conservo como reliquia, para usar de cábala. Me la quise poner ¿Podes creer que no me entró? ¿Cuándo fue que me puse tan panzón? En fin, detalles.

La cuestión es que salí temprano para la cancha. Pasé a buscar a Diego, amigo y compañero. De esos que están en las buenas y en las malas mucho más. Sumamos a su hijo, Nico y otro amigo de su edad, Fede, porque precisamos sangre nueva. El viaje tranquilo... Yo al volante, ellos me iban leyendo en twitter (una red social donde te podes enterar de cosas al instante, algo así como las teletipos que usabas vos pero bueno, de ahora) las formaciones, las últimas novedades... Llegamos a Avellaneda bastante rápido, hay que decirlo.

Ahora, lo que es la memoria emotiva, ¿no? Venía relajado, pero en cuanto cruzamos el Riachuelo, el corazón me dio un vuelco... Los olores, los colores, toda la historia se me vino encima, una vez más.

No sabes qué lindo fue el recorrido hasta la cancha. Rojo por donde te imagines. Eramos miles, decenas de miles. Viejos, jóvenes, chicos, muchísimas mujeres. Todos en esa caminata que parece una procesión, ¿no? Atea, ok, pero algo de religiosa tiene. No seas cerrado.

La llegada al Estadio fue mágica. Entramos con un grupo que llevaba unos mástiles en los que ondeaban banderas que de tan rojas parecían embebidas en sangre. Ahí nomás empezaron los cantos. Hay algunos que no llegaste a escuchar y que son lindos. Me gusta mucho uno que dice algo así como "mi viejo me hizo del rojo, de la cuna hasta el cajón". Eso hiciste conmigo. Te lo agradeceré siempre. Bueno, perdón, pierdo un poco el hilo. Vos querías que te hablara de fútbol.

Subimos a la platea alta (se llama Erico, eso te debe poner contento ¿no?) y nos acomodamos. Faltaba una hora para el partido, la gente estaba llegando. Como no hay hinchas visitantes (dejá, otro día te explico por qué), éramos todos de Independiente. De a poco, la fuimos llenando. Una multitud viejo, en serio. Como en las viejas épocas.

El primer impacto, el primer rugido, fue cuando salió el arquero a calentar. Apareció desde el túnel con el suplente y con quien los prepara. A ese lo conoces. Si me lo habrás nombrado... Pepé Santoro. Un grande.

Fijate las ganas que habría de alentar que aparecieron ellos, medio tímidos y la hinchada estalló en aplausos, cantos, gritos. Y todavía faltaba un montón.

Cerca mío tenía al típico padre con su hijito. No tengo que decirte que los miré de un modo muy, muy especial. No se si dieron cuenta, pero por un rato no les pude sacar la vista de encima. El hombre le señalaba al nene las tribunas, la hinchada: me pareció ver el mismo ritual que vos hacías conmigo. Te recordé con emoción.

La marca de ropa que usa el plantel tuvo una idea original. Dejó en cada butaca una máscara de diablo. La idea era que todos nos la pusiéramos para recibir al equipo. Te confieso que cuando la agarré me sentí un poco pavote, pero viste como eso de la masa... Sin saber bien porqué, me la calcé y me dispuse a mirar la salida por los agujeros de cartón.

De repente, el éxtasis. Por la manga asomaron los 11, vistiendo una camiseta muy cargada de simbolismo para vos. Es "retro". De tu época, digamos. Pero no "más o menos" de tu época. Es del 27, del exacto año en el que naciste. Pavada de casualidad, no? Es roja y blanca a bastones, como la de Estudiantes, o la de Los Andes. Linda pilcha, no lo voy a negar.

Te contaba de la gente, no sabes viejo lo que era eso... Qué recibimiento, como en las tardes de grandes finales. Papelitos, humo de colores, fiesta por todos lados. Grité hasta la afonía. Salté como cuando íbamos juntos.

Cuando el equipo formó para el saludo, miré un poquito para arriba y otro poquito para abajo. Para arriba por si el cielo de los ateos está ahí y para abajo porque era donde íbamos juntos. Me encomendé, digamos, a los dos lugares donde puedo imaginarte.

Después vino el pitazo inicial, eso de jugar a la pelota, ganar, perder... Nada, lo de siempre.

Te dejo, Rodolfo. Quedate tranquilo que está todo bien.

Sólo un favor quería pedirte. Si tenes modo de hacerme llegar algún caramelo, te lo agradezco. Ya estoy medio asqueado de comer aspirinas.

Cuidate viejito.

No leas nada más, haceme caso. Yo te voy contando.

Te juro que, algún día, vamos a volver.

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22 de abril de 2018 | 17:48
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