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Esta vez fue la policía

La trama de los incidentes que llevaron a la suspensión de Vélez – All Boys y la responsabilidad de todos los involucrados.

Cuando hablamos de la violencia en el fútbol, siempre nombramos como partes generadoras a los barras, los árbitros, los dirigentes y en menor grado a los policías. Es respecto a estos últimos a los que me quiero referir hoy.

La Comisaría 44 queda en la calle De Peralta del barrio de Liniers. Tiene en su historial la muerte de Rubén Carballo, quien fue a ver un recital de Viejas Locas y apareció muerto al día siguiente; y la de Ramón Aramayo, hincha de San Lorenzo, quien fue detenido y falleció por los golpes recibidos.

Con estos antecedentes, comienza nuestra historia.

El sábado se enfrentaron Velez y All Boys. Para los que no saben, este es un clásico barrial. Podría ser un partido con más rivalidad por la cercanía de los barrios, Floresta y Liniers están casi pegados, pero la cantidad de años separados por categoría hizo que los clásicos de estos equipos fueran con otros; pero no deja de existir la rivalidad del cruce de avenidas.

La historia de los incidentes del partido del sábado pasado se inició en la salida de la cancha de All Boys de la barra hacía la de Vélez. En el camino se pudo ver más de 300 policías escoltando la caravana, acompañados por carros hidrantes.

Mientras la barra viajaba, algunos hinchas del albo se encontraban con 250 metros de cacheo, donde les hacían sacarse las zapatillas a todos, incluidos los chicos de 5 años. A medida que avanzaban al estadio, se escuchaban policías que decían: “Aguante Morón”, uno de los equipos contrarios a All Boys desde la Metropolitana.

Cuando llegaron a  los molinetes, estos no reconocían las entradas, que eran válidas. Luego de un rato de discusiones, seguridad de Vélez comenzó a dejar pasar a los hinchas anotando las entradas. Mientras la barra iba llegando.

Una vez adentro, hinchas y barras, afuera quedaban todavía hinchas intentando entrar, que tenían el mismo problema con las entradas y los molinetes. Pero esta vez cambió la situación, la policía empezó a empujar a los hinchas y, en ese proceso, golpearon a un chico de 8 años. Dos barras del Albo, que todavía no entraban, atacaron al policía. Adentro de la cancha llegó el aviso: los policías golpean a los hinchas. Y la barra salió al choque.

Todo se desbandó. Los barras intentaron entrar en el terreno de juego para enfrentar a los policías. Rompieron una puerta del alambrado. Sí la cosa no pasó a mayores es porque hasta el presidente de All Boys intervino y quiso arreglar el alambrado.

Partido suspendido y a otra cosa. Esta vez no fue un enfrentamiento entre barras. Esta vez la culpa la tiene la 44, la misma de los antecedentes que les comenté al principio. Ojo, no exonera esto a los violentos que atacaron al policía, ni a los que salieron después, ni a los que rompieron el alambrado; pero es hora de que empecemos a ver el problema de la violencia de manera integral, incluyendo los barras, los dirigentes, los intereses económicos, los jugadores que colaboran con los violentos, los periodistas que justifican el folcklore del fútbol, se rajan las vestiduras ante la violencia, pero que se mueren de risa con las gastadas que, nos guste o no, generan violencia. Y también los policías, que mal preparados, violentos en muchos casos, con rivalidades que nada tienen que ver con su función pública, maltratan, atacan o hacen la vista gorda permitiendo que la violencia siga su curso, y la pelota se detenga.
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23 de abril de 2018 | 11:21
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