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La amarga noche de Lionel Messi

El crack argentino vio desde el banco de suplentes como el Barcelona caía vapuleado ante el Bayern Munich en el Camp Nou.

Lionel Messi mordiéndose las uñas en el banco, los jugadores del Bayern Múnich surcando como aviones el césped del Camp Nou y una inevitable y pesada sensación de amargura, de tesoro perdido entre los más de 90.000 hinchas del Barcelona en un colmado Camp Nou.

Este no es el Barça. La de hoy fue una amarga noche de primavera que confirmó el extraño 2013 que viene viviendo el gran equipo dominante del último lustro, el ganador de aquellos 14 de 19 títulos. Ese equipo que ya no es el mismo, porque la derrota de 3-0 ante el Bayern Múnich fue mucho más que el adios a la Liga de Campeones en semifinales.

Dos partidos y una derrota global por 7-0. Ni en sus peores pesadillas podían ver los hinchas azulgrana algo así. Lo de hoy fue un clarísimo punto y aparte, un freno no sólo al Barça protagonista y ganador, sino también al Barcelona que maravillaba con su fútbol. Algo se quebró en los últimos tiempos en el vestuario azulgrana. ¿Qué? Por ahora, un gran enigma.

El Bayern fue implacacable.


Como enigma es el de Messi. Hoy no pisó el césped, una ausencia que marcó al Barcelona, que de un tiempo a esta parte parece no sólo perder a su mejor futbolista, sino extraviar su alma cuando el argentino no está.

"Parece que sus sensaciones no eran del todo buenas", dijo el Barcelona a dpa como explicación para la ausencia del argentino, que desde su lesión ante el Paris Saint Germain, el 2 de abril, sólo jugó como titular la ida ante el Bayern, un partido en el que fue un fantasma de sí mismo.

Parece que sus sensaciones no eran del todo buenas

Un fantasma, paradójicamente, al que el Barcelona pareció añorar y buscar durante toda la noche de hoy. Cesc debía hacer de Messi, pero no hubo ningún tipo de entendimiento en la ofensiva con Pedro y David Villa.

Extrañaban al Messi que el sábado en Bilbao entró ya avanzado el partido para salvar a su equipo con un gran gol que a la postre permitió el empate. Pero hoy no tenía sentido forzar al "10", que evidentemente tenía bastante más que "sensaciones no del todo buenas".

No jugar es lo peor que puede pasarle a Messi, que desde niño tiene una clara y sencilla obsesión: correr junto a la pelota convirtiéndose en su dueño. Si hoy no jugó desde el inicio, cuando todos coincidían en que por él pasaba la pequeñísima posibilidad de un milagro que permitiera levantar la derrota de 4-0 de Múnich, es porque algo serio le sucede. Y le está sucediendo a un jugador que, tras demasiadas lesiones en sus años jóvenes, había ganado fama de indestructible.

Otra amargura para Messi en los meses decisivos de una temporada. Un año atrás falló un penal clave ante el Chelsea en las semifinales de la Champions

Otra amargura para Messi en los meses decisivos de una temporada. Un año atrás falló un penal clave ante el Chelsea en las semifinales de la Champions, y un año antes había escuchado una silbatina en su país al irse eliminado en los cuartos de final de la Copa América, brutal contraste con la alegría de la Liga de Campeones conquistada semanas antes en Wembley.

En 2013 Wembley será alemán. Messi ni querrá verlo. Hoy, además de morderse las uñas, cerró los ojos más de una vez y agachó la cabeza vencido, buscando el piso.

Casi mejor no ver a ese equipo vacío y sufriente por el que nada podía hacer. La noche nunca ofreció posibilidades siquiera de entusiasmo para los hinchas del Barcelona, que esperaron hasta el minuto 24 para ver algo de peligro en el arco de Manuel Neuer.

Pero la capitulación definitiva se confirmó en esos minutos del inicio del segundo tiempo en los que Arjen Robben puso el 1-0 -lo que implicaba un fabuloso 5-0 en la eliminatoria- y la decisión de que Alexis Sánchez reemplazara a Xavi. Sin Busquets, sin Xavi y sin Messi no hay Barça, un equipo que vive de paradoja en paradoja.

En cuestión de días los azulgrana celebrarán el título de la Liga española, que ganarán con una muy holgada ventaja sobre el Real Madrid, ese archirrival que el martes también se despidió de la Champions en semis. Pero diga lo que diga el club, será una Liga de tono amargo. Algo dejó de funcionar, y el Bacelona aún no termina de entender -o de confesar- qué.

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27 de abril de 2018 | 02:35
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