Argentina desafía a la estadística

Con Di Stéfano, Maradona y Messi, el país tiene a tres de los cinco mejores de la historia. Aun, pese a tener menos habitantes que las potencias.

Se trata de revelaciones concatenadas. ¿Por qué un país como la Argentina se convierte en la tierra sagrada del fútbol? El encumbrado Lionel Messi es la última gran aparición. El elemento más cercano en el tiempo de la tríada de oro que completan Diego Maradona y Alfredo Di Stéfano. No es soberbia chauvinista: el altar del fútbol mundial tiene sede central en Argentina. Como evidencias, tres número uno, tres top five. Dicho así, dos sentencias que aplican al tenis. Para el fútbol son tres de las cinco estrellas que más brillaron en la historia de un deporte al que el escritor mexicano Juan Villoro le dedicó un libro: Dios es redondo. Los otros dos del ránking de los cinco mejores son Pelé, brasileño, y Johan Cruyff, holandés. Es la subjetividad antojadiza para establecer criterios. Aunque cierto consenso mundial avala los nombres que aparecen en esta nota.

Villoro invita a pensar con el título. Podría caerse en la siguiente tentación: si la historia occidental se divide por el nacimiento de Cristo, la del fútbol es A.DS. y D.DS. (antes y después de Di Stéfano). El argentino que brilló en el mejor Real Madrid (1955/60) que haya existido rememora sus comienzos: “Cuando terminaba mis clases me iba a jugar a la pelota a un sitio que estaba junto al colegio de la Misericordia. En muchas ocasiones el balón iba a parar ahí dentro, y un día salió una monjita y me dijo: ‘O haces la Comunión o no te devuelvo la pelota’. Y la hice, vaya si la hice. Hasta mi madre se sorprendió, porque jamás había mostrado interés por recibirla”. No es la única referencia mística. ¿O acaso no lo es la mano de Dios? Diego lo hizo. ¿Y Messi? La Pulga es el milagro. Un jugador enano que tuvo que inyectarse somatropina en los muslos desde chico para torcer lo imposible. Sin que Newell’s pudiera afrontar su tratamiento para estirarse, el Barcelona fue su paraíso. En diez años creció 37 centímetros. Su elevación a los cielos del fútbol no podría medirse con semejante precisión. Sirven para tomar medidas algunas palabras. De él habló Carlos Bianchi, el que tenía el celular de Dios: “Messi es mejor que Maradona y Pelé”.
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14 de agosto de 2018 | 05:45
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