Romney ganó el primer debate con Obama y revivió su campaña

El republicano tomó la iniciativa y sorprendió al presidente. El 67% de los estadounidenses lo vio ganador.

En el primer debate presidencial que tuvo lugar en la Universidad de Colorado anoche, el candidato a presidente republicano, Mitt Romney, logró recuperar la iniciativa de su campaña electoral. Su actuación fue mucho mejor a lo esperado y todos los analistas coincidieron al afirmar que fue el ganador de la noche.

 Tanto que cuando terminó el cara a cara, el republicano se quedó saludando junto a su familia arriba del estrado, mientras que el presidente, Barack Obama, partió presuroso con los suyos, cuando las cámaras estaban aún encendidas.

Al cierre de esta edición, el 67% de los estadounidenses daba al republicano como ganador, mientras un 25% había votado por el presidente, según un sondeo de CNN.

 Obama soportó duros embates de Romney: “En algunas leyes aprobadas durante el mandato del presidente, hemos visto que la regulación ha sido excesiva y eso ha dañado la economía”, disparó el republicano. Obama le contestó que la razón por la que “estamos en este desastre es precisamente por la falta de regulaciones”. Y, mirando a la audiencia, preguntó: “¿Alguien piensa que el problema (del desastre económico) fue que hubo muchas regulaciones financieras en Wall Street? Si es así, Romney es su candidato”. Ese fue, quizás, el mejor momento del presidente.

Contra todo pronóstico, Romney se mostró más humano que durante la campaña electoral, más conectado con los preocupación del estadounidense medio e hizo que Obama tropezara en varias de sus respuestas.

Pero es difícil medir si fue suficiente para cambiar la dinámica de la campaña electoral.

Ambos llegaron al auditorio muy distendidos, hablando del vigésimo aniversario del casamiento de Obama con Michelle. Pero enseguida se trenzaron en una fuerte discusión económica. Las visiones sobre cómo conducir a Estados Unidos a una recuperación sustentable no puede ser más diferente.

El primer intercambio fuerte fue sobre los impuestos. “Prácticamente todo lo que ha dicho (Obama) sobre mi plan fiscal es inexacto”, aseguró Romney, negando que esté pidiendo un recorte fiscal de 5 billones de dólares y un aumento del gasto militar . “Lo que he dicho es que no pondré en marcha un recorte de impuestos que aumente el déficit”, dijo Romney, que se mostró más conectado con la audiencia. Obama respondió burlándose de su rival por haber dado marcha atrás en su plan de reducción de impuestos a gran escala. “Durante 18 meses ha estado hablando de su plan de recortes fiscales y ahora, a cinco semanas de las elecciones, dice que su gran idea ‘no importa’”, argumentó Obama, quien dijo que el plan de Romney ya fue puesto en práctica y fue el que llevo al país a la crisis, mientras que su plan es igual al que instrumentó Bill Clinton, que dio un gran resultado.

Romney propuso aumentar el comercio con América Latina como una manera de fomentar la creación de empleo, y agregó que no quería seguir el camino de España cuando habló sobre cómo reducir el déficit.

La palabras fueron tan importantes como el lenguaje corporal.

A Romney se lo vio con más energía y más interesado. Por momentos Obama parecía abatido y hasta aburrido. Romney miraba a su rival y hacia la audiencia cuando era necesario. Pero el presidente tenía su mirada en los papeles y casi no miró a la cámara en su alegato final.

Moderado por el periodista de PBS Jim Lehrer, el debate duró 90 minutos y se centró sobre la economía. En la primera fila estaban Ann Romney, con un traje rosa pálido y la primera dama Michelle, con uno violeta. Ambas, especialmente Michelle, se veían nerviosas, conscientes de lo que estaba en juego.

La atención estuvo centrada sobre Romney, un multimillonario que hizo todo lo posible para poner fin a la percepción generalizada de que no comprende los problemas del estadounidense medio. En efecto, antes de que comenzara el debate el 63,9% de los estadounidenses afirmó que Obama ganará las elecciones del 6 de noviembre y un 55% pronosticó que se impondría sin problemas a Romney en el primer debate. Anoche todo el mundo recordaba todavía que hace un par de días el ex gobernador de Massachusetts dijo que no le importaba el 47% porque dependen para su sobrevivencia del Estado y por eso vota por Obama. Pero este tema, sorprendentemente, no fue utilizado por el presidente en el debate.

Todavía quedan dos cara a cara presidenciales, uno en Humpstead, Nueva York el 16 de octubre y el otro en Boca Raton, Florida, el 22 de octubre, más un debate entre los candidatos a vice el 11 de octubre.

Si bien Obama algunos sondeos dan a los candidatos cabeza a cabeza a nivel nacional, en los estados clave que determinaran los resultados electorales como Ohio, Virginia y Colorado, Obama le lleva a Romney una ventaja promedio de hasta 11 puntos. La campaña demócrata ahora deberá afinar su estrategia.
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