Estilo sobre Ruedas y Jorge Rebolloso: un tipo con historia fierrera

Visitamos la casa de Jorge y Norma para conocer parte de la historia que había sido documentada por quien protagoniza esta nota. El caso es que no imaginábamos que iba a ser tal la recopilación y el lujo de vehículos encontrados en su garage. Acompañanos en este recorrido.

Con la idea y persuasión de Rubén, hermano menor de Jorge, logramos que el último mencionado accediera a ser parte de "Estilo Sobre Ruedas". Una vez llegada la primavera nos reunimos en la casa que desde hace 25 años viven Jorge y Norma quienes ya vieron echar alas a sus hijos Jorge y Carina.

La entrada de la casa está vestida de aromáticas flores y un jardín prolijamente cuidado por Norma. Rubén toca el timbre y nos recibe Jorge quien nos invita a pasar y acomodarnos en el comedor. Antes de sentarse quita el centro de mesa y trae una carpeta anillada que denota tener varios años. "La armé cuando era joven", dice. Las páginas eran de cartulina negra y todas ellas llevaban fotos y otras imágenes como dibujos o recortes de revista. Las fotografías fueron tomadas por Jorge cuando tenía alrededor de 16 años, todas tenían su respectivo epígrafe en máquina de escribir y, como detalle extra, llevaban esquineros dorados, "de esos que se les ponía antes a las fotos", agrega.


"Mis tres hermanos y yo nacimos en Avenida Mitre 617, donde era el taller de nuestro padre, siempre digo que no nacimos en el hospital sino ahí, entre los ruidos de los motores, los fierros y el olor a nafta. Ahí mi papá nos metió en esto y continúa en nuestros hijos y nietos que siguieron corriendo en distintas clases", dice Jorge. "Es la cuarta generación familiar", agrega Rubén.

"¿Empezamos a ver las fotos?", invita Jorge amablemente. Y aquel que nos había recibido diciendo que sentía vergüenza porque nunca había salido en un medio, comienza a desglosar gran parte de la historia automovilística con lujo de detalles, en años, modelos de autos y corredores de todos los tiempos.


"Yo tenía 16 años cuando tuve mi primer auto, era un Ford T color amarillo, el primero que preparé", dice mientras muestra una foto en la que se lo ve junto a un grupo de jóvenes entre los que menciona a Miguel Reche, Julio Mario Castro, Rubén Pérsico y otros que están fuera de San Rafael.

"Después del Ford T armé un Renault 850 que gracias a ese tuve que usar anteojos toda mi vida. Digo eso porque una tarde, cuando iba a visitar a mi novia, quien ahora es mi esposa, una Dodge giró en "u" y quise frenar pero los Renault no frenan así que le di de lleno, el limpiaparabrisas me dejó una marca en la rodilla, me dí la cabeza contra el volante y desde ese momento usé lentes de por vida"

"A esa edad tenía que repartir mi tiempo entre el estudio, el taller y las actividades que me gustaban hacer, se podía vivir así, ¿eh? Cuando tenía 16 mi papá me dijo que me tenía que hacer cargo del taller y así fue"

"Siempre me gustó la velocidad pero no llegué a correr, siempre hubo cosas que ponderar como trabajo, familia, entre otras cosas."

Norma se suma a la charla pero no viene sola, una bandeja con pocillos de café viene en su mano, nos sirve y se suma. Nos referimos a Norma Di Santo quien hace casi cuarenta y un años comparte la vida con Jorge, nació y creció en la zona de Cuadro Nacional, fue maestra y se jubiló hace cuatro años de directora. "Jorge hizo que a todos nos gusten las carreras, durante muchos años tuvimos una casa rodante con la que viajamos a muchas partes del país siguiendo distintas competencias", cuenta con soltura.

Luego de recorrer varias décadas en las fotografías y archivos que guarda Jorge con sumo cuidado, nos invita a conocer una sala que poco a poco se va pareciendo a un museo. Allí están prolijamente acomodados cuadros con fotos enmarcadas, los bellos cuadros pintados por Norma, un diploma que le entregaron al Francisco Luis Rebolloso (el padre) en el año 1947 en ocasión de haber sido co-piloto y contra la pared varios cajones con cientos de revistas de "El Gráfico" y otras más, la mitad de ellas pertenecieron a Arnaldo Avena y fueron recientemente compradas por Jorge. Sería algo así como la sala de los recuerdos. "A veces uno se pregunta si está bien guardar tantas cosas porque tiene su parte buena y su parte mala, pero elijo conservar los mejores recuerdos", expresa Jorge.


En ningún momento dejan de evocarse nombres de grandes corredores que Jorge recuerda y de quienes guarda anécdotas e imágenes. Tiene fotos con Fangio, Traverso y varios referentes mundiales más. En varias ocasiones de su vida Jorge recibió cartas de entidades y referentes nacionales que le hicieron llegar postales, calcomanías y objetos que honraban el fanatismo de nuestro entrevistado.

La frutilla del postre en la amena tarde que estábamos compartiendo en casa de Jorge y Norma, en compañía de Rubén, fue el momento en el que salimos al patio y nos encontramos con dos "lujitos" del automovilismo: una Chevrolet Coupé 1938 y una Dodge del ´75. "A la Chevy la encontré en los clasificados del diario de un día sábado, estaba en bastante mal estado", pero con el paso de los años quedó impecable.

Cerca de "la tostadita", como la llaman, está la coupé Dodge 1975 cuyo segundo dueño es Jorge, el primero fue Domingo Alguacil. Jorge arranca los motores y los hace rugir: una cuestión que hay que ver para entender porque cualquier explicación resulta obsoleta.

Mientras las mujeres nos deleitamos con las hermosas plantas y sus flores, Jorge, Rubén y Pablito (el fotógrafo) conversan sobre los autos y las peripecias que Jorge tuvo que sortear para llegar a tenerlos en el esbelto estado en el que están.

La charla está por alcanzar las dos horas, decenas de historias fueron contadas con exacta precisión de nombres y fechas. Jorge conserva sus recuerdos en su mente con el mismo cuidado que las fotos y documentos que nos mostró. Un hombre familiero, prolijo, detallista que supo propiciar cálidos momentos a los suyos haciéndolos partícipes de su pasión.

Llegó el tiempo de despedirnos y luego de un cálido abrazo, Jorge nos dice "¡Gracias! La oportunidad de compartir todo esto no tiene precio", sin duda sus palabras venían cargadas de la sinceridad con la que se condujo en su vida. Nos despedimos con la alegría que provoca escuchar lindas historias de un San Rafael que era distinto pero aún conserva su buena gente.

Te invitamos a recorrer la historia en imágenes, haciendo clic aquí.

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21 de mayo de 2018 | 12:54
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