La economía feliz de Tecnópolis: una mirada parcial de la realidad

La feria, que tiene como gran protagonista al Estado, muestra números tendenciosos de los organismos y las empresas públicas.

Tecnópolis no sólo es una feria, es la culminación de la sofisticación de la propaganda oficial. Antes de entrar, el visitante se topará con aviones de la Fuerza Aérea y después, con sólo transitar por las calles principales, aparecerá la majestuosidad de las empresas públicas, los organismos del Estado y no pocos ministerios que muestran al visitante los logros del Gobierno. Eso sí, la memoria es corta y la historia se remonta a muy pocos años. La industria nacional, según lo que se desprende del stand del Ministerio de Industria, ha tenido trascendencia recién desde 2003. Vialidad Nacional, uno de los íconos de civilidad territorial de la Argentina, también parece haber construido caminos, rutas y autopistas desde que el kirchnerismo llegó al poder. El mundo ferroviario, de acuerdo con lo que se desprende de la estructura de la Administración Nacional de Infraestructura Ferroviaria (ADIF), es un camino sin retorno hacia la modernidad y la felicidad en los rieles y Enarsa es una pujante petrolera que ha logrado imponer la energía renovable no sin descuidar el crudo como baluarte de su actividad.

La economía de la Argentina según Tecnópolis es muy distinta a la que se da en los pliegues de la realidad. Allí no se habla de empresas deficitarias ni de sectores que sólo resisten por el tamaño de la billetera oficial. En la feria que se levanta apenas saliendo de la Capital Federal, los números, la historia y la realidad se cuentan desde el prisma. Eso sí, todo es una puesta en escena con ribetes profesionales.



La economía de la Argentina según Tecnópolis es muy distinta a la que se da en los pliegues de la realidad. todo es una puesta en escena con ribetes profesionales.
Tecnópolis es una muestra que se inspiró luego del éxito que fueron los festejos del Bicentenario, que ideó y ejecutó Javier Grosman. El ex creador de Babilonia, un pequeño centro cultural que marcó una época en los 90 en el Abasto, fue el ideólogo de aquellos festejos y también el responsable de la televisación de los funerales de Néstor Kirchner.

YPF, cuyo logo sumó una bandera argentina, es la primera estación. "Estamos desarrollando intensivamente los reservorios no convencionales y contamos con 20 nuevos equipos de perforación. Vaca Muerta es el primer desarrollo masivo no convencional fuera de Estados Unidos", se lee en una pared del stand. Unas horas después de que LA NACION recorrió la muestra, Miguel Galuccio, CEO de la compañía confiscada a Repsol, reconocía que el yacimiento deberá ser desarrollado con dinero propio, ya que pese a los esfuerzos por seducir inversores, por ahora no ha logrado convencer a los petroleros de poner dinero.

A su lado, muestra su esplendor la otra petrolera estatal, Energía Argentina (Enarsa). La empresa, que nació en diciembre de 2004, tiene la titularidad de los permisos de exploración y concesiones de explotación de todos los bloques ubicados en la plataforma continental (offshore). El devenir de la petrolera no está reflejado en el stand. Con los años, la compañía -que según su balance, al que LA NACION accedió, tiene 40 empleados que cobran, en promedio, un sueldo bruto de $ 16.007- se convirtió en un vehículo mediante el cual el Gobierno compra combustibles al exterior para palear la crisis energética. Hasta el 31 de julio pasado, según datos de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), Enarsa consumió $ 8615 millones, 83% más que lo que devengó en el mismo período de 2011. ¿Qué significa semejante cifra? Aproximadamente la mitad de lo que lleva gastado el Ministerio de Educación ($ 15.694 millones) o casi tres veces más de lo que se destinó en el mismo período al Poder Judicial ($ 3300 millones).

 En Tecnópolis, Enarsa es presentada como una pujante petrolera que ha logrado imponer la energía renovable. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk

Al cruzar la calle está la instalación más grande: el Mundo Minplan. No menos de 15 personas con trajes futuristas reciben a los no más de 15 visitantes que un día de semana al mediodía ingresan a la Máquina del Tiempo que diseñó el Ministerio de Planificación Federal. El viaje al futuro llevará a los visitantes a un mundo en el que habrá un acceso universal al conocimiento. Pocos metros más adelante, se regresa al mundo actual. El ministerio que maneja Julio De Vido muestra en ese espacio los logros de su gestión con un fuerte acento en la Televisión Digital Abierta (TDA) y en el Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino (Bacua). Poco se puede ver en el stand que armó De Vido sobre los cuestionados planes federales de vivienda o sobre la gestión en energía o sobre el sistema de rutas. Pero el visitante puede salir de allí con un folleto de Mundo Minplan y requerir al ministerio que monte la obra Minplaneros en acción o que se le proyecte la película Cuentos Minplaneros, dos de los varios proyectos en los que la cartera sale a mostrarse a la comunidad.

La Máquina del Tiempo termina en el Correo Argentino. Además de mandar postales gratis, quienes perciban un haber mínimo o sean beneficiarios de planes sociales pueden llevarse la antena y el decodificador de la TDA. "Gratis y sin abono", es el eslogan de venta. LA NACION consultó al Ministerio de Planificación cuál fue el costo y quién construyó el stand, pero no hubo respuesta.

Luego vale la pena parar en Nucleoléctrica Argentina (NASA). La compañía, con 2167 empleados que tienen un sueldo bruto promedio de algo más de $ 22.000, es la encargada de operar Atucha I y terminar la construcción de Atucha II. Nada se dice en el pintoresco lugar de que la empresa ya recibió aportes del Estado por $ 1864 millones, lo que significa 580% más que en 2011. Tampoco se encuentra referencia a la puesta en marcha que la presidenta Cristina Kirchner encabezó en septiembre del año pasado, en plena campaña electoral. LA NACION consultó a dos ingenieros que confirmaron que Atucha II nunca arrancó como se dijo y que solamente se hizo una prueba en las serpentinas que enfrían el reactor. Tres fuentes consultadas, dos de ellas contratistas, dijeron que la planta está sin terminar y que es incierta la fecha en la que podrá empezar a producir energía, pese a las promesas oficiales de que iba a estar en marcha el año pasado.

La generación hidroeléctrica también tiene su lugar. "En los últimos 20 años nuestro consumo per cápita de energía aumentó más del triple que el número de habitantes", se lee en una de las paredes de un logrado stand en el que se recrea una presa hidroeléctrica. Claro que no hay referencia a la virtual quiebra del sector eléctrico que se produjo por el cóctel de aumento del consumo y las tarifas congeladas. La última estación del paseo es la propaganda de la construcción de las presas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, dos centrales hidroeléctricas que se emplazarán sobre el río Santa Cruz. "La más importante obra de los últimos 20 años", cuenta una de las referencias. Nada se dice sobre las rebautizadas presas que se anunciaron por tercera vez, que alguna vez se adjudicaron y que ahora se cotizaron 35% por encima de los primeros números. Originalmente, el primer anuncio fue el 14 de abril de 2008 cuando se llamarían "Cóndor Cliff" (ahora Kirchner) y "La Barrancosa" (ahora Cepernic). Por entonces, el costo estimado era de $ 16.000 millones; ahora se prevé un desembolso de $ 21.000 millones. "Son las mismas, con otro nombre. La primera licitación se cayó por falta de financiamiento. Este tipo de obras son imposibles de financiar en la Argentina excepto que el dinero lo ponga el Estado. En un sector sin precios e intervenido no hay banco o fondo de inversión que se atreva a poner el dinero", dijo un ejecutivo de una de las empresas que se adjudicó la construcción en 2008.

Al fondo del predio está el stand de la ADIF. "Un país con trenes es una Nación con futuro", reza uno de los carteles. El organismo encargado de la infraestructura del Estado muestra en escala real el tamaño del túnel del soterramiento del Sarmiento. Quizás el apuro no les dio tiempo como para reemplazar la maqueta: los dos trenes que allí se lucen (la trompa de uno común y la silueta de un doble piso) están construidos en Emfer, el taller ferroviario del grupo Cirigliano, hoy devenidos de amigos en ex amigos. En ningún cartel se deja ver el estado de emergencia en el que está sumido el mundo ferroviario y tampoco se compilan sus números rojos. Por caso, no hay mención de los $ 1797 millones que recibieron los concesionarios de trenes y subtes hasta julio, ni tampoco de los $ 170 que recibió la ADIF y menos aún de los $ 1539 millones que ya se giraron a Belgrano Sociedad Anónima, una empresa del Estado mediante la que se pagan los sueldos de los ferroviarios que antes trabajaban en Trenes de Buenos Aires y en Trenes Metropolitanos, dos empresas a las que se les sacó la concesión de los ramales Sarmiento, Mitre, Belgrano Sur y Roca.

La retrospectiva del Ministerio de Industria también se remonta a 2003. La única referencia temporal coincide con la llegada del kirchnerismo al poder. "190.000 nuevas empresas entre 2003/2012."

Y luego cuenta que "el Estado presente potencia a las pymes de todo el país". Una manera de medir la prioridad del Gobierno en la política industrial es el presupuesto asignado a cada cartera. El ministerio que maneja Débora Giorgi es uno de los que menos dinero ejecutaron hasta julio pasado: 450 millones de pesos, un 34% del total asignado.

¿Qué significa ese número? Alrededor de 18 veces menos que el que tiene Enarsa para comprar combustibles en el exterior.

Lo que sí se puede ver en cada rincón de Tecnópolis es el poder del Estado empleador. Cada lugar tiene decenas de empleados que, en horarios donde la muestra no está llena, se superponen para ofrecer ayuda. El Estado se ha convertido en el sostenedor del nivel de empleo en la Argentina. Alrededor de 300 empleados por día ingresan a la administración pública, sea nacional, provincial o municipal, o a las empresas públicas. En Tecnópolis el Estado es todo. Incluso un gran empleador que paga alrededor de 4500 pesos por seis horas de trabajo..

 Investigación. En Tecnópolis se gastaron $28 millones en diseño y puesta a punto de stands de organismos públicos sin haber realizado ninguna licitación previa, según reveló una investigación de lanacion.com.

Fuente: lanacion.com.ar
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24 de junio de 2018 | 10:16
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