24 de Agosto: ¡Feliz Día del Lector!

Porque no seríamos diario sin ustedes es que ocupamos este espacio para honrar a todos los lectores que nos siguen y también a aquellos que se permiten volar la imaginación en las páginas de un libro. En esta nota te contamos por qué se conmemora este día.

Hoy se celebra el "Día del Lector" y qué mejor ocasión para saludar a quienes nos leen y agradecerles por ser parte de Mediamza.com. Sin dudas no existiríamos sin cada uno de nuestros lectores.

Asimismo, honramos la pasión de quienes leen y se entregan dejando volar la imaginación en las páginas de un libro o de diversos lugares de esta gran red que nos une en su virtualidad.

Te contamos que este día fue institucionalizado el pasado 25 de julio a través de la promulgación de la ley 26.754, en conmemoración y homenaje al natalicio del escritor argentino Jorge Luis Borges, quien cumpliría 113 años hoy.

La mencionada ley se desarrolla de la siguiente manera:

ARTICULO 1º — Instituir el día 24 de agosto de cada año como “Día del Lector”, en conmemoración y homenaje al día del natalicio del escritor argentino Jorge Luis Borges.

ARTICULO 2º — Encomendar al Poder Ejecutivo Nacional la realización en dicha fecha de actos de divulgación de la lectura y de reconocimiento a la obra y a la trayectoria de Borges, como figura insoslayable de la literatura nacional y universal.

ARTICULO 3º — Invitar a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir a la presente ley.

ARTICULO 4º — Comuníquese al Poder Ejecutivo Nacional. Entre los fundamentos del proyecto se destaca que “La democracia presupone y necesita de ciudadanos lectores que sepan entender y manejarse en el cúmulo de textos que se producen en la actualidad. Para ello, no basta sencillamente con saber deslizar los ojos por el texto, sino que es preciso saber decodificar significados, voces e intenciones”.

Nos despedimos recordando al gran Borges a través de su poema "Un Lector":

Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
a mí me enorgullecen las que he leído.
No habré sido un filólogo,
no habré inquirido las declinaciones, los modos, la laboriosa mutación de las letras,
la de que se endurece en te,
la equivalencia de la ge y de la ka,
pero a lo largo de mis años he profesado
la pasión del lenguaje.
Mis noches están llenas de Virgilio;
haber sabido y haber olvidado el latín
es una posesión, porque el olvido
es una de las formas de la memoria, su vago sótano,
la otra cara secreta de la moneda.
Cuando en mis ojos se borraron
las vanas apariencias queridas,
los rostros y la página,
me di al estudio del lenguaje de hierro
que usaron mis mayores para cantar
espadas y soledades,
y ahora, a través de siete siglos,
desde la Última Thule,
tu voz me llega, Snorri Sturluson.
El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisa
y lo hace en pos de un conocimiento preciso;
a mis años, toda empresa es una aventura
que linda con la noche.
No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,
no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;
la tarea que emprendo es ilimitada
y ha de acompañarme hasta el fin,
no menos misteriosa que el universo
y que yo, el aprendiz.
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26 de mayo de 2018 | 19:10
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