CFK: "Si vamos a truchar, truchemos todos"

Con estas palabras, la presidenta Cristina Kirchner justificó anoche en forma implícita la manipulación de las estadísticas públicas, en un acto en el que el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz elogió la recuperación argentina para salir de la crisis, aunque dejando en claro que el país tiene desafíos pendientes para sostenerla. En el Museo del Bicentenario, Stiglitz fue el orador de fondo del acto para subrayar la experiencia argentina frente a la crisis europea.

El economista norteamericano, ex economista jefe del Banco Mundial -pese a que la Presidenta lo mencionó como "ex funcionario del FMI" al decir que "conoce al monstruo desde sus entrañas"-, dijo que la devaluación y el default de la Argentina fueron claves para dejar la crisis atrás. Y mencionó el caso de la crisis norteamericana de principios de la década del 80 y la de 2008, cuando el gobierno de Estados Unidos evitó que los bancos de ese país quebraran al fijar el valor de sus activos en un nivel intermedio entre el de mercado y el contable.



La traductora de Stiglitz tradujo esto como "truchar" las estadísticas, aunque en realidad se trata de una operación común en crisis bancarias, que consiste en cambiar un valor pero sin falsificarlo.

Sobre la base de este concepto del economista, que hoy por la mañana disertará en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, la Presidenta se embaló para decir: "Si vamos a truchar, truchemos todos".

"Esto es para la gilada", se rió la jefa del Estado, buscando complicidad entre los funcionarios y militantes de La Cámpora que asistieron al acto, para criticar a quienes cuestionan la manipulación de las estadísticas públicas desde 2007.

Reinterpretando las palabras de Stiglitz, Cristina dijo: "Había que truchar y trucharon y, si yo hubiera sido presidenta de Estados Unidos, habría tomado la misma decisión".

En el mismo sentido, se refirió a las cifras de deuda de algunos países europeos que, pese a haber sido subestimados, no fueron castigados por las calificadoras de riesgo con una baja de la nota, como sí ocurrió con la Argentina a partir de la manipulación de los datos del Indec.

Stiglitz elogió la recuperación argentina luego de la recesión 1998-2002, por haberse basado en dos situaciones que juzgó difíciles de adoptar para la Europa actual: el default y la devaluación. Pero aclaró que luego el país tuvo que someterse a las presiones del mercado cuando llevó adelante la reestructuración de la deuda, por la falta de un mecanismo para la reestructuración de las deudas soberanas. "Hubo una propuesta, pero el presidente (George W.) Bush la vetó", dijo, en alusión al tribunal de quiebras soberanas sugerido por la entonces número dos del Fondo, Anne Krueger.

La Presidenta, que escuchó atentamente la exposición de Stiglitz, luego retomó este concepto: "Así que Bush se negó; miren qué buena idea", pese a que en aquel momento el equipo económico del ministro Roberto Lavagna criticó aquella iniciativa, por considerar que favorecía a los acreedores privados. De hecho, fue la ausencia de un marco regulatorio lo que permitió que la Argentina aplicara una fuerte quita del 70% en el canje de 2005.

Stiglitz no fue muy aplaudido, tal vez porque el tono de su exposición fue más bien académico y fue muy moderado en sus conceptos. Sólo sugirió que, más allá del alto crecimiento que logró desde 2003, la Argentina tiene "fuertes desafíos" para mantener esta senda, debido al contexto complicado que prevé para Estados Unidos y Europa.

"Ojalá que el país tenga suerte", fue todo lo que se atrevió a afirmar el analista, que lideró el consejo de asesores económicos del presidente Bill Clinton y que en los últimos años elogió al gobierno argentino.

Una de las claves para explicar el peligro de depresión en los países desarrollados, agregó, es la austeridad. "Demasiados países adoptaron políticas de austeridad, pero España e Irlanda tenían superávit, por lo que la crisis no fue causada por un exceso del gasto." Y aclaró: "Fue la crisis la que impulsó la deuda, no al revés". La Presidenta criticó la decisión de Alemania de promover el ajuste. En cambio, dijo que en el G-20 la Argentina trata de motorizar otras ideas para "salvar al capitalismo". "En realidad no es el G-20, es el G-2, por Estados Unidos y China, que deciden todo. Seguro que ahora sí me echan", se volvió a reír.

Fuente: lanacion.com.ar
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26 de mayo de 2018 | 11:44
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