Cada vez más monotributistas quedarán expulsados de un régimen que ya "quedó viejo"

Mientras la falta de ajuste del piso en Ganancias suma reclamos, miles de argentinos son víctimas de un sistema que no se actualiza hace casi tres años. Afecta a profesionales de todo tipo. En varios casos, con facturar a tres o cuatro clientes ya quedan fuera. ¿Peligra el régimen?

Marcelo Fernández es un comerciante de 55 años que vende baterías de autos y que, como muchos argentinos, sufrió todos y cada uno de los avatares de la economía nacional.
 
Como parte de su instinto de supervivencia -y en un escenario de asfixia impositiva- en la década del '90 decidió anotarse al naciente régimen de Monotributo, una alternativa que prometía traer un poco de alivio a su situación económica y financiera.
 
En un principio, fue una opción rentable. Es que, en ese entonces, el tope máximo para la actividad era de $144.000 o, lo que era lo mismo, 144.000 dólares.
 
En aquel momento, según explicó Fernández a iProfesional.com, "una batería de auto se vendía a u$s50. Es decir, que podía comercializar hasta 2.880 unidades por año, unas 50 por mes, sin salirse del Régimen Simplificado".
 
Sin embargo, las cosas fueron cambiando pero no justamente para mejor.
 
Sucede que los parámetros fueron quedando desactualizados con el paso del tiempo y han ido perdiendo terreno frente a la suba general de precios de los bienes y servicios.

Así las cosas, Fernández se encuentra con que, en la actualidad, puede vender cuatro veces menos que esa cifra y, si la supera, deberá decirle adiós a su condición de monotributista.

"Hoy el tope del régimen es de $300.000 y lo que yo ofrezco vale unos $500. Por lo tanto, no me puedo pasar de las 600 unidades", comenta preocupado el comerciante.
 
Claro está que su situación es similar a la de miles de argentinos que se desempeñan en comercios de diversas ramas de actividad -desde indumentaria hasta electrónica- como así también a la de profesionales que facturan sus servicios de asesoramiento y consultoría.

Para este último caso, vale un ejemplo: si se considera un profesional independiente -que cobra un fee de unos $3.500 por mes- éste no podría tener más de cuatro clientes. Si, en cambio, su tarifa es de unos $7.500, en ese caso, debería conformarse con apenas dos.
 
Esto es así ya que el importe máximo que tiene permitido facturar por mes es de 16.666 pesos.
 
En esta situación "límite" se encuentran miles de personas: quienes asesoran en materia de impuestos, asuntos legales, profesionales de sistemas, del marketing, gestores y cualquier comerciante con un pequeño local a la calle.
 
¿Por qué se llegó a esta situación? Porque la última actualización en las categorías que contempla el régimen se realizó hace casi tres años, a fines de 2009. En tanto, desde aquél entonces a hoy, la suba de precios no dio respiro y trepó cerca de un 70 por ciento.

Para peor, y al igual que sucede con el mínimo no imponible de Ganancias, todo indica que el Gobierno no tiene en miras cambiar los topes del Régimen Simplificado.
 
Desactualización y distorsiones
Otra de las preocupaciones de los "olvidados" monotributistas es que no se permite deducir los costos de los productos comprados.
 
Tal como relata Fernández, "esto coloca en la misma categoría a un profesional que factura solamente honorarios respecto del que comercializa mercadería".
 
Además, remarca el problema que genera que los límites estén vinculados con la facturación bruta. "Los ingresos de un asesor representan en gran medida utilidad, mientras que a los del comerciante se le debe descontar los insumos o los bienes que necesita adquirir".
 
Así, por ejemplo, en la categoría que incluye ingresos hasta $120.000 anuales, la utilidad para quien presta un servicio podría llegar a $10.000 mensuales menos los gastos fijos (tales como la cuota del monotributo, Ingresos Brutos, energía eléctrica, teléfono, conexión a Internet y alquiler, entre otros).
 
"En el caso de un comerciante el análisis es distinto, ya que quien factura esa cifra tuvo que adquirir primero mercadería. En mi caso, ese costo no baja de los $80.000 anuales, a los que sólo puedo sumarle el 50% de ganancia", expresa Fernández.
 
Y agrega que el tema pasa porque ese total no es el que le queda en el bolsillo al comerciante, ya que le debe restar los gastos fijos.
 
Más gastos para menos ganancias
Adicionalmente, los monotributistas deben presentar informes a la AFIP, como la cantidad de energía eléctrica consumida, el total de facturas emitidas, el detalle de sus principales proveedores y clientes, entre otras cuestiones.
 
"No alcanzo a comprender el tratamiento que le da el Gobierno a los monotributistas, ya que en muchos casos les quedan limpios unos $2.000 mensuales para el tope que pueden facturar", remarca, off the récord, un experto tributario.
 
La suba constante de precios que se produjo desde el 2009 y la falta de actualización del régimen hacen que se multipliquen los casos de personas "obligadas" a convertirse en Responsables Inscriptos, sin que este cambio de categoría signifique necesariamente que están ganando más.
 
Esto, de por sí, representa una mayor carga administrativa y, al mismo tiempo, deriva en un mayor gasto ya que, inevitablemente, deben contar con la colaboración de un contador para que se encargue de cumplir con todas las obligaciones fiscales.
 
Y todo esto, en un marco en el que la rentabilidad final no representa un crecimiento efectivo, sino un acompañamiento del aumento general de precios.
 
Algunos números que muestran la realidad
En la actualidad, existen muchos parámetros que pueden servir para mostrar el deterioro que sufre el Régimen Simplificado.
 
El más importante es la inflación, que muestra a las claras cómo quedaron retrasados los límites máximos para pertenecer al Monotributo.
 
También sorprende que la categoría mínima fije un ingreso mensual de $2.000, mientras que el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) sea de $2.300. Vale aclarar que, dos años atrás, el haber era de 1.500 pesos.
 
Otra de las razones que demuestra la falta de actualización, es el valor de los alquileres. Esto es así, debido a que quien supere el monto máximo establecido quedará fuera de manera instantánea.
 
En este sentido, iProfesional.com dio cuenta de que este requisito, por sí sólo, dio lugar a un "efecto expulsión" durante estos últimos años, ya que en muchos casos el precio de la renta de locales y oficinas superaba ampliamente los parámetros establecidos en la normativa. (Lea más: Monotributo: ¿cuál es la variable "sorpresa" que puede dar la estocada final al régimen simplificado?)
 
Consultado al respecto, Iván Sasovsky, titular del estudio que lleva su nombre, fue tajante en su afirmación: "No sirve de nada tener un régimen para pequeños contribuyentes en el que los mismos sujetos no puedan mantenerse como tales. Y menos aún cuando los elementos objetivos que los definen como parte de esa categoría no se modifican".
 
El especialista destaca que "para comprender en donde estamos parados hoy, debemos observar dos temas fundamentales: primero el avance acelerado de la retroactividad del mismo, en contraposición directa a la fundamentación primera del régimen, que fue justamente pugnar por la progresividad de la tributación nacional".
 
"Esto es así dado que los umbrales para definir a un pequeño contribuyente se han ido achicando hasta llegar a ser hoy una simple sombra de lo que en algún momento fueron", explica el experto.
 
"En segundo lugar, la carga administrativa con la que se diseñó ésta forma de tributación se ha ido multiplicando con el correr del tiempo, hasta llegar a constituir un verdadero costo económico y de estructura para los miembros de este cada vez más selecto 'club' de monotributistas", destaca Sasovsky.
 
El especialista recomienda que "así como cuatrimestralmente los pequeños contribuyentes deben 'actualizar' sus categorías, el fisco debería ajustar de igual forma los parámetros que definen los límites".
 
Al igual que él, muchos expertos señalan que se debería avanzar en un sistema de actualización automática en base a la variación de algún índice confiable".
 
"Por el sólo hecho de que haya inflación, la facturación de los monotributistas crece y produce que muchas personas tengan que subir de categorías", afirma Gastón Vidal Quera, director del Departamento de Impuestos del Estudio J P O´Farrell Abogados.
 
Por otra parte, el especialista señala que la suba de precios produce otra consecuencia: que haya cada vez menos "pequeños contribuyentes", ya que muchos se ven obligados a abandonar este sistema.
 
"Cabe recordar que al ser el Montributo un régimen especial, la consecuencia de salir del mismo implica comenzar a tributar en el régimen general de Ganancias e IVA", agrega Vidal Quera.
 
El consultor tributario Juan Carlos García explica que el Monotributo fue creado para "lograr en los contribuyentes pequeños la equidad y la progresividad fiscal, como así también para evitar la alta presión tributaria nominal y los altos costos administrativos".
 
"En el entendimiento de quienes elaboraron el proyecto, quienes quedarían alcanzados por dichos beneficios fueron definidos en categorías determinadas en función a sus ingresos, superficie y consumo de energía eléctrica (posteriormente se incorporó el parámetro alquileres)", indica.
 
Sin embargo, debido al efecto de la inflación, para el especialista no se cumplieron estos objetivos: "Si uno tuviera que adelantar una opinión acerca de cuál va a ser el futuro del monotributo, hoy no podría pensar más que en uno totalmente distinto para el que fuera concebido".
 
A modo de ejemplo, García explica que "si tomáramos la categoría B, nos encontramos con la increíble situación de que su ingreso promedio mensual resulta menor al salario mínimo vital y móvil, mientras que a partir de julio de este año su valor de cuota se habría incrementado en un 43% con relación al aporte al SIPA y Obra Social".
 
El experto advierte que "algo similar ocurre con la categoría C, si se considera el piso salarial promedio de los gremios, que alcanza los$ 3.500 aproximadamente".
 
Y concluye: "El incremento en el valor de la cuota del monotributo, sin la correspondiente adecuación de las escalas de ingresos en cada categoría, implica una mayor presión tributaria en las escalas más bajas que, sin lugar a dudas, genera un efecto contrario al objetivo inicialmente buscado".
 
Las últimas modificaciones
Tal como se explicó, la última modificación en el Monotributo se produjo en diciembre de 2009, cuando se promulgó la Ley 26.565.
 
En aquel momento, se ajustaron los valores máximos del Régimen Simplificado, fijando un tope de facturación de $200.000 para el caso de prestación de servicios (dejando atrás los $72.000) y de $300.000 para el resto de las actividades (que reemplazó el límite de $144.000).
 
Además, se incluyeron nuevas obligaciones, tal como la de poseer empleados en las categorías más altas. Incluso, la modificación introdujo un nuevo parámetro para definir cuál es la cuota que se debe pagar: los alquileres.
 
Sin embargo, desde el lejano 2009, no se han producido cambios sustanciales en el Régimen Simplificado, aunque sí se elevaron los valores que los pequeños contribuyentes deben abonar mes a mes.
 
Por esta razón, los especialistas destacan que "es necesario un inminente ajuste de todos los parámetros del Monotributo", si es que se pretende continuar con un sistema que, en la actualidad, termina siendo una opción para una minoría y que ya ha "quedado viejo".

Fuente: iprofesional.com
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18 de junio de 2018 | 10:35
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