Créditos “a la fuerza”: el componente compulsivo del “gen K” llega a los bancos y se teme que en vez de un boom sea un bluff

El Gobierno les exigió a las entidades otorgar créditos a la producción por unos $15.000 a tasas que se encuentran 7% por debajo de la media. ¿Cómo afecta al mercado financiero? ¿Quién paga el costo de este beneficio?

Primero fue el mandato a ciertas empresas productoras y comercializadoras para que oferten productos, en su mayoría alimenticios, a valores populares. Y así se hicieron famosas las listas de precios.

Luego fue el turno de limitar las compras de divisas para ahorro y adquisición de inmuebles, como así también la implementación de diversos obstáculos para importar mercadería.

Más tarde llegó la "inversión forzosa" que el Gobierno impuso a grandes empresas, a las que presionó para reducir al mínimo el reparto de dividendos y el envío de divisas al exterior.

Y ahora, en esta "nueva Argentina" enmarcada en un contexto de enfriamiento económico -tanto puertas adentro como a nivel internacional- el modelo del Gobierno signado por la "redistribución obligatoria" de los recursos les llegó a los bancos.

Es en ese marco que Cristina Kirchner anunció esta versión corporativa de "crédito para todos", un plan que obliga a las entidades a canalizar un cupo del 5% de su capacidad prestable para proyectos productivos, a una tasa subsidiada (15% en pesos a tres años de plazo promedio, en un país que ostenta una inflación anual del 25%).

El programa debe cumplimentarse antes de fin de año.

Desde el punto de vista de la Presidenta, el problema crediticio de las empresas argentinas, y en especial de las pequeñas y medianas compañías, es una cuestión de oferta.

Según explicó en el lanzamiento del plan, los bancos han preferido concentrar su negocio en el financiamiento al consumo interno -que justamente el propio Gobierno promovió durante años- porque allí es donde está la parte más jugosa del negocio. Y ello ha ocurrido en detrimento del sector productivo.

Sin embargo, en el mercado financiero hay una sensación de que si bien puede haber aspectos a mejorar en cuanto a oferta, el problema es principalmente de demanda.

En un momento de incertidumbre económica, la predisposición de las compañías a embarcarse en un proyecto de largo plazo (y de endeudarse para ello) se mantiene más bien baja.

El plan oficial supone que los bancos deberán cobrar una tasa bastante inferior respecto del Costo Financiero Total (CFT) -que ronda el 22%- ofrecido actualmente en las líneas de créditos a las pequeñas y medianas firmas.

"Los bancos perderán dinero con el subsidio que se busca imponer vía estas líneas de créditos compulsivas", reconoce una fuente del sector bancario a iProfesional.com

Los préstamos involucrados en este programa oficial ascienden a una cifra cercana a los $15.000 millones, que se obtendrán de aquellas entidades con más del 1% de los depósitos totales del sistema, e involucraría a unas 20 instituciones bancarias.

El menos afectado es el Banco Nación -ya que sólo se le exigiría que coloque un 4,5% adicional- y el más impactado sería el Banco Provincia, ya que a esta entidad le representa el 20% incremental de su cartera.

¿Créditos para todos?
Para acceder a este programa de "créditos compulsivos" por el que el Gobierno quiere impulsar la adquisición de bienes de capital (maquinarias y equipos) y la construcción de instalaciones primero, como requisito inicial, se deberá presentar un plan productivo.

"A los bancos les va a costar colocar todo el monto orientado a las pequeñas y medianas empresas. Porque éstas deben presentar avales, un proyecto de inversión que convenza y, encima, deben sortear los distintos requisitos que se exigen", destaca una ejecutivo del sector financiero.


Además, "la mayoría de ellas no dispone de un plan de obras".

Como agravante, el enfriamiento y la incertidumbre económica han hecho que muchas hayan moderado sus expectativas de crecimiento y planes de inversión.

¿Un boom o un "bluff"?


"Actualmente,
la principal necesidad pasa más por el hecho de poder financiar su capital de trabajo que por sobredimensionarse o adquirir una nueva máquina o equipo", agrega la fuente consultada.

Sucede que la gran mayoría debe enfrentar la caída en sus niveles de facturación y el incremento en salarios y gastos de mantenimiento.

Lo cierto es que la reacción del mercado de crédito luego del anuncio de la Presidenta dista mucho de ser eufórica.

"Ese dinero sería ideal para fomentar las economías regionales. Pero no hay perspectivas a tres años de abrir nuevos mercados en el mundo por las trabas comerciales que vemos hoy", agrega el ejecutivo de una de las entidades líderes en colocación de créditos, que pide opinar off the record, por temor a represalias.

"Por lo tanto, creo que el programa del Gobierno para la realidad de hoy día no resulta funcional", agrega.

Otra de las cuestiones que observa es que el prestamista, al asumir todos los riesgos, tratará de orientar el dinero sólo a los "buenos clientes" que ya posee categorizados, y no a nuevos.

Por lo pronto, según un experto del rubro, "la gran mayoría de los bancos pedirá más plazo para prestarle a las pequeñas y medianas firmas, ya que no podrán colocar todo el monto que pretende el Gobierno antes de diciembre".

En definitiva, esta exigencia "compulsiva" del Ejecutivo -así como tantas otras medidas encaradas bajo la misma modalidad- a ojos de los empresarios no es el camino eficiente ni el correcto para lograr el resultado esperado ni para los tiempos que corren.

Esto es avalado por Milagros Gismondi, economista jefe del Estudio Ferreres, quien destaca que el consumo cortoplacista que justamente propiciara durante años el modelo K -en detrimento del crédito de largo plazo- ha hecho que en la actualidad "cuatro de cada diez pesos que se presten sean para ese concepto".

"Es algo que no se va a modificar de la noche a la mañana con esta medida", agrega.

Otro de los aspectos que remarcan los analistas es que se trata de una medida aislada más y que no responde a un plan económico integral, que debería incluir -entre otras cuestiones- reducir la inflación, resolver el atraso cambiario frente a la suba acumulada de precios y ordenar la caja estatal.

De modo tal que varios de ellos argumentan que se corre el riesgo de que la iniciativa -cuya intención final es buena por cierto- termine siendo apenas un gesto para la "tribuna" y no modifique el amperímetro económico.

 

El costo oculto


Hay otro detalle que no puede soslayarse en la toma de esta medida por parte del Gobierno: el sector bancario es uno de los pocos que siguen viendo crecer su negocio en un contexto recesivo.

El año pasado tuvo una utilidad de $15.000 millones; y hoy registra alrededor de un 24% de retorno sobre el patrimonio neto, mientras que el sector industrial sólo presenta el 11% de beneficio y todas las empresas que cotizan en bolsa tienen un promedio del 13% ganancias.

Cabe recordar que hasta hace seis años atrás la situación del sector financiero era diametralmente opuesta. Por ejemplo, en 2006 su rentabilidad fue de 7%, número muy rezagado si se considera que en el resto de los rubros rondaba el 20% por ciento.

El plan compulsivo oficil "no le va a representar mucho patrimonio, pero no es bueno que se abuse de este recurso porque así se encorsetan a las entidades", opina Fausto Spotorno, director del Estudio Ferreres.

El analista cree que "estas medidas a la larga terminan siendo son costosas para el sistema, porque "se fuerzan" algunas cosas, como el hecho de que los bancos pierdan plata".

Para Leonardo Bassi, responsable de Research de Puente, la liquidez actual del sistema financiero no se vería afectada ya que es "altísima" (ronda un 20%), y bajaría sólo a un 16 por ciento.

Además, "los bancos no enfrentan problemas y sus balances son sólidos", agrega.

Si llegase a complicarse demasiado el escenario en los próximos meses cabe la posibilidad de que destinen menos dinero a financiar el consumo (que son los más rentables) y más a las empresas.

O bien, deberían incrementar las tasas de interés a las líneas de créditos de tarjetas, personales y prendarios para compensar el desequilibrio generado en sus balances.

"El efecto se sentirá aunque dependerá de la estrategia que aplique cada uno", expresa el gerente de un banco extranjero. Y completa: "La única válvula de ajuste es la tasa".

El sistema bancario y nuevos desafíos


Con esta nueva iniciativa gubernamental para forzar el otorgamiento de créditos subsidiados los desafíos que se les presenta a los bancos ante la resignación de utilidades son:

• No sufrir un descalce de plazos, ya que las colocaciones "normales" son a corto (30 a 60 días) y ahora deberan prestar una parte a 36 meses.

• Que no suba el costo de fondeo: la de tasa referencia (Badlar, que es la que se paga para depósitos superiores al millón de pesos) se encuentra en un nivel similar a la impulsada por el Gobierno: 14,5%. En la medida en que no aumenten, los bancos se van a poder manejar con mayor soltura.

¿Qué ocurre si llegasen a incrementarse, tal como se prevé? Las entidades van a tener que ajustar algunas variables y podrían tener algún impacto en sus balances.

Por lo pronto, en la consultora Econviews están proyectando una Badlar del 17% para fin de año, siete puntos más alta que la de junio pasado.

Otra cuestión que abre un gran manto de dudas es predecir en qué situación estará la Argentina de aquí a tres años, que es el promedio de plazo otorgado en estos créditos.

Y este último aspecto no es poca cosa, habida cuenta de que -para los tiempos que corren- hablar de largo plazo es hablar de mañana.

Fuente: iprofesional.com

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18 de junio de 2018 | 19:03
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