El himno a la mediocridad; análisis de un mendocino

El poeta y abogado Carlos Vallejo opina sobre la letra del nuevo "Himno a Mendoza", al tiempo que cuestiona la labor del jurado y los criterios de elección en el concurso convocado por el Ministerio de Cultura del que resultara ganador el texto "Tiembla, Mendoza, tiembla" de Roxana Romano.

Si nos pusiéramos de acuerdo en relación a la presencia de un texto que señale lugares comunes; frases básicas expresadas con la rigidez de vocabulario que el viejo cine norteamericano  ponía en boca de los indios; ausencia de imágenes poéticas o rimas que se disipan como globos de espuma, todo ello, en relación a nuestra tierra, seguramente señalaríamos el texto que ha sido seleccionado como “Himno a Mendoza”.

Lo digo humildemente, con la posible autoridad que me da el hecho de no haber participado del concurso o haber ganado dos veces el Gran Premio Vendimia.

Me pregunto entonces: ¿Qué criterio se utilizó para seleccionar el jurado? Fuera del gordo Levy, cuya obra es bella y reconocida, ¿Quiénes son el resto del jurado, destinado a seleccionar nada más ni nada menos que un texto fundamental? Es muy probable que Carlos Levy haya votado en disidencia. Me encantaría tener esa certeza.

Vuelvo a preguntar: ¿Si el texto seleccionado era el mejor, por qué no se declaró desierto el concurso?

Hay tantos ejemplos de belleza en nuestra literatura, que cotejarlos con el texto elegido es verdaderamente una falta de respeto hacia la creación. Sin ir más lejos, viene a mi mente ahora la hermosa Zamba de los dioses, que junto al Dúo Nuevo Cuyo interpreta la Negra Sosa.
Veamos y analicemos. Dice el “Himno” en una de sus estrofas:

“Cordón del plata, Aconcagua
Blanco en altura y laderas
Ecos que gritan tu nombre
Entre cosecha y cosecha”.
Dice la “Zamba”:
“Cómo olvidar el agua
que andaba en la acequia regando tonadas
cuando eras leyenda, Mendoza mía,
bajo el cielo enorme
de tu Aconcagua”.

Este cotejo no es más que un ejemplo entre muchos otros. Es como comparar a Bochini con el número 10 de Huracán Las Heras.

Seguramente, se me objetará que no existen parámetros objetivos para medir la belleza. Es probable que así sea, pero yo creo lo contrario. La belleza tiene un vínculo estrecho y directo con la emoción. Y cuando la emoción se multiplica y perdura, seguramente estamos ante lo bello. Puede un texto no gustarme, puedo no entenderlo, pero hay algo casi inexplicable que me dice si tiene calidad o no. Mucha gente no entiende el Ulises de Joyce, pero salvo un papanatas, puede decirse que es un texto de poca calidad. Muchos no entienden o no les gusta la obra de Dylan Thomas, pero creo que nadie en sus cabales puede menospreciarlo como poeta.

Entonces, si la sociedad entera puso sobre el jurado la percepción de la emoción, llego a una conclusión inexorable: ¡O nos equivocamos de receptores de la misma o este jurado tiene una percepción muy básica, muy rústica en relación al hecho poético, que lo ha llevado a seleccionar un texto que bien pudo haber sido escrito por un adolescente en sus primeros pasos por la literatura!

En Mendoza, hay escritores fundamentales, como Raúl Silanes, por nombrar sólo uno que no hiere susceptibilidades ya que su obra es reconocida en todo el mundo. ¿Por qué no se lo llamó a elegir?. ¿Por qué no se eligió algún texto de Armando Tejada Gómez, de Abelardo Vázquez, de Fernando Lorenzo, o de algún otro autor que ha trascendido el tiempo?

Volviendo al fútbol, cuyos ejemplos siempre nos viene bien: En la selección juega Messi, juega Agüero, juega Di María, ¡no el 5 de Algarrobal, o el 8 de Rivadavia o el 11 de Lavalle!.

Sólo lamento en este instante, que Fernando Lorenzo no esté con nosotros. Hubiese disfrutado de su humor ácido e inteligente, opinando del himno.

En fin, quiero dejar en claro que la Señora Romano, no es la destinataria de mi opinión, es más, me parece simpático que una lasherina ama de casa escriba, que reciba $30.000 por ello, tampoco me molesta, pero que escriba un himno que representa a una Provincia, me parece demasiado…

Yo por mi parte, me rebelo desde este mismo instante: ¡No pienso cantar ni una sola vez el Himno a Mendoza!. ¡Les voy a sugerir a mis hijos que no lo canten!. A cambio, cuando sus básicas estrofas suenen en un parlante, voy a arremeter con mi voz desafinada, un “Póngale por las Hileras”, y le daré un toque aguardentoso, en memoria de toda la poesía que destiló esta tierra en donde me dejó una cigüeña atorrante y hermosa. 

Carlos Vallejo
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26 de mayo de 2018 | 09:06
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26 de mayo de 2018 | 09:06
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