#YoCambio: la media sin talón de Alejandro, el secreto para vender soda aún en el 2001

La sodería Di Marco es un símbolo clave de empresas mendocinas que han perdurado y triunfado en el mercado local y, sobre todo, en la opinión mendocina. Su responsable, Alejandro Rubio, explica las razones estratégicas por las que "la gente siempre va a tomar soda".

En Twitter: @danibragagnini

Para pensar una Mendoza productiva es necesario analizar no sólo las áreas complicadas, avasalladas y frustradas. Los negocios y empresas que casi nunca trastabillaron y, actualmente, gozan de éxito en el mercado y la en opinión popular son también parte del rompecabezas para trazar un cambio de época.

Éste es el caso de la empresa de Alejandro Rubio, quién decidió que su destino era conducir el emprendimiento de uno de los productos más clásicos de la mesa mendocina: el sifón de soda. Hoy, la sodería Di Marco, ubicada en Godoy Cruz, es líder en el mercado y Rubio, el único heredero y cabeza de la firma, continua con el crecimiento de un emprendimiento familiar, que funciona gracias a una organización laboral poco compleja, pero coherente.

“Esta empresa la creó el padre de mi mamá, hace 74 años. Después, mi padre (Justiniano Rubio) y su concuñado, le compraron el negocio. De a poco fuimos comprando partes, hasta que mi papá adquirió todo y la empresa, Soda Di Marco SRL, pasó a nuestras manos. Soy el único heredero, soy la cabeza de la empresa desde el 2001, y juntos creamos esta fábrica”, relata Rubio, quién confiesa que la producción funciona gracias a su círculo de confianza, en donde su contador, el personal de gerencia y su esposa Diana juegan un papel primordial.

Después del caos del 2001

Después del caótico año, que produjo una debacle financiera y donde muchas empresas productoras del país quebraron indefectiblemente, Soda Di Marco demostró, una vez más, su potencial económico y su alta rentabilidad: “Fue ahí cuando me hice cargo de la fábrica, me quedé solo, pero empezó a crecer. Los empresarios debemos comportarnos como una media sin talón, que se la calza cualquiera. Tenemos que adaptarnos, ser flexibles y, sobre todo, diferenciarnos de los que están en nuestro mismo sector”.


La empresa, como explica Rubio, ha tenido altibajos como cualquier emprendimiento, sin embargo siempre se mantuvo estable en el mercado, por viabilidad, eficiencia o por simple tradición. “Cuando yo era chico y veía los sifones de vidrio, dudaba del futuro de la soda, pensaba ‘este negocio se va a caer’. Pero mi papá repetía que siempre iba a haber alguien que tomara soda, y él se la iba a vender”, indicó. El negocio comenzó con sifones, luego bidones de 5 litros, ofrecen un servicio de aguas Premium, jugos saborizados, le venden a empresas como Zuccardi o YPF, pero Rubio aclara: “Nuestro fuerte sigue siendo el sifón de soda”.

La revolución local

Soda Di Marco incursionó en una novedad en cuestiones de movilidad en el año 80, cuando Justiniano Rubio compró camionetas Suzuki y reemplazó a los grandes camiones que repartían soda en los hogares. Pero el punto de inflexión se dio años más tarde: “En el 2001, cuando compré la sopladora, fue para mí el gran cambio de la empresa, la revolución. Nos permitió producir nuestros propios envases”. 


“Yo creo que ninguna política, ni social ni económica, puede tomarse a corto plazo. Personalmente, apuntaría mucho al tema de seguridad, que es gravísimo y a los empresarios nos trae muchas consecuencias. Y la falta de educación en la gente, también es muy grave. Hoy, con los planes de subsidios, a la gente no se le enseña a trabajar. Dentro de 15 años vamos a tener un grave problema de mano de obra, no va a haber mano de obra calificada”, explica el empresario.

En referencia a las medidas actuales, Rubio reflexiona sobre las iniciativas a corto plazo y asegura que existen decisiones políticas y económicas que benefician y otras que perjudican, sin embargo apunta a una visión global: “Las políticas de la provincia no las puedo ver desde el punto de vista de mi empresa y nada más, sería muy egoísta”.

Una fuerte política corporativa como carta ganadora

“Mi tío siempre decía ‘el ojo del amo engorda el ganado’ y a mi me parece muy agresivo. Sin embargo, creo que dentro de una empresa, cada uno ocupa su lugar, cada uno en su función, hasta el obrero interno. Porque cada uno sabe cómo hacerlo correctamente. Él y no otro”. Para Rubio, la función del jefe es fiscalizar, controlar, estar pendiente, pero dejar actuar. “Eso es para mi que el ojo del amo engorde el ganado. Esto es así con respecto a las empresas y al gobierno también: dar la orden, pero ver que se cumpla, estar atento, estar convencido que lo que uno hace es lo que de hecho hay que hacer, y no otra cosa”. 

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26 de mayo de 2018 | 07:26
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