"Las bodegas no vinieron", pero el presidente del INV está en Angola

El titular de Vitivinicultura habló con MDZ desde Angola. “Acá venimos a hacer negocios, no a hablar de política”, se ataja García, en modo “reversa K”. De todos modos, se muestra “espantado” por la desigualdad social, aunque confía en un viejo valor de Cavallo: “El crecimiento se derramará”, dice.

“Las bodegas no han venido, pero mandaron vino en un barco”, admitió Guillermo García desde Luanda, en donde se encuentra como pasajero de lo que se ha dado en llamar como “El Arca de Moreno” a Angola, en su segunda edición con presencia presidencial.

Desde el medio de la Feria, García se hace a un lado para que el ruido no interrumpa la conversación en la mañana mendocina, mediodía en el oeste africano. Angola es un país regido por una dictadura de alta fama por sus niveles de corrupción, sus tasas de crecimiento a “tasas chinas”, de más del 10 por ciento acumulativo anual y, paradojalmente, una sociedad a la que no le llega para nada algún resultado de tanto glamour económico, con un 40 por ciento de la población en situación de pobreza.

Justifica el viaje en que, por ejemplo, un fabricante de boyeros y cercos electrificados argentinos se está haciendo “el África” con la inseguridad y la desigualdad en aquel continente.

“Acá venimos a hacer negocios, no a hablar de política”, se ataja García, en modo “reversa K”. De todos modos, se muestra “espantado” por la desigualdad social, aunque confía en un viejo valor de Cavallo: “El crecimiento se derramará”, dice.

Pero el tema es qué presente y cuál futuro tiene el vino en ese Brasil africano.

“En realidad –acota- hay dos bodegas presentes. Pero es impresionante ver el equipamiento automotriz e industrial, de alimentos, bebidas y laboratrorios argentinos intentando cerrar negocios aquí. Toda tecnología argentina en un país que está empezando a crecer”.

- ¿Cuántas bodegas son las que están en Angola, García?

- Están Cavas de San Julián con Marolio y San Huberto, de (Carlos) Spadone. Pero nosotros tenemos alrededor de 15 bodegas que están exportando a Angola.

- ¿Qué cifra representa el negocio, teniendo en cuenta que el vino es un producto prácticamente desconocido en la alimentación angoleña, con menos de un litro por año de consumo per cápita?

- No llegamos al millón de dólares de exportación en un mercado dominado por Portugal. Para la Argentina es un desafío crecer en este mercado. Potencialmente, es un fenómeno las tasas de crecimiento. Es como Asia. Y en los segmentos básicos es como Brasil, se consume mucha cerveza.

- ¿No habremos ido "al cuete"?

- No, no, no. Argentina exporta a 135 países. En consecuencia, lo que tiene que hacer es apostar a las políticas que tiene tanto el mercado interno como externo. Darle una continuidad a las políticas de largo plazo. Los mercados no se construyen con una presencia esporádica. No hay que confundirse: acá hay una decisión política, como lo ha hecho nuestro país con Brasil y Venezuela también. Hay que ayudar a que se de resultados. La presencia de los empresarios en esta magnitud contribuye a la identidad de nuestra patria para crecer en los mercados. Estamos viendo una gran presencia de más de 300 empresarios genuinos. Se le da mucha importancia a (la presencia de) La Salada, pero hay mucho más que eso. La presencia de Carlos Spadone da la idea de que se busca que crezca el mercado africano.

- ¿Se nota todavía la interna entre los empresarios formales e informales, como los de La Salada, que se sacaron los ojos en el viaje anterior?

- No. Yo ubicaría ese tema en el terreno de las apostillas, nada más. Lo mismo pasa con el concepto de “Clarín miente”, que también es una apostilla. Veo a la gente de Angola desesperada por venir a trabajar porque los problemas de tránsito de esta ciudad es muy fuerte. Todo el mundo ha venido a vender. Uno no ve, sinceramente, participaciones de tipo político. De hecho han pagado y quieren hacer negocios.

- ¿Ven a Angola como una puerta para el occidente de África o como un mercado en sí misma?

- Yo creo que aquí se ve como un mercado en sí mismo. Está claro que muchos de los empresarios presentes ya tienen algún tipo de venta porque es un mercado de un crecimiento importante. Contrasta que es un país que ha salido de una guerra civil. Hay falta de infraestructura social básica, algo que espanta. Al lado de las villas se construyen torres para empresarios de otros países del mundo, gente que va a radicarse temporariamente para hacer negocios. Extrema pobreza, falta de servicios básicos y de distribución. Pero seguramente el crecimiento hará derramar. Hay una gran masa de gente trabajando en el petróleo y la minería es muy importante y diamantes.

- ¿No le espanta también que se haga un fuerte gesto político hacia un país dictatorial que no cumple los estándares de respeto de los Derechos Humanos que pregona la Argentina?

- A mi me parece que en primer lugar la República Argentina está desarrollando una política exterior clara en ese sentido. En todos los foros internacionales ha expresado su voluntad de trabajo por los Derechos Humanos y por la vigencia plena de la democracia. Pero esta, es una visita de neto corte comercial y da señales claras tratando de construir lazos de largo plazo con una nación y con negocios que favorezcan que crezca la relación comercial con este país. A partir de allí, si se piensa solamente “en qué país elijo para hacer negocios” perdemos oportunidades. Si uno lo ve solamente desde el punto político Brasil también tenía una dictadura, hacíamos misiones comerciales, se construyó el Mercosur y nadie decía nada ni se sorprendió…

- Lo que pasa es que el Mercosur nace con la democracia en ambos países, no con una dictadura.

- Bueno, pero cuando había dictadura había misiones comerciales y se avanzó con el MERCOSUR. Nadie dijo nada. El abrir mercados y establecer relaciones bilaterales, y agregar nuestro punto de vista institucional y la defensa de los Derechos Humanos, es importante. Ahora Cristina está en la Asamblea Nacional y se reunió ayer con mujeres angoleñas. Seguramente va a dejar claramente la voluntad comercial. Se ha abierto una lista de créditos de 100 millones. No hay una mirada tan política.

- ¿Le parece que es serio apostar a la conquista del mercado de lo que le sobra a Angola de los negocios de su corrupción?

Si fuera así, tendría que preguntarme qué está pasando con las bodegas que están en Angola y son empresas de primera línea. Estoy viendo aquí a empresas de primera línea de la Argentina de toda naturaleza, vinculadas al campo. No veo otra cosa. Se trata de negocios. Viajé al lado de un empresario de cercos perimetrales y boyeros. Él hace años que está acá y está buscando empresarios nuevos que le hagan la distribución. Es absolutamente comercial esto.

- ¿Vio las medias de “Clarín miente”? ¿Qué le pareció?

- Mirá, si vos querés, vas a la secretaría de comercio y ves lo mismo. Caminás por los pasillos y vas a encontrar lo mismo. Me puede sorprender en todo caso que en un charter de empresarios pase eso. Para Mendoza parece una novedad, pero a los que caminamos por esos pasillos desde hace cuatro años, no, estamos acostumbrados.

- Pero al final, parece que “Clarín miente” es la nueva “marca argentina”.

Acá eso no se ve. Estamos viendo una feria absolutamente comercial. Por ahí alguno ha puesto algún globito con “Clarín miente”. Uno que otro no más.

- ¿Qué es lo realmente importante de su presencia en Luanda?

Lo importante es que desde lo vitivinícola noto es un gran interés de los empresarios de compensar importaciones con exportaciones de vino y mosto, lo que abre una oportunidad muy buena. Los mismos empresarios lo han manifestado porque es genuino el planteo de Moreno de equilibrar nuestra balanza y están buscando empresarios principalmente del sector vitivinícola para poder compensar la balanza comercial, que necesariamente se debe corregir a nivel nacional. Viene muy bien esta feria para que podamos exportar nuestros productos.

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17 de agosto de 2018 | 05:12
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