Un abogado general creativo y desobediente: entrevista a Manuel Belgrano

Se cumplen 200 años de aquella primera vez, en que precariamente, un abogado voluntarioso y decidido, al mando de un reducido ejército, enarbola la Bandera, como símbolo de identidad de esas tropas. Doscientos años merecen una nota especial, pretendidamente distinta. Aquí está, en una exclusiva entrevista al General Manuel Belgrano

Hoy es 27 de febrero. Ha anochecido en las riberas del Paraná, en un pueblerío de casas bajas, humildes.

Aqui, en una tienda de campaña, apenas un candil ilumina débilmente un escritorio, donde hay planos, papeles, una pluma y en una esquina, un paño bicolor. De ese lado del escritorio, un general que en realidad es abogado. Y de este lado, nosotros, en esa intención de conversar con el inspirador de ese paño que observamos.

Ha sido un dia agitado para el abogado que brillaba con luces propias en la colonial Buenos Aires. Desde su arribo a la villa del Rio de la Plata, orgulloso de su título de abogado de Salamanca, es mucho lo que Manuel Belgrano ha realizado. Las crónicas lo cuentan como activísimo responsable de las jornadas de Mayo de 1810, y ahora, ya con el ánimo templado por la inquietud de ver en riesgo aquellas decisiones, ha abandonado su escritorio y ha calzado botas y uniforme, para hacer hacerse cargo  una formación militar.

Y aquí estamos. Hago un poco de ejercicio mental, tratando de resumir lo sucedido en estos últimos tiempos, para aclarar mi garganta. Me pidieron que fuese breve en la entrevista, porque el General no ha tenido un día fácil y su salud siempre se resiente en esas circunstancias. Y entonces, hago un resumen de lo más importante.

En jornadas recientes, Huaqui, un desastre en combate, ha empujado a las débiles tropas coloniales hacia su repliegue. Las tropas del Ejército estan desmoralizadas. Es que el panorama no se presenta fácil. Para nada. Los vientos han traído las noticias de que la marina española patrulla las costas dominando a la provincia hermana de Uruguay. Y hay que templar el ánimo de los hombres, pero también reunir todos los elementos de combate.

Y esa fue nuestra primera pregunta.

¿Por qué su presencia en Rosario del Pago de los Arroyos, General?

Muy medido, muy sobrio en su respuesta, Belgrano desplegó un mapa y señaló, diciendo

"El maltrecho ejército del Alto Perú, que ha sido derrotado en la batalla deHuaqui, se ha replegado hasta Jujuy; es la única defensa de las provincias del norte.  La  situación de la Banda Oriental tampoco es favorable. La marina española domina las costas desguarnecidas del Río de la Plata. Por eso estoy aquí: debo armar y hacer funcionar dos baterías  de costa en este pequeño pueblo de La Capilla. He traído unos pocos hombres del Regimiento de Patricios para lograr defender este punto."

 General, disculpe la impertinencia, pero las circunstancias, usted sabe, me dicen que no tenemos mucha identidad de tropa. ¿Usted ha pensado como lograr que esos soldados se integren?

"Mire, en realidad ya le he enviado al Triunvirato una nota. Lea usted mismo este mensaje que he copiado en mis anotaciones: "“Parece que es llegado el caso de que V.E. se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar para que no se equivoquen con la de nuestros enemigos y no haya ocasiones que puedan sernos de perjuicio…”

Entiendo que fue autorizado, General? Por eso ese paño bicolor que observo ahí?

"Digamos, señor, que me tomado la autorización yo sólo. El Triunvirato es algo lento en sus respuestas. Y yo necesito templar a mi gente. Asi que estando las baterias listas, le pedí a la señora María Catalina Echavarría de Vidal la confección de una bandera en forma vertical, blanca contra el asta  y celeste.Esa que ve usted ahí, he dispuesto que sea nuestra identidad".

Por curiosidad, general, esos colores tienen alguna significación particular o sólo es una combinación casual?

"Esos colores ya se usaban en escarapelas en las invasiones inglesas por parte de las tropas de Pueyrredón que  la tomaron de la Virgen de Luján; también la banda de los reyes borbones era celeste y blanca, especialmente por  Carlos III, luego en 1810 se usaron cintas blancas y rojas en las jornadas de Mayo, pero es la Sociedad Patriótica quien usa desde 1811 la escarapela celeste y blanco. Y le digo, estoy orgulloso del lema“unión y libertad”, los jóvenes morenistas que van a presionar al Triunvirato no están equivocados".

Y como resumiría lo sucedido aqui, General?

"Estoy convencido que esta ha sido una gran jornada. No podemos distraernos de nuestro objetivo máximo: la independencia de la corona. Y la tropa que parte mañana hacia el norte se siente contenida, con identidad. Su lucha no será en vano, porque la Patria tiene asegurada su libertad. Y los colores de la bandera son ese símbolo"

Desde mi lugar como improvisado preguntador, mi memoria auditiva recuerda el breve mensaje a la tropa formada:


¡Soldados de la Patria! En este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro Excelentísimo Gobierno: en aquel, la batería de la "Independencia", nuestras armas aumentarán las suyas; juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo "¡Viva la Patria!"

Y no puedo evitar emocionarme, al escuchar la vibrante respuesta

"Viva la Patria!"...un grito hecho voz, que se ató a los pliegues de la celeste y blanca.



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Y desde entonces, desde aquel 27 de febrero de 1812,  como reza el poeta, "la bandera argentina no ha sido atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra".

Aquella "página eterna de argentina gloria, melancólica imagen de la patria", como tituló Juan Chassaing en su inmortal canto, inspiró los esfuerzos de la emancipación, convirtió a los niños en hombres decididos a brindar la vida en su defensa, flameó en las selvas y en los montes; en la pampa inmensa y en las inmensidades oceánicas; cubrió en su infortunio a los héroes de Malvinas, presidió la cotidiana hazaña de educar, ennobleció el esfuerzo del trabajo, acompañó en las proezas deportivas; en suma, alentó y alienta la existencia de los hijos este suelo acogedor y generoso.

De ahí que se la llame sin exageración "símbolo máximo de los argentinos". ¿Qué otro símbolo nos identificaría de manera tan raigal y unánime; qué distintivo, sin desmedro de los que la tradición y la ley han adoptado, nos envuelve y protege con una sensación de seno materno, como la bandera?

Signo de la unión; garantía de igualdad en la diversidad; expresión de abrazo desinteresado para los que llegaron de las remotas latitudes en busca de pan, trabajo y libertad, fue un lazo que anudó vigoroso los anhelos y esperanzas de argentinos y extranjeros. ¿O no está probado el legítimo orgullo con que los inmigrantes de distintas procedencias la adoptaron como manifestación de amoroso reconocimiento hacia el suelo, los hombres y las instituciones y dignificante existencia?

La bandera es lección, mensaje y desafío. En sus pliegues se reúne lo que fuimos: lo que se logró a fuerza de fe y perseverancia.

Lo que somos como pueblo que padece pero sueña con el porvenir de prosperidad que promete nuestra enorme riqueza.

Como comunidad que confía en alcanzar una concordia nacida de la honradez de gobernantes y gobernados, del respeto por la ley y de la vocación hacia el bien común de cada componente de la sociedad.

Y lo que seremos cuando sepamos oír claramente las voces de la historia e imaginar y transitar día a día por caminos nuevos.

 

(Permiso histórico, logrado por el material cedido gentilmente por la Dra. Ana María Gombau, de la Asociación Cultural Sanmartiniana)

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18 de julio de 2018 | 22:15
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