Niño prodigio: un drama

Qué pasa cuando los padres fuerzan a sus hijos a cumplir su ideal frustrado. Diferentes casos, mismo drama.

La ex tenista española Arantxa Sánchez Vicario hace poco mostró una faceta íntima desconocida para la mayoría de la gente. Aunque parecía una exitosa deportista, la mujer que se hizo profesional a los 14 años reconoció que sufrió mucho debido a su familia y presentó un polémico libro autobiográfico (¡Arantxa Vamos!) en el que acusa a sus padres de haberse gastado los casi 60 millones de dólares que ganó durante su carrera deportiva.

El caso de Aranxta no es el único. Todos recuerdan a Macaulay Culkin. El rubio que de pequeño endulzó el corazón de niños y adultos en Mi pobre angelito no tuvo la misma suerte de mayor. No sólo no volvió a protagonizar películas taquilleras sino que tuvo problemas con las drogas y terminó sin un solo dolar de los que había recaudado en su infancia. Según él, su padre manejaba los ingresos de su hijo como si fuera “su reinado” y gastó los millones de “Ricky Ricón” a su antojo. Así, Culkin terminó demandando a sus progenitores.

También Gary Coleman, de “Blanco y negro”, demandó a sus padres por derrochar su dinero y la encantadora Shirley Temple declaró en su biografía que sus progenitores despilfarraban sus ingresos.

Más allá del dinero, el problema más grande del “niño prodigio” ocurre a nivel emocional, cuando el menor es forzado a hacer una actividad que no desea realizar. La doctora Mónica Cruppi, investigadora de temas de pareja y familia, aclara que hay dos tipos de casos de niños prodigio.

En algunos casos, son los niños los que espontáneamente desarrollan un talento y disfrutan de hacer una actividad. “Estos casos son normales y los padres deben velar por el cuidado de los chicos y administrar los tiempos de descanso y ocio para que no terminen agotados”, dice Cruppi.

En otros casos, son los padres los que empujan a los niños al éxito. “Ahí se violan los derechos del niño porque son padres muy narcisistas que quieren que los chicos cumplan su ideal”, cuenta Cruppi. Se trata de casos patológicos de violencia emocional en donde se usa y abusa del niño.

Cuando hay dinero de por medio, además, muchas veces se priva al niño de disfrutar su infancia por ser el sostén económico de sus padres. “Los padres en general consultan tarde, cuando el chico empieza a hacer síntoma”, dice Cruppi. La doctora utiliza la película El cisne negro como ejemplo de una relación sado-masoquista entre una madre y su hija bailarina que termina en la locura.


La doctora Claudia Rabinovich, por otro lado, también opina que saltear etapas hiperestimulando a los niños crea stress, insomnio, enfermedades psicosomáticas, transtornos de aprendizaje y de conducta.

Por eso, es importante evitar la inducción temprana de los niños en roles de adulto y respetar por sobre todas las cosas sus tiempos de ocio y de descanso.

Como recalca Cruppi: “hay que respetar el derecho del niño no sólo a la protección contra el trabajo infantil sino el derecho al esparcimiento, el juego y las actividades recreativas”.

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19 de agosto de 2018 | 10:46
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