River Plate: Sus hinchas traban y hacen goles

Trezeguet, Ponzio, Cavenaghi y el Chori: todo es más simple en River porque sus propios futbolistas sienten un afecto especial por la camiseta. Sin dudas una de las claves para salir de la situación deportiva lo antes posible.

River no es un equipo cualquiera. David Trezeguet corre paralelo a la línea lateral, se ríe; está feliz. Después se abraza con sus compañeros, lo obvio. Y rompe el molde del festejo esperable: hace gestos que intentan representar que entrega su corazón a los hinchas, hinchas como él. Lo raro del jueves a la noche remite al pasado del delantero de 34 años. Campeón del Mundo con Francia y goleador en la Juventus (marcó 138 tantos sólo en el Calcio), se desencajó con una conquista de verano, en un amistoso contra Racing. “Esto es único”, sentenció. Glamour. Clase. Experiencia. Trotamundo de Primer Mundo. Trezeguet eligió hablar desde otro lugar, el de la emoción.

El 26 de junio de 2011 River sacó los pies de su historia y cayó al abismo; lo irreal, River en la B Nacional cambió la ecuación del club más campeón del fútbol argentino. La trilogía descenso-desolación-muerte abonó la sensación de que River había dejado de ser River. Al menos, de que había perdido la esencia. No hay fecha refundacional. El día de la corrida amateur de Trezeguet puede ser una referencia. Tal vez la confirmación de lo que ya transmitían los regresos al club de Núñez de Fernando Cavenaghi, Alejandro Domínguez y Leonardo Ponzio; otra vez el cuerpo de River tiene alma. Una identidad a la que no hace falta medir en resultados.

Por la camiseta. Tres meses habían pasado de la fecha fatídica, la revancha en el Monumental contra Belgrano. Apenas noventa días y un puñado de partidos. Sin embargo, Almeyda se vio en la obligación de sacar la cara por el equipo. También por él mismo: “Voy a defender mi puesto a muerte, no va a ser fácil que me saquen de acá”. La minirracha de tres empates consecutivos ante Quilmes, Defensa y Justicia y Merlo ponía a River en alerta. La identidad todavía se miraba con lupa. “Va a ser largo”, insistía el DT. Es cierto que no hay que apurarse con las conclusiones. Pero hay otra mirada. River tiene chapa, más allá del nombre; River tiene nombres. Y detrás, historias de esos jugadores que se vinculan estrechamente con el club. Chori resignó plata en Valencia para ponerse la camiseta de su club: “Es difícil explicar un sentimiento”, manifestó la figura del triunfo ante Racing. No es demagogia. El enganche-delantero desestimó la Champions League y plantó sus botines en la B Nacional. River repatrió a un jugador con potencial de Selección.

Sucedió también con Cavenaghi, que regresó en buen nivel; el último goleador que tuvo River en un campeonato ya lleva 13 tantos en lo que va de esta temporada. El nueve es el capitán y el gol. Para su gente, algo mejor: es el hincha. Cavenaghi se tatuó en su abdomen la leyenda “En las malas mucho más”. Y un número: el 14, el que identifica a la hinchada de River. Ponzio tenía contrato con Zaragoza; era líder, llevaba la cinta. Se quiso volver cuando le hablaron de River. Dejó sin cobrar una deuda de un millón de euros, según publicó El Heraldo de Aragón.

Si se escarba, hay más. Como el caso de Carlos Sánchez, que desde chico miraba el superclásico en Uruguay: “Apostábamos lagartijas con mi padre para ver si ganaba River o Boca, y yo siempre hinché por River”, revela el volante. No se trata simplemente de
la exaltación por el escudo. La identidad se construye. River avanza hacia ese objetivo con un equipo premium. El propio Sánchez (¿será suplente si Ponzio ocupa la banda derecha?) es una pieza que está en la carpeta de Alejandro Sabella. Si el entrenador de la Selección argentina se decide y lo convoca, el ex Godoy Cruz podría convertirse en el decimotercer extranjero en vestir la camiseta albiceleste. Un guiño del destino: no podría haber sido el jugador número 12.

Por la gloria. El escolta de Instituto (tiene 33 puntos, dos menos que el conjunto cordobés) pretende encontrar el gran equipo. Un paso grande lo dio con sus futbolistas hinchas. Trezeguet aportó al concepto de ensamble: “(El gol) se lo dedico a mis compañeros. Llegué y me adapté muy bien. Nunca estuve en un grupo tan bueno”, señaló el delantero.

Del equipo titular, sólo Luciano Abecasis y Lucas Ocampos no jugaron en Primera. El resto tiene rodaje en la elite del fútbol argentino y hasta en ligas más prestigiosas. Los suplentes de lujo representan una marca: Martín Aguirre y Maestrico González (titular en Venezuela) son casos testigo de un plantel que le devolvió a River su impronta perdida. Una de las claves la deslizó Trezeguet el día de su presentación: “Tenemos muchas ganas de hacer historia”.
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20 de agosto de 2018 | 15:59
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