Yo quiero ver muchos más delirantes por ahí…

Si hay algo que tiene Diciembre es que es el mes ideal para los reencuentros. Así vemos -como un pacto entre amigos- que sin decir nada se comienzan a poblar las calles mendocinas. Lugares que reciben a cientos y cientos de compañeros que vuelven a verse después de muchos años. Es inevitable que eso traiga los recuerdos y los sonidos de aquellas epocas.

Basta salir cualquier noche de diciembre y mirar hacia adentro de los restaurantes para darse cuenta que la situación es distinta al resto de las noches del año. Mesas largas, abrazos, sonrisas, madres mostrando las fotos de sus hijos, cabezas ya sin pelos meneándose al son de una carcajada, mozos agotados por tanto trabajo pero felices por buenas propinas.
 
Así es el último mes del año, un momento ideal para reencontrarse con los que crecimos y estudiamos y un diciembre sentenciado de frases hechas donde culpamos a la vida o al "vaya uno a saber por que", por no volvermos a ver.

Entonces, de pronto, nos encontramos mirando en una mesa al Pato, o al Chino, a Marisa, a Pablo, a Carla, o a la Mariana, al Jorge, a Gustavo, que sonríen y muestran sus vidas. Y los recuerdos como borbotones comienzan a fluir: aparece esa foto en Pequi’s, Tío Carry, El Gran Lomo o Gargantúa, cuando la previa no existía pero si había juntada de amigos, que disfrutaban hasta la una de la mañana y se iban a tomar el micro, tranquilos a una esquina porque de afanos ni se hablaba.

Ahí están los compañeros de secundaria, de aquella promoción que sacudió Carlos Paz, que vestía Polaris azul con tachas blancas, Little Stone carpintero y Topper blancas y relucientes.

Diciembre detona la memoria. Aparecen hechos y lugares que ya no registrábamos ni a palos, nombres y sobrenombres que olvidamos hace mucho.

Y dentro de ese cuadro, de esa escena de la vida, además de los amigos del secundario, están los que se encargan de ponerle música a esta pelicula, los que buscan a su manera el reencuentro. El jueves pasado, un grupo de músicos decidió dejar atrás el anonimato y salir a mostrarse a las nuevas generaciones. Querían apoyar las palabras de los padres que más de una vez les dijeron a sus chicos: “Los Berp hicieron bailar hasta las piedras…”.

Verónica Araya (voz), Andrés Carrión bajo, Zurdo Paz (batería) y Yayi Barrera (guitarra) respiraron hondo y subieron al escenario del San Juan Resto Bar para romper con el embrujo del tiempo. Y desde el primer acorde, bastó cerrar los ojos para instalarse en Saudades, Tercer Tiempo, Al Diablo o cuanto espacio había (que eran muchos por entonces). Estaban las mismas caras de entonces aunque con más arrugas y las canciones sonaron como aquellas, pero con más power y con una Verónica que sigue cantando como entonces, de maravillas.

Diciembre es genial. Y puede ser traicionero, también.

Subo al auto y el track doce del disco de Fito empieza a sonar bien fuerte. Otro regreso a los ochenta.
 
“Yo no quiero volverme tan loco
yo no quiero vestirme de rojo
yo no quiero morir en el mundo hoy.
Yo no quiero ya verte tan triste
yo no quiero saber lo que hiciste
yo no quiero esta pena en mi corazón”.
 
Me encanta diciembre. Brindo por ello.

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20 de agosto de 2018 | 22:02
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