Lo impensable de la crisis europea es ahora posible

Lo más temido ahora está cercad de suceder: una posible división de la Unión Europea. todos los inversionistas del mundo discuten las implicancias de una posible división. La semana pasada, la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido recomendó a los bancos prepararse para lo peor. ¿Pero qué deberían hacer los bancos y los gobiernos?

Uno de los rasgos más llamativos de la crisis del euro es la velocidad con la que lo impensable se ha vuelto realidad. Hasta la cumbre de Cannes hace un mes, una división de la eurozona era considerada un riesgo extremo. Ahora todos los inversionistas del mundo discuten las implicancias de una posible división. La semana pasada, la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido recomendó públicamente a los bancos preparar planes de contingencia. ¿Pero qué deberían hacer los bancos y los gobiernos?

La respuesta breve es que la planeación depende de una gran cantidad de conjeturas, debido a las incertidumbres extremas y los potenciales resultados; una división podría abarcar cualquier cosa, desde la salida de un país a una completa disolución y un retorno a las monedas nacionales, informa hoy el diario The Wall Street Journal.

Mucho también depende del Banco Central Europeo: si se apega estrictamente a la norma y niega a los países en cesación de pagos acceso a las líneas de financiamiento, una división podría ser incluso más desordenada. Una complicación adicional es que los encargados de política y los bancos están reticentes a negociar planes de contingencia -o comprometerse a poner cualquier cosa por escrito- por temor a avivar la crisis.



Para los bancos, la mayor preocupación es el riesgo de una redenominación: necesitan determinar qué activos y pasivos están en mayor riesgo de ser convertidos a una nueva moneda y tomar medidas para mitigar su exposición.

Gran parte depende de la situación legal de su exposición transfronteriza: si los activos se mantienen en filiales extranjeras y son financiados por depósitos locales, entonces la exposición neta al riesgo cambiario sería limitada. Pero si los bancos han estado prestando dinero en el extranjero, respaldados por depósitos en su moneda local, entonces los bancos podrían enfrentar riesgos de redenominación aún mayores. Los bancos podrían tratar de minimizar los riesgos cambiarios al registrar los activos en jurisdicciones más seguras. Pero necesitan sopesar este proceso contra un riesgo de incumplimiento que podría ser mayor ya que los clientes serían quienes tendrían que soportar el riesgo cambiario.

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