Pedro Aznar: la dulce intimidad hecha canciones

El notable músico argentino se presentó anoche en un teatro Plaza que lució colmado. Presentó en la ocasíón las canciones de “A solas con el mundo”, su último disco y no dejó de repasar muchas de sus clásicas interpretaciones, a solas por cierto en el escenario, aunque rodeado de instrumentos. Un artista exquisito y una ovación al final para un concierto íntimo y bello.

“Te amé, te vi
soñé, me abrí.
Te hallé, creí todo.
Seré feliz de repetir
la claridad siendo.

No tengo voz para el canto
Mi canto canta contigo
Mi canto fuera testigo
del amor y del espanto
”
Pedro Aznar, “Tema del ángel”, de Juan Carlos Pérez.



Entró a escena sin avisar, con una de las muchas guitarras que usó cargada al hombro y largó, bien arriba, con una deliciosa versión de “Fugu”. Ahí nomás, nueva guitarra y, ya sentado, ofreció la versíón de Amelia de Joni Mitchell que él mismo tradujo al español y, luego, el hondo “Tema del ángel”, del cubano Juan Carlos Pérez.

Así desembarcó el exquisito Pedro Anzar anoche en el escenario del plaza casi colmado. Y una tras otra, las canciones se sucedían y todas, pero todas, sonaron bellas de su mano.

Con su brillante carrera, Aznar ha logrado un doble milagro: atravesar la música popular del rock e ir más lejos (caso Serú Girán) y transitar la música de élite del rock y el jazz (caso etapa Pat Metheny Group) y volver para contarlo en tonos menores.

Ahora, luego de un par de décadas, su discurrir por lo exquisito lo han convertido en un autor que bien navega en mares diversos, después de todo, eso es lo que hace el propio estilo.

Anoche, en Mendoza, presentó su último disco “A solas con el mundo”, editado el año pasado, en el que recoge diez canciones de otros autores  (editado en vivo, tras presentaciones en Buenos Aires) y se da el lugo de mezclar, en el mismo proyecto, a Joni Mitchell, Cazuza y Bob Telson, con Violeta Parra, Andrés Calamaro, George Harrison, el Cuchi Leguizamón o el cubano Juan Carlos Pérez.

Puede hacerlo, evidentemente, porque trabajó para eso, porque nos acostumbró a eso: a disfrutar de su belleza en formas distintas. El disco, por cierto, tiene dos nominaciónes a los Premios Gardel, en Mejor Álbum Artista Canción Testimonial y de Autor y en Ingeniería de Grabación.

De la ventena de canciones que ofreció, citemos las siguientes: “El rey lloró”, “Amor de juventud”, “Lisa” (con correspondiente homenaje a Gustavo Cerati), la hermosa “Si llega a ser tucumana” (del Cuchi Leguisamón), Media Verónica (de Andrés Calamaro), la tremenda “Calling you” (tema del film Bagdad Café) y, también homenaje mediante a Violeta Parra, “Arriba quemando el sol”.

Destaquemos tres temas propios de elevada altura que serán parte del próximo disco: “Banderas de polvo”, “Quiero decirte que sí” y “Rencor”, un temazo.

De esto mismo, pues, trató su show en el Plaza, de una propuesta “a solas con Pedro Aznar”, en la que se lució, una vez más, como multiinstrumentista, y como dueño de una voz que, bien se diría, ha ganado con los años en hondura. dominio y expresividad.

Y algo más: con los años, Pedro también se ha convertido en un buen guitarrista, uno lleno de colores en sus manos.

Así hizo trascurrir la noche: intimo, breve, solo, casi solo, Aznar no se viste de nada para dar su música. Entre tema y tema, el escenario por completo se apagaba y un nuevo instrumento era tomado por él y él con el instrumento.

El final dejó la hermosísima “A primera vista”, cantada con la gente (notablemente afinado el público de Pedro, por cierto).

Tras ovación, volvió y dejó una versión perturbadora de “While my guitar gently weeps”, George Harrison, ese gran Beatle. Una más pidieron y se fue con “Todo amor en esta vida”, de Cazuza, que, por cierto, tiene esta perturbadora letra, una de esas que nos gusta dedicar a las personas que amamos:


Yo quiero la suerte de un amor tranquilo,
con sabor a fruta mordida.
Dejarnos llevar por la corriente,
matando la sed con la saliva.
Ser tu pan, ser tu comida,
y todo el amor que existe en esta vida.
Pongo mi vida como garantía.

Y ser artista en nuestro universo,
el cielo y el infierno cada día.
No podemos vivir en poesía,
transformar el tedio en melodía.
Ser tu pan, ser tu comida,
todo el amor que existe en esta vida.
Y algún veneno antimonotonía.

Y si descubro tu fuente escondida,
te encuentro a punto la miel y la herida.
Tu cuerpo entero hecho un huracán,
boca, nuca, mano, y no tu mente.
Ser tu pan, ser tu comida,
todo el amor que existe en esta vida.
Y algún remedio que me dé alegría.

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22 de junio de 2018 | 03:42
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