David Bisbal y la noche en que Mendoza fue "un poquito Andalucía"

El cantante español brindó un recital acústico de alta calidad. Mixturando canciones entre sus hits más conocidos y joyas latinas del pasado, hipnotizó al público y mostró gran madurez vocal, a las puertas de cumplir diez años en el circuito de la música profesional. Reseña, fotos y video, en esta nota.

“¡Un saludo y un abrazo, mi Mendoza! Estoy muy emocionado de poder hacer, por fin, mi primer concierto aquí”.

Con esas palabras David Bisbal inició un concierto redondito, especial y memorable para las más de mil doscientas personas que se dieron cita en el Ángel Bustelo el martes 13 de setiembre.

Cuando nos enteramos que el recital que lo traía por primera vez a nuestra provincia era “unplugged”; muchos interrogantes y dudas surgieron: ¿qué pasaría con su archifamosa “patada”, o los bailes frenéticos y flamencos, o sus inconfundibles temas movidos? Convengamos que no era fácil imaginar un concierto del cantante español sin el movimiento loco de sus famosos rulos.

"No habrá movimiento ni baile.Simplemente un sentimiento musical: historias que cuento por medio de la música. Tenía incertidumbre sobre si la gente lo iba a aceptar o no, pero el público ha reaccionado muy bien", le comentó por teléfono David a un colega.

Y así fue. Una velada intimista, tranquila, sentimental pero con la marca registrada del cantante andaluz: su optimismo, su alegría nunca se bajó del escenario.

Arreglos maravillosos. La banda que acompañó al músico fue aplaudida a rabiar, y con razón. Guitarras españolas, bajos, piano, batería y contrabajo con la dirección del genial David Palau versionaron con arreglos impactantes las canciones más conocidas del oriundo de Almería. Cambiadas hacia el swing, la bossa nova o el jazz; el sonido comercial de “Avemaría”, “Esclavo de tus besos”, “Lloraré las penas” o “Silencio” trocó en nuevas canciones.

“Disfruto estos conciertos a más no poder. Y creo que la energía en este caso se canaliza en otros lugares. Aunque no lo crean, termino a veces más cansado que en aquellos conciertos con baile. Quizá, por la dificultad musical, vocal y de interpretación. Además, los sentimientos afloran mucho más”, explicó el cantante.

Un viaje en el tiempo. El recital, de dos horas exactas de duración, se trató de un periplo en el que se intercalaron los temas más conocidos del español y aquellas canciones clásicas que siempre le gustaron: una suerte de homenaje a sus canciones favoritas de los últimos sesenta años.

Es así que pasaron, entre hit y hit, “Y si fuera ella” de Alejandro Sanz, “Lucía” de Serrat, “En un rincón del alma” de Alberto Cortez o “Adoro”, de Armando Manzanero.

Mendocinos embelesados. Si bien en un análisis prematuro algunos periodistas dictaminaron que los mendocinos presentes –un público casi igual en número de varones y mujeres- se comportaron en un principio apagados, sin corear las letras y hasta un poco apáticos; lo cierto es que en realidad había un clima de embrujo, de hechizo irrompible entre el cantante y el espectador.

 

Mito derribado. Un párrafo aparte merece el sonido: nítido, óptimo… excelente. Hay que recordar que el Bustelo es un lugar al que históricamente se la ha endilgado la fama de “lugar embrujado” en cuanto a acústica se refiere. La pregunta que quedó volando fue la siguiente: ¿Será que en otras oportunidades no se ha invertido lo necesario para lograr un sonido como la gente?

Un diez para la organización. Muchas puertas de acceso, un trato correcto para la prensa –atentos a que son personas que han ido a trabajar-, estricta puntualidad y orden garantizado que permitió que la velada fuera ideal.
  
El momento más emotivo. La calidez y humildad de David quedó plasmada en el momento más emocionante de la noche. Entre canción y canción, el artista divisó un cartel que decía “Tengo 80 años, soy de Almería y me encantaría abrazarte”.

Sin dudarlo, pidió que la portadora de la pancarta fuera ayudada para acercarse al escenario y al llegar, se confundió con ella en un abrazo. En pocas palabras la señora le contó su historia de inmigrante, y después de llorar juntos un instante, la besó y le dijo “Nada de llorar. ¡A reír, mi alma!”.


Las esperadas. Por supuesto, los momentos de clímax llegaron con “Dígale”, “Quien me iba a decir” y “Herederos”. Esta última, tema de la novela protagonizada por Romina Gaetani y Luciano Castro, hizo delirar a las chicas.

El instante más divertido se vivió cuando Bisbi interpretó “Lucía”, del grandioso Joan Manuel Serrat. La canción repite muchas veces ese nombre… y casi al terminar el tema se escuchó un grito desgarrador desde la platea: “¡Pero mi amor, me llamo Laura!”. Nadie puedo evitar la carcajada.

Fue una noche en la que la calidad y potencia vocal de quien participara en el primer concurso de Operación Triunfo de la historia –allá por el año 2002- se desplegó total y abiertamente, y se coronó como la vedette.

Animarse, en una primera visita, a traer un concierto de este tipo fue una jugada por lo menos arriesgada. En vez de “ir a lo seguro”, a lo que todos quieren ver y esperan de El, David se animó a lo distinto y le salió bien.   

Fotografías y videos: Denise Kemelmajer

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21 de agosto de 2018 | 00:18
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