Reflexión mendolotuda: ¿por qué los enólogos merecemos nuestro día?

Una buena nota de El Mendolotudo, para celebrar el día de esas personitas anónimas (aunque hay muchos muy famosos) que nos hacen felices, ver doble y, en el peor de los casos, estamparnos contra un árbol: los enólogos.

Como existe el día del bombero, de la secretaria, del plomero y “demases”, los enólogos también tenemos nuestro día y permítanme explicar porqué merecemos festejarlo:

Mientras es estudiante, el futuros enólogo tiene que tolerar que a la hora de hablar sobre la carrera ante cualquier persona extraña al mundo del vino se desarrolle una charla que básicamente siempre cae en el mismo formato de dialogo

-¿Que es lo que haces vos?

-Soy enólogo

-¿Estudias Ecología?

-No, no pibe, E-NO-LO-GIA

-Ahhh! ¡que interesante! (con cara de no comprender absolutamente nada) Y decime che,  ¿Cuál es básicamente el trabajo que hacen?

-Y…el enólogo es la persona que hace el vino.

-Claaarrrooo ¡lo que debes chupar! Borracho con titulo, digamos…Igual habría que ver que tan bueno sos, podrías conseguirme unas botellitas.

El enólogo se siente ninguneado cuando algún colgado afirma que el aroma del vino de debe al agregado de esencias (después de que  tuvo que comerse medio Flanzy, los 2 Rivereau Gayon, a Togores, Oreglia y Zamora para aprenderse los diecinueve mil reacciones y compuestos que pueden producirlos) y se ríe internamente cuando algún soberbio que mientras bebe un exquisito “Malbec roble de Lujan” (que en realidad es un 60% Aspiran de Lavalle zarpado en chip) alardea de sus extensos conocimientos.

El enólogo ama el vino, se apasiona cuando tiene enfrente una nueva botella para probar y sufre en silencio cuando en medio de un festejo familiar la tía Marta le agrega soda al Merlot gran reserva 2005 que le regalaron. También rinde culto al ritual del vino. Disfruta del descorche, de servirlo en una buena copa, y compartirlo con buena compañía (mucho mas si se lo mangueó de arriba a algún colega).

El enólogo es siempre una persona que  tiene muy buenos valores ético-profesionales a pesar de que  antes de saber que era un racimo de uva, aprendió a dibujar un CIU, y mucho antes (desde la cuna) entiende perfectamente el sentido de “hecha la ley, hecha la trampa”.

El enólogo comprende exactamente que es pagar derecho de piso, tolera años en el rol de “che pibe”, hace 200 análisis en 2 horas, y se desarrolla destrezas multiusos que involucran desde estar 10 horas parado en una cinta de selección, hasta tomar la gran responsabilidad de seleccionar el mejor corte.

En época de vendimia el enólogo de buena cepa no sabe de horarios, ni de dormir, ni de vida social. Religiosamente, de lunes a sábados, por varios meses se despierta con la salida del sol, y después de diez, catorce, dieciocho horas de laburo, corridas y puteadas vuelve a su casa matado. Sus amigos lo tildan de ortiva, su familia de hermético, y nadie, excepto un enólogo, va a entender cuan valiosas son esas escasas horas de sueño.

En fin, lo merecemos carajo así que ¡FELIZ DIA ENÓLOGOS!

Pero pará que aquí no termina la cosa. Pegate una vuelta por El Mendolotudo: hacé clic aquí.

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19 de julio de 2018 | 01:19
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