Calificadoras de riesgo: mentores intelectuales del crimen financiero

A lo largo de las últimas dos décadas quedó en evidencia la incapacidad técnica, la falta de rigurosidad metodológica, la ausencia de un marco regulatorio efectivo y el fraude sistemático de las calificadoras de riesgo a la hora de analizar la capacidad de repago en tiempo y forma de los distintos instrumentos financieros que existen en los mercados.

Durante sus cien años de existencia las agencias calificadoras de riesgo construyeron, acumularon y concentraron poder. No lo hicieron solas, estuvieron acompañadas por los organismos reguladores de los gobiernos en los países centrales, que crearon un jugoso y restringido mercado para un selecto grupo de empresas. Para emitir deuda, las empresas, provincias, municipios o países interesados deben legitimar/bendecir sus iniciativas mediante las notas que otorgan Standard and Poor’s, Moody’s o Fitch. Sin el visto bueno de esas compañías, esos papeles no serán siquiera considerados por los grandes inversores, ya que poseen, en la mayoría de los casos, limitaciones institucionales para comprar activos con una calificación que no supere determinado nivel en la escala de las agencias de rating, informa hoy el diario Página 12.

A lo largo de las últimas dos décadas quedó en evidencia la incapacidad técnica, la falta de rigurosidad metodológica, la ausencia de un marco regulatorio efectivo y el fraude sistemático de las calificadoras de riesgo a la hora de analizar la capacidad de repago en tiempo y forma de los distintos instrumentos financieros que existen en los mercados. La debacle hipotecaria en Estados Unidos y su abordaje de la crisis estructural en la Eurozona son los episodios más recientes en una larga tradición de irregularidades y limitaciones de las calificadoras. Sin embargo, su prontuario es más profuso. Entre los eventos destacados figuran la calificación AAA, la más alta y segura, que otorgaron y preservaron hasta horas antes de la quiebra de Enron en 2001 y Lehman Brothers en 2008.

S&P, Moody’s y Fitch cumplieron un rol activo en el diseño de los activos estructurados con hipotecas subprime y luego fueron llamadas para certificar el riesgo de esos títulos que habían colaborado a crear. Les otorgaron la nota más alta AAA, indicador del riesgo más bajo. Un informe elaborado por la SEC en 2008, el organismo regulador del mercado bursátil norteamericano, evidenció la incapacidad técnica para evaluar riesgo y los conflictos de intereses que generan los negocios de las agencias de rating al ser contratados por quienes desean colocar deuda. El año pasado, en una sesión de la Comisión de Investigación sobre la Crisis Financiera en el Congreso de Estados Unidos, tres analistas de Moody’s reconocieron haber sido presionados por la gerencia para elevar la nota de algunos productos financieros en beneficio de los emisores que habían contratado a la empresa. Los analistas que cooperaban eran premiados con bonificaciones y ascensos. Quienes se negaban eran relegados.

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25 de junio de 2018 | 01:46
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