Divididos acústico: la noche de las canciones desnudas

La aplanadora del rock se presentó por dos noches en el Teatro Plaza de Godoy Cruz y ofreció sendos conciertos que serán inolvidables, por su calidad y excelencia musical. Obviamente, el final no fue para nada acústico.

Divididos volvió a Mendoza de una manera que nunca habíamos visto: en versión acústica. Desde luego que la sola presencia de la Aplanadora del rock hace que cualquier lugar se llene a full –como sucedió en las dos noches del Plaza- y la inquietud por ver este estilo de concierto fue la nota predominante de ambas noches.

Así, por enésima vez, el power trío dejó más que conformes a sus seguidores y brilló con un set de canciones desprovistas de todo ropaje eléctrico, permitiendo que los espectadores disfrutaran de ellas de la manera en que nacieron, es decir, a dos guitarras y una simple percusión.

Dentro de este panorama, el clima de intimidad y distensión que se creó en el lugar dio lugar para disfrutar de canciones como “El Fantasio”, “Dame un limón”, “Spaghetti del rock”, “Par mil”, “La ñapi de mamá”, “Ay que Dios boludo”, “Amapola del 66” y otros éxitos más.
Asimismo –y para deleite de muchos- hubo un hermoso set dedicado a Sumo, con temas como “Los 5 Magníficos”, “Regtest” y “Breakin away”, con la guitarra rítmica de Diego Florentín como invitado especial.

Pero, el momento más álgido de la noche se dio cuando los mendocinos Orozco-Barrientos subieron a escena para poner su personalísimo toque en “Ortega y Gases” y la bellísima “La flor azul”, permitiendo que la platea explotara en aplausos y hasta que alguna parejita se animara a bailar delante de todos.

Para el final de las dos horas y cuarto que duró el show, el acústico fue cambiando a eléctrico y aparecieron furiosas versiones de “Perro funk”, “Salir a comprar”, “Cabeza de maceta” y la inesperada pero siempre magnífica “Aladelta” dejando para el final una íntima y desenchufada versión de “El burrito”.

Sencillamente genial.

Divididos mostró todo su talento en doce cuerdas y una simple percusión –por momentos- regalándole a sus seguidores un concierto lleno de detalles, lujos y pasiones. Algunos se dieron cuenta de eso y lo disfrutaron en silencio; otros, tuvieron la necesidad de hacerlo cantando a gritos. Lo cierto es que esta pasión es tan original y necesaria tanto para el que disfruta callado como el que lo hace saltando.

En síntesis, fueron dos noches apasionadas, que fueron de acústico a eléctrico, permitiendo que todos se fueran a casa con una sonrisa dibujada en sus caras.

 

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16 de agosto de 2018 | 09:03
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