Nadie se arrepiente, ni siquiera frente a lo irreversible

La tragedia de Juana Viale estalló en el corazón de la tele, un organismo que por momentos deja la sensación de tener el cuerpo rígido y el cerebro quemado: desde allí parece emitirse todo el tiempo una sola y repetitiva orden, la de mirarse el ombligo. Marcelo Stiletano en La Nación.

La tragedia de Juana Viale estalló en el corazón de la tele, un organismo que por momentos deja la sensación de tener el cuerpo rígido y el cerebro quemado: desde allí parece emitirse todo el tiempo una sola y repetitiva orden, la de mirarse el ombligo.

Un hecho de irreversible dolor acaba de golpear a una de las figuras más expuestas a las acechanzas de la "patria chimentera". Aunque la cuestión va más allá si tenemos en cuenta que la TV abierta incluye en su horario central nocturno hasta un ciclo dedicado a compilar imágenes de cámaras de seguridad. El gran ojo mediático fuerza las cosas en todos los géneros, expresiones y horarios: cada uno tensa su propia cuerda para demostrarse a sí mismo y ante los demás cuál es más realista, cuál esconde menos.

Después de la pena, el caso Viale trajo cierta vergüenza vestida de arrepentimiento, en especial por parte de Gastón Portal, uno de los grandes responsables de la bulimia autorreferencial que padece nuestra TV. Pero en tanto las palabras no se conviertan en hechos, ese gesto de remordimiento será tan creíble como los comportamientos "francos y abiertos" de los participantes de Gran Hermano o la naturaleza "espontánea" de las peleas cotidianas en ShowMatch.

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14 de agosto de 2018 | 20:29
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