El recuerdo de Tavo Kupinski

La revista Rolling Stone publica hoy en su edición digital una nota con el músico. Fue hace diez años, en la primera tapa de Los Piojos en RS, donde el violero era descripto como un nostálgico, fanático del fútbol y coleccionista de todo lo que olía a tango.

Hace diez años, cuando Los Piojos aún no habían editado Verde Paisaje del Infierno, la banda de El Palomar llegaba por primera vez a la tapa de Rolling Stone, con una producción de fotos alusiva a El Eternauta. En la nota, el periodista Esteban Pintos realizó un perfil de Tavo Kupinski; tras el trágico accidente que terminó con su vida y con la de su mujer, así lo recordamos:

Tavo. Kupinsky, Gustavo Hernán. 26 años, guitarrista. Sobrino de Rodolfo Terragno, Ministro coordinador del Gabinete Nacional. Entusiasta estudiante de bandoneón (alguna vez hasta se animó a subir con su fueye al escenario de Los Piojos). Hincha de River y coleccionista (casi) compulsivo de todo lo que huela a tango y a fútbol. "Pero también colecciono cosas raras y otras que tienen que ver, quizá, con una melancolía del pasado..."

Te mira fijo cuando te habla. Tiene postura de chico serio. Su relación con el tango proviene, dice, de su abuelo, José Demetrio Terragno, un tipo al que no conoció pero que, sabe Tavo, supo ser letrista, compositor y bohemio porteño, "íntimo amigo de Julián Centeya". Tal vez por eso, dice, le hubiera gustado vivir en otro tiempo.

"Siempre creí que soy medio nostálgico; me hubiese gustado nacer antes, en la década del 20 o del 30." Movido por esa fascinación por aquellos años locos y sus personajes, un día consiguió el teléfono de Enrique Cadícamo y lo llamó. Tres veces. Hasta que Cadícamo atendió.

-Tenía 96 años y era un prócer viviente, quería hablar con él, que me dijera algo, lo que fuera... Se acordó de mi abuelo. Me preguntó si yo estudiaba en un conservatorio y me dijo: "Si estudiaste en conservatorio, nunca vas a tocar el tango".

Tavo agarró la guitarra a los 10 años. Era zurdo y se dio cuenta de que no le salía. Dio vuelta las cuerdas y arrancó. Ya era de River. Desde los 11 va regularmente al Monumental, casi siempre a la Almirante Brown alta. "Y si estoy cerca de una cancha y hay fútbol, voy a verlo, aunque sea fútbol 5...", confiesa con expresión divertida de junkie de la pelota. En 1998, viajó a Francia para ver el Mundial.

-Vi todos los partidos de Argentina, Rumania- Colombia, y... la final.

-¿Tenías entrada?

-No, me colé.

-¿Te colaste en el Mundial de Francia?

-Chamuyé a un negro que estaba en la puerta y, después de casi dos horas de dar vueltas y esperar, me dejó pasar. Fue increíble. Cuando terminó el partido, salí de la cancha corriendo y desde un teléfono público llamé a mi casa para contarlo. Nadie me quería creer.

Fuente: Rolling Stone

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15 de agosto de 2018 | 16:26
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