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Mendoza despide a un “héroe cotidiano”

Hoy se fue un guerrero y un ejemplo. En la persona del ex rugbier Carlos Cippitelli, una reflexión sobre la importancia de la honradez, honestidad, integridad y rectitud de comportamiento.

El héroe mitológico por excelencia es Hércules –Heracles, para los griegos-. Simboliza al hombre cuyas características lo hacen sobresalir por encima del resto de los mortales. Es una verdadera joya pulida a base de trabajo interior con el acento en corregir sus vicios y robustecer sus virtudes. Hércules es el que ha dominado sus propias limitaciones y defectos a base de esfuerzo, y puede inspirar a sus semejantes, y motivarlos a que no desfallezcan en la búsqueda de su destino.

Generalmente nos acostumbramos a relacionar la imagen de los héroes con personajes de ese tipo: la mitología y la ficción son sus reinos. O por lo menos, viven en la historia pasada… San Martín, Belgrano, etc. Son, para todos, seres bastante lejanos. Sujetos que hacen cosas físicamente imposibles o que alcanzan hazañas épicas.
 
¿Por qué será? Quizás la respuesta más atinada sea que ubicar estas responsabilidades fuera de nuestro alcance, nos tranquiliza y nos sirve para eximirnos de la tarea de emprender, del sacrificio de ser coherentes, del trabajo del constante crecimiento personal y las postergaciones que suponen el altruismo y la nobleza.

Gentileza, diario "Los Andes".

Lo que se dice, un Señor
 
Hoy, después de luchar como el mejor de los guerreros contra una cruda enfermedad, se fue Carlos Cippitelli. Un gran tipo. Un mendocino que jugó en el Mendoza Rugby. Su lugar en la cancha era ser “centro tres cuartos” y fue capitán de su club y del seleccionado provincial por muchos años. Varios de los jugadores que compartieron innumerables vestuarios y canchas con el "Cabezón" –su apodo- lo llamaban “el Gran Capitán”.
 
Sus triunfos se iniciaron  en 1981, cuando ganó con el seleccionado junior de la URC un torneo sudamericano, y además ganó con la primera del club del Bermejo varios campeonatos mendocinos.
 
Con el seleccionado mayor desafió a potencias del rugby, como Francia, Inglaterra, Australia y Nueva Zelanda. Son recordados por miles los rimbombantes triunfos ante los ingleses y franceses en la cancha de Independiente Rivadavia de Mendoza.
 
Sería en ese mismo lugar donde luego profesaría la docencia -en el Club del Parque- y transformaría un gimnasio en un espacio donde no solo se cultivaba el deporte y el físico, sino también la amistad, el don de gente y la honestidad como ciudadano.

Son muchos los que, al escuchar su nombre, cuentan anécdotas que siempre tienen que ver con una palabra de aliento, una enseñanza en valores, un consejo de padre, un ejemplo de vida sana.

Carlos siempre fue un gentilhombre prototipo de perseverancia, integridad, lucha y educación.
 
El San Isidro Rugby Club –uno de los más grandes de la Argentina, y espacio referente para el rugby a nivel nacional- tomó nota  de sus valores y su vida, y hace pocos años lo destacó nombrándolo miembro honorario.

Carlos siguió siendo un tipazo que regalaba su amistad sin miramientos hasta el final.

Y eso que estuvo inmerso, como Hércules, en una difícil batalla.

Una imagen del archivo personal de Carlos Cippitelli.

No basta con contemplarlo

Ante vidas como las de estos hombres -como la de Carlos Cippitelli-, nosotros tenemos la posibilidad de espejarnos y decidir qué queremos hacer con la nuestra, qué queremos lograr con la nuestra. El héroe cotidiano es aquel que toma postura, que milita la vida, que se enfrenta a sus miedos y los vence, incorporándolos de forma natural a su existencia.

Ser un héroe cotidiano se manifiesta en el deseo y el esfuerzo de ser, cada vez, mejores personas, hombres y mujeres que sueñan con construir un mundo nuevo y mejor –aunque suene cursi, o parezca frase hecha-. Y paradójicamente, es el heroísmo que no tiene publicidad, no es remunerativo, no cobra sueldo. La satisfacción es la del orgullo y la dignidad de hacer nuestro mejor esfuerzo; cumplir con nuestro deber.

Las ansias de superación, el interés por quebrar metas, la intención de aprender de la vida y transmitir esas enseñanzas y sobre todo de servir de ejemplo a otros, hacen al verdadero héroe diario… y de los actos heroicos brotan chispas que iluminan el mundo.

Que descanses en paz, Carlitos.

Opiniones (7)
22 de abril de 2018 | 12:43
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22 de abril de 2018 | 12:43
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  1. Cabezon, en la vida como en la cancha no bajaste los brazos nunca.- Estoy triste, se me fué un amigo, de muchisimos momentos compartidos.-
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  2. En la vida cotidiana todos luchamos por vencer los escollos que se presentan. Nos quejamos cdo. no logramos lo que queremos y bajamos los brazos. Cuando lo veo a Carlitos peleándole a la vida día a día me doy cuenta que mis batallas no son batallas. Él es un gladiador que con su bonomía, su solidaridad, su amistad, con su lucha nos enseña a no bajar los brazos y a seguir adelante siempre. Te admiro Carlitos!!!! Sos el ejemplo a seguir!!!!!!!!
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  3. Voy a su gym y la verdad me enseña todo los dias, lo que es superarse y ponerle huevos a la vida,... un gerrero jamas detiene su marcha...
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  4. mi profesor y mi ejemplo, para imitar siempre, el eterno gran capitan, grande carlos!!! . desde Honduras.
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  5. Sin dudas Carlos merece eso y mucho mas
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  6. Tuve la fortuna de ser dirigido técnicamente por Carlitos en las juveniles del Mendoza Rugby Club en la decada de los ochenta. Jugador y entrenador, entrenador y amigo. Ejemplo desde cualquier aspecto. La vida me alejó del rugby, pero entre los mejores recuerdos de esa epoca; esta su ejemplo.
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  7. Esa época era la belle epoque del rugby mendocino. Ver a esas figuras de nuestro rugby era todo un programa de fin de semana. Soy de Liceo, y sin dudas, esa época era querer ver a los "conejos" y los "curas" a pesar de mis sentimientos. Tengo cuarenta años, y me encantaba ver a estos tipos dentro de la cancha, pero lo que más me llamó la atención de éste JUGADOR, era su liderazgo. Ante alguna indisciplina de algunos de sus jugadores, los retaba. Ante alguna duda sobre una desición arbitral, se acercaba con respeto y consultaba al árbitro. Como jugador, no caben dudas. Soy "clavo", y lo odiaba porque era buenísimo contra nosotros. Ahora bien, espero que se entienda esto: soy fanático de Boca, pero me encantaba ver a Francéscoli en una cancha. Ver jugar a este "tipo de tipos", es un gran recuerdo de mi adolescencia rugbistica. Lo bueno es que a mis cuarenta, tengo esos recuerdos de esos gladiadores como Carlos Cippitelli. Cabezón..te odiaba porque eras buenísimo, por tus excelentes tackles a mis ídolos y por tus tries inevitables. Pero no cabe dudas que terminaba admirándote por tu clase de jugador y por tu liderazgo dentro y fuera de la cancha. En esta pelea, que no te confundas, no voy a ser hincha del Mendoza, soy hincha tuyo.
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