Por qué pedimos a los mejores en las comisiones legislativas

Provocó revuelo y debate una nota de MDZ acerca de la designación de un legislador que no es abogado en la presidencia de la comisión de Asuntos Constitucionales del Senado provincial. Aquí las razones para reclamar un cambio de mentalidad.

No sería novedoso plantear aquí que las instituciones políticas están desprestigiadas. Pero sí es un buen momento para invitar, una vez más, a que algunos políticos reflexionen sobre la incidencia de sus conductas y decisiones en este panorama. Y proponerles empezar a cambiar su imagen frente a la sociedad.

Este diario advirtió días atrás sobre algunas irregularidades en el nombramiento de los presidentes de las comisiones legislativas. Dimos un pequeño vistazo y detectamos un error: la comisión de Legislación y Asuntos Constitucionales (LAC) del Senado quedará en manos de un senador justicialista que no tiene título de abogado: Miguel Serralta. Se trata de uno de los organismos más importantes de la Legislatura, ya que leyes como la reforma constitucional y la preaprobación de los pliegos de los futuros jueces mendocinos tienen paso por esta
comisión, lo cual, a nuestro juicio, requiere de claras aptitudes y conocimientos académicos vinculados al derecho.

La nota provocó ciertas reacciones por parte de los lectores. Conocedores de la vida reciente de la Legislatura, nos recordaron rápidamente que Serralta no es el primer presidente de LAC sin conocimientos de derecho. De hecho, Serralta ha tomado la posta que
dejó el radical Armando Camerucci, quien tiene título de agrimensor.

Agradecimos el dato, que se nos había pasado por alto, pero en las charlas en las que fijamos los criterios editoriales de MDZ, siguió primando el mismo análisis: no corresponde que quede en manos de un legislador no experto en el derecho esta comisión. Tampoco es adecuado sacar los archivos para justificar una medida actual con errores del pasado: si antes se hizo mal, en algún momento hay que corregir el rumbo.

Ningún otro aspecto de la trayectoria política de Serralta incidió en nuestro análisis periodístico de la situación. Simplemente, sentimos que su designación no le hacía bien a la vida institucional de la Legislatura, que hace muy poco sufrió sacudones fuertes por cuestiones de títulos y aptitudes académicas: Leticia Mayorga, una legisladora que se había hecho pasar por licenciada a la hora de asumir, tuvo que renunciar a su banca.

Tampoco pudimos pasar por alto otros datos de la comisión en cuestión. Entre sus miembros hay abogados que tranquilamente podrían haber quedado en la presidencia de LAC. Miriam Gallardo (PJ), Alejandra Namam (ARI) y el propio ex fiscal de Estado de la provincia, Aldo Giordano (PD). En cambio, el juego de los equilibrios políticos primó exageradamente, al punto que, entre las autoridades del organismo, aparece un médico: el radical Abel José.

Oportuno creemos aquí recordarles a los legisladores que, en los últimos tiempos, nadie ha conseguido quitarle a la Legislatura ese halo de sospecha por parte de la opinión pública, esa sensación, a veces cierta y en otras oportunidades injusta, de que es una institución poblada de ñoquis y de privilegiados que ganan un buen sueldo por no hacer nada, o muy poco.

Quitarle semejante mochila es difícil, pero, quizás, no imposible. Un buen comienzo sería dotar de calidad al trabajo de las comisiones, que son los organismos donde se cocinan las leyes, se moldean, antes de llegar al recinto.

La gente desconoce que las comisiones existen. El ciudadano común sólo ve en el legislador a una persona que se sienta una vez a la semana en una banca para levantar la mano en una votación y dar algunas opiniones sobre determinado tema.

Pero el legislador pasa mucho tiempo dentro de las comisiones. Bueno sería que ese tiempo sea ocupado por los mejor preparados en cada área. La imagen legislativa y el diseño de las leyes se lo agradecerían.

Esto también le daría una dosis de prestigio al gobernador electo, Celso Jaque, quien ha dejado fluir la sensación de que va a seleccionar a los mejores de cada área en el armado de su gabinete de ministros y funcionarios. La Legislatura es parte del Gobierno. Por eso hace
ruido que, a la par de esta selección rigurosa de figuras para el Poder Ejecutivo, el nuevo gobernador haya dejado libre al juego de la rosca política la definición de algunos cargos que podrían marcar el destino de la gestión en el otro poder que controlará el mandatario a quien los mendocinos le dieron su voto.
Opiniones (0)
22 de junio de 2018 | 03:13
1
ERROR
22 de junio de 2018 | 03:13
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"