Los Rodríguez Saá y el Pro negocian un nuevo espacio opositor

Algo se asoma, con el mayor de los sigilos, en el Congreso. Su ambición: convertirse en la segunda fuerza en la Cámara de Diputados, detrás del kirchnerismo, y por delante de la UCR y de la Coalición Cívica.
Los principales operadores del acuerdo, entre ellos el diputado Juan José Alvarez, esperan sumar al lavagnista Jorge Sarghini.

Tendría un claro perfil de centro y estaría conformada -si se completan las tratativas esta semana- entre Pro, Unión Pro (de Francisco de Narváez), las huestes puntanas de los hermanos Rodríguez Saá y sectores del peronismo disidente.

Mañana será el día D: los principales representantes de estas fuerzas decidirán si se unen en un interbloque y qué características adoptará. La tentación es grande. Si alcanza a la treintena de legisladores, quedará consagrada como segunda fuerza en la Cámara baja -lo que le permitirá ganar cargos- y se erigiría como un referente insoslayable de la oposición.

La pelea no es fácil. La Coalición Cívica, aliada con los socialistas, reunirá después del 10 de diciembre 27 diputados y, además, tendrá tres senadores en el Senado. La UCR ya reúne 27 o 28 diputados, y tiene 7 u 8 senadores propios. Este nuevo espacio de centro, en estado embrionario, también aglutinaría una veintena de diputados, aunque aspira a superar los 30 si se sumaran algunos provinciales, como los del Movimiento Popular Neuquino.

Los principales operadores del acuerdo, entre ellos el diputado Juan José Alvarez, esperan sumar al lavagnista Jorge Sarghini. "Hasta ahora, sólo hubo conversaciones informales. Integrar el espacio sólo tendría sentido si va más allá de lo parlamentario", dijo a LA NACION.

No es la primera vez que algunos de estos sectores del peronismo no kirchnerista intentan conciliar en un mismo sector: en 2005 diputados del peronismo bonaerense que respondían al entonces candidato presidencial Roberto Lavagna juntaron fuerzas con los puntanos y otros legisladores del PJ disidente. El experimento no funcionó, sencillamente porque cada uno apuntó a proyectos electorales diferentes. Resultado: obtuvieron algunos cargos y luego el espacio se fracturó.

La expectativa de Macri

Este nuevo ensayo procurará no repetir esos errores, según confían algunos de sus operadores. Por lo pronto, tendría un rasgo distintivo respecto del anterior experimento: participará Pro, y con él, tácitamente, Mauricio Macri, jefe de gobierno porteño electo, que sigue de cerca estas tratativas parlamentarias.

"De todas maneras, esto no pretende ser un sostén legislativo para Macri; son dos cosas independientes", aclaran en las huestes de Pro.

El principal desafío de este espacio es mantener la cohesión pese a las apetencias electorales y políticas particulares de cada fuerza. Si bien hay vocación de unidad, sobran antecedentes de fracturas en otros ensayos. "Intentaremos fijar reglas de juego claras desde el principio: por ejemplo, que las votaciones sean unívocas, no que un sector apruebe un proyecto y su socio legislativo lo rechace. No debe haber, tampoco, una fuerza que prevalezca: la presidencia del espacio debería ser rotativa", sugirió uno de los negociadores.

El desafío es conformar un polo opositor capaz de hacerle frente, al menos en lo discursivo, a la abrumadora mayoría oficialista en el Congreso. "La atomización de la oposición siempre será funcional al kirchnerismo. Por eso, más allá del interbloque que se conforme, el diálogo con la Coalición Cívica y con la UCR debe estar abierto", enfatizó Federico Pinedo (Pro-Capital).

La Coalición Cívica, que asomaba como una clara segunda fuerza parlamentaria y política, comenzó a desmembrarse con el retiro anticipado de un grupo de aristas. De haber mantenido su unidad, el bloque hubiera reunido 35 diputados.
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20 de julio de 2018 | 04:18
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