Cómo cambió la vida en Gualeguaychú

Hoy se cumplen 365 días ininterrumpidos del bloqueo al puente que conecta esa localidad con Fray Bentos. Las historias.

El corte al puente General San Martín que se realizó desde hace un año transformó la vida de centenares de vecinos de Gualeguaychú que debieron combinar sus actividades cotidianas con una lucha por la preservación del medioambiente, amenazado por la potencial contaminación que traerá la pastera Botnia.

"Lo que uno hace no es más que lo que hace la mayoría de los vecinos de Gualeguaychú", dijo a Télam José Pouler, integrante de la Asamblea Ciudadana Ambientalista de Gualeguaychú, propietario de una pizzería en el centro de esa ciudad turística entrerriana.

Desde hace un año, Pouler dejó de lado su rutina diaria y abandonó encuentros tradicionales con sus amigos, con quienes se iba a pescar una vez por mes, ya no mira televisión para entretenerse y duerme tres horas menos "en el mejor de los casos".

Ahora, concurre a las tres reuniones semanales de la asamblea, pasa una noche cada dos semanas en el corte, en el paraje Arroyo Verde, y además participa de las actividades programadas, en Gualeguaychú y también en otros lugares del país.

Pouler dice que tiene "la suerte" de poder dedicarse casi a tiempo completo a la "causa" porque su mujer lo "reemplaza" en la pizzería y afirma que antes "arrancaba a las 8 de la mañana y ahora a la 5, muchas veces para atender a los medios de prensa nacionales y locales".

El 20 de noviembre del 2006 se inició en Arroyo Verde un corte "ininterrumpido" en el puente General San Martín, que conecta las ciudades de Gualeguaychú (Argentina) y Fray Bentos (Uruguay), a través de la ruta 136, "a favor de la vida y en contra de la pastera" Botnia.

La "relocalización" de la pastera Botnia "fuera del compartido Río Uruguay" es el objetivo de esta medida de acción, más aún hoy que la planta ya está funcionando en Fray Bentos, y ya comienzan a sentirse algunas consecuencias de la actividad industrial, como el fuerte olor a coliflor hervido, o "huevo podrido" como dice la mayoría.

A un año del corte, Gustavo Rivollier, "histórico coordinador" de la asamblea, está convencido de la causa por la que lucha y dice que "hoy volvería a votar el corte", aunque le haya sacado tiempo a su trabajo de "técnico informático por cuenta propia" y también a su familia.

"Es difícil todo esto, se trabaja 24 horas, sin horarios, pasamos poco tiempo con la familia, lo que implica algunos conflictos, nos pasamos períodos persiguiendo camiones, y en mi caso que soy tesorero de la ONG buscando fondos y cuidando los que hay", dijo Rivollier a Télam.

Rivollier, que tiene hijos con edades que van desde los 8 a los 21 años, dice que trata de levantarse a "la misma hora que siempre", algo que "a veces logra", pero que en realidad, como el resto de los asambleístas, está "siempre al pie del cañón".

 Juan Veronessi, otro integrante de la asamblea, también encontró "la forma" de combinar su participación en la lucha contra la pastera Botnia con su actividad de apicultor e, incluso, con su vida familiar y social, pero no duda al afirmar que "desde hace cuatro años, cuando empezó esta lucha, me cambió la vida".

"Mi mujer y mis hijos -de 24, 26 y 28 años- también participan de las asambleas y de las actividades. Con mis amigos, con los que me encontraba todos los jueves para comer, me sigo juntando, sólo que ahora lo hacemos en Arroyo Verde, dónde organizamos una peña y nos quedamos a pasar la noche", contó Veronessi a Télam.

Veronessi, que integra la Comisión de Acciones de la Asamblea, está abocado a la organización de una marcha a Plaza de Mayo, para el 12 de diciembre, "a favor de la vida y de la dignidad".

El asambleísta, que también tiene una fábrica de dulces regionales, dice que "todo lo que hace lo hace con mucho gusto" y que muchas veces logra "coincidir" en los viajes que se hacen en el marco de la lucha con "su mujer".

Entre los asambleístas también hay médicos, como Martín Alzard, que ofrece charlas sobre los efectos de la contaminación de la industria pastera sobre la salud de la gente.

También hay contadores, como Daniel Pérez Molemberg; recitadores, como Miguel Lemes; empresarios rurales, como Alfredo De Angelis, además de gente vinculada con el negocio del turismo hotelero y de transporte.

"Todos los vecinos de Gualeguaychú, cuando participan de las asambleas, ya son asambleístas", dijo Pouler, que destacó el "mecanismo de rotación" como pilar fundamental de que la Asamblea continúe en el tiempo, sosteniendo cada una de las actividades que son parte de la lucha.

Precisó que "en las asambleas hay entre 300 y 500 personas que participan, pero si en dos semanas se toma una foto verán que sólo hay 150 que se repiten, y el resto son todos distintos".

Otros asambleístas Luis Correa, que dedica casi todo su tiempo a la lucha, pese a ser cuentapropista; Rubén Weimberg, que trabaja en la ley de la madera; Jorge Fritzler, que está en cada acción que se realiza, y Osvaldo Moussou, que ahora se dedica a la política de la mano del radicalismo.
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15 de agosto de 2018 | 04:48
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