Fraybentinos repudian a manifestantes argentinos: "Tírenlos al agua"

Vecinos del pueblo uruguayo que alberga la planta de celulosa vivieron la protesta sobre el río fronterizo de los ambientalistas argentinos del sábado como en un estadio: aupaban a agentes que resguardaban la pastera y pedían arrojar al agua a los manifestantes. Una nota de cómo viven el conflicto del otro lado del río.

Jimena Fernández, de 45 años, junto a sus dos pequeños hijos  y una vecina, agita la bandera uruguaya que ha sostenido en alto desde que se inició la manifestación, en un principio anunciada por aire, mar y tierra, frente a las costas de la uruguaya Fray Bentos, y grita con rabia "Viva Uruguay, tírenlos al agua".

Una docena de lanchas provenientes de la orilla argentina del río Uruguay, de soberanía compartida, se convirtieron en la avanzada de la protesta, lanzando lemas contra la planta de celulosa de la finlandesa Botnia, que recibió el jueves en la noche el permiso para empezar a operar de Montevideo, lo que causó malestar en Buenos Aires y en los ambientalistas.

Por tierra, los manifestantes argentinos pudieron llegar hasta la mitad del puente General San Martín, sobre el río, que une a los dos países, luego de que el gobierno uruguayo cerrara ese paso fronterizo el viernes. En septiembre habían llegado con una protesta hasta Fray Bentos.

Y los ambientalistas habían anunciado desde la mañana la suspensión de la incursión aérea para acompañar la manifestación del sábado.

Momentos antes de iniciarse la movilización, decenas de fraybentinos, con binoculares, banderas y la bebida típica mate en mano, llegaron hasta una playa aledaña a la ciudad, un sitio desde donde se podía apreciar el puente internacional, la fábrica de celulosa y los botes de la prefectura uruguaya que la cuidaban.

Los que tenían binoculares iban narrando los acontecimientos: "Ahí vienen las lanchas argentinas", decía un señor. "Qué vergüenza", replicaba una señora. "Son más o menos doce lanchas, ya se acercan al puerto de Botnia". "Son unos atrevidos", intervenía otra mujer.

"¡Mirá, mirá! Hay fuego en esa lancha", dice alarmada una mujer. "Son luces de bengala", la tranquiliza un señor con binoculares.

"No los dejen acercarse, tírenlos al agua", grita Jimena Fernández a los agentes de prefectura, cuyos botes son rodeados por las lanchas de los ambientalistas, que gritan consignas contra la pastera y portan pancartas contra el gobierno uruguayo.

Una pequeña embarcación con periodistas sale desde la orilla de la playa y los fraybentinos estallan en aplausos y se multiplican las vivas. "Vamos Uruguay", dice emocionada una señora.

Leonardo Pilón, que trabaja en una radio local, explica el resentimiento de los habitantes de la zona. "El corte mató el turismo local, enterró la temporada de turismo", dice, en referencia al bloqueo al puente General San Martín que desde noviembre de 2006 realizan los ambientalistas, en protesta contra Botnia, que ya lanza humo desde sus chimeneas activas.

"Esto es una tomadura de pelo, y no es la Argentina, es un grupo de anormales, porque nosotros tenemos familia del otro lado", señala Cecilia Trívoli, enfermera de 38 años.

Mario Borgio, de unos 50 años, dice en voz baja: "Yo tengo algo de temor, por el impacto que pueda tener esta planta, me parece que el corte del puente es una locura, que el gobierno argentino no haga nada. Pero igual me preocupa un poco el impacto que esto pueda tener en la zona del río y la fauna".

Entre las decenas de autos que llegaron a la playa, uno de ellos sintoniza una emisora de Gualeguaychú, que es escuchada y comentada con ironía por un grupo de uruguayos. Siguen con atención los pormenores de la movilización de los ambientalistas sobre el puente, y lanzan frases mordaces.

"Se quejan de que Uruguay cerró el puente, ¡pero si ellos hace meses que lo cerraron!", se mofa un septuagenario.

De la radio suena un cántico, en ritmo de techno: "Gualeguaychú no va a aflojar, Uruguay no va a aflojar, aire limpio, agua limpia, no a las papeleras". Es recibido con risotadas y burlas de los fraybentinos, que disuelven su rabia con bromas contra los ambientalistas.
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