Lluvia de dudas en el gobierno de Cristina

A una semana de haber triunfado abrumadoramente en las elecciones en Argentina, la prensa internacional sigue analizando la situación política de nuesto país.

La versión latina del diario norteamericano Miami Herald (El Nuevo Herald) publicó en su edición de hoy lo siguiente:
La abrumadora victoria de Cristina Fernández de Kirchner, esposa del actual presidente de Argentina, Néstor Kirchner, dio la impresión de indicar que el Partido Peronista estaba de vuelta y más fuerte que nunca. Sin embargo, la forma en que ganó la elección y los desafíos económicos que ella enfrenta demostrarán ser una dura prueba de sus capacidades para mantener a la pareja en el poder.

Fernández, de 54 años, ganó este domingo con 45 por ciento de los votos, convirtiéndose en la primera mujer que es elegida presidenta y cimentando a los Kirchner como una dinastía política.

Su desafiante más cercano, la integrante del Congreso, Elisa Carrio, tendiente al centroizquierda, captó 23 por ciento de los sufragios. No obstante, un análisis del voto muestra que la presidenta electa ganó tan sólo en dos grandes centros urbanos -- Mendoza y San Miguel de Tucumán --, captando la mayor parte de su respaldo en las provincias donde las clases de bajos recursos votaron con fervor nacionalista por continuar con las políticas de Kirchner, las cuales lograron sacar a la Argentina de su crisis económica del 2001, considerada por muchos economistas la peor en la historia del país.

El viejo Partido Peronista que la llevó hasta la victoria ha pasado por tantos cambios a lo largo de la última década que ''necesita con desesperación algunas vitaminas'', dijo Graciela Roemer, analista política en esta ciudad.

Fernández hereda una inflación de dos dígitos y una crisis de energía en el horizonte, dos temas que serán difíciles de resolver sin ganarse la enemistad de las clases pobres, que son las más vulnerables a los impactos sobre la economía.

No obstante, su éxito final en la formación de la base de su partido y afianzar el control de los peronistas sobre el poder podría depender de su capacidad para responder a las demandas de la clase media, la cual ha criticado las tendencias autoritarias del gobierno de Kirchner. Fernández no logró ganar en Buenos Aires, Córdoba y Rosario, tres ciudades con sustanciales poblaciones de clase media.

''Ella tendrá que seguir con las políticas económicas de Kirchner pero tendrá que ponerle un alto a la concentración del poder'', explicó Roemer, ``e ir en pos del impulso a un mayor diálogo y consenso''.

El peronismo, movimiento populista y nacionalista que surgió del mandato del ex presidente Juan Domingo Perón, en años recientes se ha convertido en tres partidos políticos en uno, con Kirchner encabezando la vertiente de centroizquierda, que alberga tendencias más pragmáticas. Sin embargo, su mandato fue tenue en el 2003, cuando obtuvo tan sólo el 22 por ciento del voto en la primera ronda electoral. El presidente en esa época, Carlos Menem, otro peronista que acogió un modelo neoliberal, se retiró de la contienda, haciendo que el desempate fuera innecesario.

Incluso con el enorme margen de victoria de Fernández, la capacidad del gobierno para maniobrar podría estar más limitada que antes, comentaron algunos analistas esta semana. Es probable que la nueva presidenta herede el descendiente índice de aprobación de su marido, a medida que los electores hagan pocas distinciones entre ella y Kirchner, destacó Daniel Kerner, analista del Grupo Eurasia.

Además, el gobierno estará sumamente atareado controlando los precios al consumidor. Fernández ha insistido en que las cifras oficiales del gobierno donde se muestra una inflación entre 8 y 10 por ciento no han sido manipuladas, pero economistas tanto aquí como en el extranjero han dicho lo contrario desde hace varios meses, estimando una tasa inflacionaria más cercana al 20 por ciento.

El gobierno se propone reducir la inflación a través de un ''pacto social'' entre el sector privado y los sindicatos, lo cual mantendría un tope sobre los precios y las demandas de aumentos salariales, así como a través de un ajuste fiscal aplicado de manera gradual. Sin embargo, las medidas con el potencial de desacelerar el crecimiento o limitar el consumo serán impracticables en términos políticos, destacó Kerner, ya que socavarían la base de apoyo popular del gobierno.

Con todo, una de las ventajas de Cristina Fernández es el fracturado estado de la oposición en Argentina. Julio Burdman, analista político, se refirió a la organización de la oposición como la más débil en la historia argentina. Los partidos opositores se reunieron brevemente para protestar por votos perdidos en la noche de las elecciones, acusación que, argumentó Fernández, debería ser investigada.

Se anticipa que Fernández tenga un firme aliado para ayudarle a tapar los huecos en el aparato del Partido Peronista: su marido. Kirchner dijo en algunas entrevistas de la semana pasada que, tras la elección, él se dedicaría a ''construir organizaciones sociales'', indicación que algunos analistas consideran equivalente a que él planea apuntalar al partido.

De tener éxito, eso pudiera bastar para que corra a reemplazar a su esposa en la presidencia, en vez de que ella corra el riesgo de tener el estatus de una presidenta sin poder. Algunos analistas creen que Kirchner tenía en mente precisamente ese plan cuando decidió, en julio, que no se postularía para la reelección, pese a su popularidad en el momento, y más bien impulsó la candidatura de su esposa en algo similar a una presidencia carrusel.

Los Kirchner han sido taimados con respecto a su estrategia política. En público, el presidente dijo que ''despegaría con rumbo a un café literario''. En una entrevista con la cadena noticiosa CNN en español el pasado martes, Fernández al parecer desdeñó la idea de una sucesión alterna.

''Kirchner en 2011 es como 2001, Odisea Espacial'', dijo. ``Es una película de ficción''.
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18 de agosto de 2018 | 08:11
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