Un nuevo gobierno, ¿una nueva etapa?

Cristina Kirchner será la presidenta durante cuyo mandato se cumplirá un cuarto de siglo de la democracia argentina, el año próximo, y también el bicentenario de la Patria, en 2010.

Su gobierno estará signado, entonces, por acontecimientos de magnitud institucional que no son ajenos a la presidenta electa.

Y, precisamente, avanzar en una mejora de la calidad de las instituciones será una de las grandes tareas que le quedarán para su administración de cuatro años.

No confundir Gobierno con Estado, oposición con desestabilización y conciliación con debilidad serán algunas de las máximas que deberá llevar Cristina a la Casa Rosada, si quiere pensar en un país insertado en el mundo y proyectado hacia el futuro.

El pacto social tan anticipado como un supuesto gesto de unidad se reducirá a una mueca si se limita al acuerdo de precios y salarios entre empresarios y sindicalistas afines.

Durante los cuatro años y medio de gobierno de Néstor Kirchner, los "grandes consensos" se limitaron a una comunicación telefónica entre el jefe de Estado con el titular de la CGT, Hugo Moyano, y el la UIA, hoy a cargo de Juan Carlos Lascurain, según reflexionaba con cierta amargura un líder sindical de la CTA.

En cambio, otro será el peso de la historia a escribir si esa convocatoria es lo suficientemente amplia como para que abarque a la mayor cantidad de sectores políticos, económicos y sociales, y los debates tiendan a fundar las bases de un país para siempre.

Los tiempos por venir necesitarán también de otro nivel de acuerdos ante un panorama que desde el vamos se presenta con complejidades.

Por ejemplo, el esquema de tipo de cambio alto que dio sus frutos en el proceso de sustitución de importaciones, está dando algunos signos de alerta en la depreciación de los salarios y la pérdida de competitividad con Brasil.

El país vecino no sólo ha crecido en su competencia a pesar de que no dejó caer tanto su moneda, sino que se da el lujo de comprar empresas argentinas a precios de ocasión.

El gobierno de Lula Da Silva se ha lanzado a la tarea de ubicar a Brasil como una nación líder en el concierto mundial.

Esa vocación de hegemonía ha sido siempre un anhelo de cada gobierno de allí, pero este parece ser su gran momento, ya que  Lula es uno de los gobernantes mimados por el mundo desarrollado.

Si son leídas las entrelíneas de los discursos de Cristina, es probable que ella opte por una salida a la "brasileña", es decir, de recrear primero la confianza internacional.

Una frase que utilizó en repetidas oportunidades es que "se necesita aumentar la oferta para satisfacer la demanda" como vía para poner en caja la inflación.
Es que sabe de sobra que los capitales sólo llegarán con fluidez al país si se le garantizan tasas razonables de rentabilidad y reglas de juego claras y estables.

El logro de objetivo tendrá como una de las condiciones la renegociación de la deuda con el Club de París y un trato más amigable con el FMI y otros organismos internacionales.

El país necesitará para el año próximo financiamiento por unos 10 mil millones de dólares para cubrir vencimientos, sin tener en cuenta la cancelación de deuda con el club de países poderosos.

"Una relación madura con todo el mundo", suele ser otra de las frases que le gusta utilizar a la presidenta electa.

La próxima jefa del Ejecutivo anticipó también que su intención es reducir el nivel de gasto público, atizado durante la campaña electoral, y aumentar ingresos vía retenciones y nuevas emisiones de bonos del Estado son las ideas iniciales destinadas a refrescar el superávit fiscal.

      
La deuda social
Todo esto la congraciará con el mundo del capital, pero no necesariamente con los sectores sociales que siempre mantienen graves carencias, en un país con demasiadas asimetrías entre regiones.

Esa parte de la sociedad fue la que más traccionó para ungirla  presidenta el 28 de octubre, ya que los sectores medios altos de las grandes ciudades le dieron la espalda, más que nada por el malestar que provocó ese estilo casi espartano de manejar el poder.

Muestras más que elocuentes de los graves problemas sociales a resolver las dio la ONU en un informe difundido esta semana, en el cual señala, por ejemplo, que el 40,5 por ciento de los menores de 14 años del todo el país viven en la pobreza, una cifra que llega al 60 por ciento si se toma sólo el Noreste.

Otro dato que habla por sí solo es que el 27 por ciento de la  mortalidad materna se debe a embarazos interrumpidos por abortos clandestinos, algo propio de un país de un país subdesarrollado.

Cristina ha manifestado una posición clara en contra del aborto, algo que le ha ganado un guiño de la Iglesia argentina encabezada por el cardenal Jorge Bergoglio, quien nunca tuvo buena relación con Néstor Kirchner.

Su salutación por el triunfo a la mandataria electa y la satisfacción que causó entre los prelados el discurso conciliador de la noche del 28, tendieron puentes en la relación entre ambos que pueden ser un signo de nuevos tiempos por venir.

La necesidad de un sello propio
Si bien el matrimonio Kirchner funciona como una sociedad política aceitada –demostrado de nuevo en que sólo los dos están este fin de semana en el Calafate decidiendo el nuevo gabinete-, Cristina necesitará imperiosamente elementos diferenciadores de la gestión por finalizar.

Es que si no lo hace, no será beneficiaria siquiera de los 100 días de "primavera", como suele decirse, que tiene todo gobierno nuevo.

Para ello tendrá que avanzar en políticas con sello propio, gestos y hasta recambios de funcionarios que habitan los despachos oficiales en este momento.

En este marco se dice en cercanías de lo más alto del gobierno que hasta marzo no habrá grandes modificaciones, pero desde ese momento hasta mediados de año habrá novedades de importancia.

Por caso, el ministro Julio de Vido no se podrá ir desde el vamos ante la llegada del verano y las nuevas amenazas de cortes de energía.

El canciller Jorge Taiana goza de simpatías de la futura presidenta, y además no sería prudente una nueva etapa en el Palacio San Martín debido a la alta conflictividad del tema pasteras justo cuando la finlandesa Botnia está por empezar a  funcionar.

También seguirán en sus cargos los ministros Miguel Peirano y  Alicia Kirchner, mientras que Daniel Filmus se va al Senado y la idea es que su lugar lo ocupe un nombre con historia en la educación como Jorge Tedesco.

A Aníbal Fernández se lo mencionaba para ir a otro ministerio, pero una regla de oro del Justicialismo es quien pierde en su propio territorio debe dar un paso al costado, y eso es lo que le pasó en Quilmes donde su delfín, Sergio Villordo, perdió a manos del Francisco "Barba" Gutiérrez`, dirigente de la UOM y que fue con la sigla del Polo Social.

El destino de Carlos Tomada puede sorprender, ya que por un tiempo puede seguir en la cartera laboral o asumir la banca de diputado nacional que ganó en el distrito porteño pero, al final, terminaría en el sitio dorado de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Ginebra.

"Tanto él como su esposa necesitarán ese destino", confiaba un sindicalista de trato directo con el ministro.

Ginés González García se alejaría de Salud y no se sabe aún la suerte que correrá Nilda Garré, en Defensa.

Se da por descontada también la continuidad de Alberto Fernández en la Jefatura de Gabinete, aunque no viajó a El Calafate -como solía suceder- para participar de la danza de nombres posibles que integrarán el elenco gubernamental.

En niveles inferiores se le hará insostenible a la presidenta mantener al polémico Guillermo Moreno en Comercio, a raíz de sus enjuagues en el INDEC y en los propios índices de inflación.


Marcar la cancha al gobernador

Si de gabinetes se habla, Scioli ya pudo comprobar en carne propia que no le será sencilla su tarea, porque ya hubo varios cruces.

Es que durante la campaña se paseaba con alegría con los doctores Claudio Zinn, y Carlos Bilardo, y anticipó que su ministro de Seguridad iba a ser Carlos Stornelli.

Bueno, por estas horas lo llamó José María Díaz Bancalari para advertirle que había cierta dosis de ingenuidad en esta postura, ya que los equipos de gestión no se revelan antes de tiempo y son fruto del consenso o negociaciones políticas.

Pruebas al canto, desde la Casa Rosada salieron a desgastar la figura de Stornelli.

Fue el jefe de Gabinete quien lo mandó a estudiar de nuevo leyes ante la participación de este fiscal en la causa INDEC, en la cual se investiga si hubo fraude en los índices y presión a los funcionarios.

Vale apuntar que Díaz Bancalari ha quedado revalorizado en el PJ porque su ciudad, San Nicolás, fue el territorio bonaerense donde el oficialismo sacó más votos de diferencia.

Así, ya antes de asumir le están marcando la cancha política al gobernador bonaerense electo.

En lo que a la oposición se refiere, Elisa Carrió y Roberto Lavagna han dado muestras de madurez política al anticipar horas después de los comicios que sus respectivas coaliciones seguirán activas, ya que no fueron meros ensayos electorales.

Sin embargo, Carrió deberá repensar si se toma los tres meses de vacaciones que adelantó ante la rebelión que se desató en las filas del ARI.

Es que el armado de la Coalición Cívica contradijo ideológicamente al partido, ya que elevó a dirigentes como Patricia Bullrich, María Eugenia Estenssoro y Alfonso Prat-Gay, y sumergió a Eduardo Macalusse, Marta Maffei y Carlos Raimundi.

El planteo de estos es que no quieren que la Coalición Cívica termine por deshilachar al ARI pero, en realidad, el cuestionamiento es más profundo, ya que hace a los propios principios de estos dirigentes.

Y es que el votante histórico de esta agrupación era de una clase media baja intelectual, y en la elección del domingo pasado pasó a ser la preferida de los sectores altos.

Carrió debe leer correctamete que dentro de su importante caudal de votos se juntó mucho antikircherismo, reunido más por el espanto al gobierno antes que por el amor a sus propuestas.

Mientras que Lavagna debe hacer y deshacer cálculos de lo que pasó el 28, ya que el voto radical en general prefirió otras costas, y eso se notó en el caudal logrado por Margarita Stolbizer o los de las gobernaciones de radicales "k".

Sólo en Córdoba, hubo sufragios radicales puros gracia a la  contención partidaria que brindó allí Mario Negri.

Y, por último, Mauricio Macri debe ansiar como nadie que se termine esa larga y inexplicable transición hacia la jefatura para ver si con actos de gobierno puede recuperar el perfil de líder opositor que quedó seriamente desdibujada el domingo.

Néstor Kirchner se ha cansado de repetir que su gobierno ha sido el de transición, luego de la crisis terminal que vivió el país, el de Cristina deberá ser entonces el de una consolidación institucional. 
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21 de julio de 2018 | 15:16
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