Lilita Carrió, entre la pasión y la denuncia

Elisa Carrió, quien mañana buscará por segunda vez llegar al máximo sillón del Ejecutivo nacional, es reconocida por su lucidez intelectual así como por la inmensa pasión que destina a la política, aunque por ahora su punto débil ha sido la construcción de poder.

Esos aspectos de su personalidad les quedaron más que claros a quienes luego serían sus colegas, líderes políticos de los distintos partidos, cuando irrumpió como una de las convencionales más destacadas en la Constituyente de 1994.

La abogada chaqueña fue entonces miembro de las comisiones Redactora y de Tratados Internacionales de la Asamblea: desde allí presionó con todas sus fuerzas y sus impactantes discursos para incluir en la nueva Carta Magna aspectos fundamentales vinculados con la defensa de los derechos humanos.

Su importante trayectoria política quizás marque el vértigo vivido por el país en los últimos 20 años. 

En ese lapso pasó de defensora a ultranza de Raúl Alfonsín a dirigente denostada por el veterano líder radical.

Y de apasionada militante del partido de Yrigoyen a acusadora de sus correligionarios durante la gestión de Fernando de la Rúa.

En lo personal, Carrió hizo otro trayecto relevante en su vida: el que va del agnosticismo a una ferviente religiosidad, que en la actualidad la lleva a practicar la misa diaria.

Pregonera de los valores republicanos y del respeto a la institucionalidad, así como de un constante llamado a una mejor distribución del ingreso, fundó uno de los pocos partidos nuevos que aún quedan en pie en la Argentina, el ARI.

En 2001, cuando denunció mega-operaciones de lavado de dinero y se enfrentó al ex ministro Domingo Cavallo, Carrió recibió un aluvión de adhesiones para aquella fuerza, que en 2003 sumó más de 2,7 millones de votos y estuvo a apenas 800 sufragios de ser el más votado en la provincia de Santa Fe.

Con la llegada del kirchnerismo al Gobierno, Carrió –quien accedió a la Cámara de Diputados en 1995 y se mantuvo allí hasta 2007, cuando renunció a la banca- realizó cambios en su estrategia política.

 Por un lado, se enfrentó con dirigentes que estaban alineados con ella y que decidieron migrar al oficialismo: el caso más resonante fue el de Graciela Ocaña, quien había sido su fiel colaboradora y pasó a encabezar el PAMI.

Desde una posición de firme enfrentamiento al kirchnerismo,amplió las bases de su partido para formar la Coalición Cívica, un entramado de dirigentes políticos, sociales e intelectuales que no excluye a referentes del centroderecha, como Patricia Bullrich o Santiago Kovadloff.

También realizó otra modificación sustancial cuando cambió a su principal referente económico, el heterodoxo Rubén Lo Vuolo, y sumó al ex titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay.

Esta dirigente de 51 años, que identifica la cuestión "moral" como raíz de los problemas argentinos, buscará por segunda vez en su vida acceder a la primera magistratura.

En varias oportunidades, Carrió vaticinó que será presidenta y prometió que si no es elegida este domingo, no competirá más.
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