Testigo cuenta los horrores de la tortura en la ESMA

Víctor Basterra, ex detenido en el recinto donde el acusado Febrés era "jefe del sector cuatro", relató su padecimiento en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada entre 1979 y 1983.
Recordó además que logró identificar a los represores gracias a que usufructuaron de su conocimiento como fotógrafo. Dijo que luego de su liberación cada 15 días lo llamaban y le aconsejaban que se portara bien.

El ex detenido desaparecido Víctor Melchor Basterra narró este jueves los horrores que vivían los prisioneros ilegalmente alojados en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), donde el ex prefecto Héctor Febrés era el "jefe del sector cuatro".

Con ese nombre se conocía al lugar en el que funcionaba la "huevera", donde que sometía a torturas a los detenidos y cuyas paredes habían sido acondicionadas con cajas de huevos para que no se escuchen los gritos de las víctimas.

Basterra fue el primer testigo de esta tercera jornada del primer juicio oral y público en el que se ventilan los delitos de "lesa humanidad" cometidos en la ESMA, tras la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final.

En este juicio, que se lleva a cabo en el Tribunal Oral en lo Federal Cinco (TOF5), el único imputado es Febrés, al que se le atribuyen cuatro casos de privaciones ilegítimas de la libertad y tormentos.

Con una brillante memoria para recordar nombres y fechas, Basterra reprodujo el testimonio que prestó hace más de dos décadas en el "juicio a los comandantes".

En aquella oportunidad contó cómo había logrado obtener subrepticiamente las fotografías de "casi ochenta" represores y torturadores que luego sirvieron para que organismos de derechos humanos los identificaran con nombre y apellido y los llevaran
ante la justicia.

El testigo recordó que, por su oficio de gráfico y fotógrafo, durante su cautiverio fue obligado a trabajar como "mano de obra esclava" en la falsificación de los documentos (cédulas de identidad, registros, pasaportes y credenciales) con que actuaban los represores.

"Tenía que hacer cuatro, pero yo hacía cinco y me guardaba una; sabía que algún día me iban a servir", explicó.

Contó cómo fue su secuestro, en Valentín Alsina, junto a su esposa e hija (ambas fueron liberadas a los cinco días), el 10 de agosto de 1979 y su traslado a la ESMA, donde lo condujeron al sector conocido como "capucha" para torturarlo con descargas eléctricas que le pasaban a través de un cabe por debajo de las uñas.

Basterra estuvo "cautivo" en la ESMA hasta una semana antes de la asunción del gobierno constitucional de Raúl Alfonsín.

El 3 de diciembre de 1983, uno de sus captores le dijo que "te vas en libertad, pero no rompas las pelotas porque los gobiernos van y vienen, pero la comunidad informativa siempre está", en referencia a que seguiría vigilado.

El testigo dijo que, de hecho, luego de su liberación y ya en democracia, cada "quince o veinte días" los represores se contactaban con él para recordarle que debía "portarse bien" por lo que sostuvo que estuvo "controlado hasta agosto de 1984".

El ex "activista gremial y barrial", como se autodefinió, también explicó el funcionamiento de los "grupos de tareas" que operaban en la ESMA y sostuvo que había "logística, inteligencia y operaciones", aunque diversos represores cumplían funciones en más de un sector indistinto.

"Todos formaban parte de un aparato para el aniquilamiento sistemático de opositores mediante la tortura y la muerte", dijo Basterra.

"Por eso yo creo que aunque no hubiesen habido movimientos armados a los que decían combatir, el genocidio hubiera existido igual", sostuvo.
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17 de agosto de 2018 | 14:01
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