El talón de Aquiles del matrimonio  Kirchner

Según un análisis publicado hoy en el diario español El País, el aumento de los precios se ha convertido en el principal rival político que puede oscurecer el final del mandato del presidente Néstor Kirchner. Y también la pronosticada elección de su esposa, la senadora Cristina Fernández, en las elecciones del próximo día 28.

"Las cifras oficiales de inflación están perfectas", aseguró el presidente la semana pasada contestando a las acusaciones de manipulación de los índices. La gestión económica del mandato de Kirchner se ha caracterizado por un crecimiento récord de la economía en torno al 9% y un superávit consecutivo sin precedentes en 130 años de historia. Es uno de los pilares sobre los que el presidente reivindica su gestión y la plataforma de lanzamiento ideal de la candidatura de Cristina Fernández, quien promete seguir la senda marcada por el actual presidente, explica el artículo publicado por el diario español.

Sin embargo, el balance positivo tiene un flanco muy débil, que -a diferencia de los dos parámetros citados- se deja sentir a diario y directamente en el bolsillo de los votantes. De hecho, Kirchner ha encabezado personalmente la lucha contra la inflación manteniendo la congelación de tarifas de servicios esenciales, negociando los precios de productos de consumo diario e incluso pidiendo el boicoteo a los consumidores de aquellos bienes cuyos precios subían más de lo deseado o protagonizando durísimos ataques contra las grandes cadenas de supermercados a las que acusó hace año y medio de "lucrarse con el sudor de los argentinos".

En 2005 la inflación llegó al 12,5% anual, una cifra sólo superada ese año en Latinoamérica por Venezuela. A pesar de los esfuerzos del Gobierno, en 2006 se situó en el 9,8% y el escándalo saltó cuando tenían que hacerse públicos en febrero los primeros datos de 2007, que marcarían la tendencia para el resto del año. Ante lo que se auguraban unos números negativos Kirchner ordenó la intervención del organismo encargado de elaborar el dato, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), colocando a su frente a una delegada del Ministerio de Economía ante las protestas de los funcionarios del Instituto. La oposición rebautizó al organismo como Indek y desde entonces la discusión económica se ha convertido en una cuestión bizantina sobre la veracidad de las cifras.

La semana pasada las asociaciones de consumidores pidieron un boicot en la compra de hortalizas, cuyo precio se había multiplicado en ocasiones, como en el caso del tomate, en un 200%. El boicot fue un éxito, al menos momentáneo. Varios miembros del Gobierno se felicitaron por la acción ciudadana, aunque no explicaron por qué los consumidores se habían revelado contra un hecho inexistente en las cifras oficiales.

Ante la situación, algunas provincias se han desmarcado de los datos del Gobierno federal y han hecho públicos sus propios índices. Así, en Mendoza, sólo entre enero y agosto de este año, el coste de la vida subió en un 17,1%, y en San Luis, el 16,2%. Las autoridades mendocinas incluso han denunciado que las cifras que envían al Indec en Buenos Aires son manipuladas a la baja.

Desde el entorno de Cristina Fernández se ha anunciado que cuando llegue al Gobierno se utilizará un nuevo método de medición del índice y la candidata ha tenido que tocar el tema en su campaña. La inflación ha logrado lo que ningún rival de la oposición: arrancar una explicación a la senadora.
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17 de julio de 2018 | 04:59
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