Protestas en Australia por tala de árboles sagrados para aborígenes

A simple vista parece un árbol cualquiera. Es un eucalipto rojo, con un tronco de siete metros, enormes ramas y más de 30 metros de altura. En Australia, de donde es nativo esta especie, hay muchos de estos eucaliptos. 

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Pero cuando uno se fija en concreto en este árbol, ve el hueco del interior del tronco y todas las marcas que contiene. Aquí han dado a luz las mujeres aborígenes australianas. A largo de los siglos este árbol ha sido testigo del nacimiento de miles de niños en el quinto continente.

Este eucalipto es lo que se denomina un árbol de nacimientos y tiene más de 600 años. Y en el terreno que lo circunda muchas generaciones de australianos enterraron allí la placenta tras el parto.

Para la tribu Djab Wurrung esta zona ha sido su casa mucho antes de que llegara el hombre blanco y tanto el árbol como la tierra que lo rodea son sagrados.

Zellnach Djab Mara, uno de los miembros de esta tribu, señala: "Estos árboles tienen el mismo ADN que nosotros. Los hemos plantado. Forman parte de nosotros. Nosotros formamos parte de ellos".

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Sin embargo, hay que arrancar este árbol de nacimientos para permitir la construcción de dos carriles más a la Western Highway, la carretera que une las ciudades de Melbourne y Adelaida, una obra con un costo estimado de 420 millones de dólares.

El proyecto contempla la tala de más de 1.350 árboles en un tramo de 12,5 kilómetros cerca de la ciudad de Ararat, pero la protesta ha sido tan grande que todavía no los han arrancado. Además, las obras han tenido que ser aplazadas varias veces.

Desde hace meses decenas de personas acampan alrededor del "red gum tree", el eucalipto rojo. Algunos son aborígenes, pero también hay varios blancos e incluso familias al completo. Han declarado su campamento "Embajada de los Djab Wurrung", un territorio vedado a la policía.

Y cuando circula el rumor de que van a desalojar la zona, la gente acude allí enseguida. Destacadas personalidades como el actor de Hollywood Russell Crowe ("Gladiator") apoyan esta movilización.

Los "birthing tree" (árboles de nacimiento) se han convertido en un asunto de relevancia nacional. Muchos ven en ello otra muestra de la poca consideración que la mayoría blanca en Australia sigue teniendo con su población nativa.

Djab Mara, portavoz de las protestas contra la tala de cientos de árboles, incluidos los llamados "birthing trees" de los aborígenes australianos.

De hecho, los 700.000 aborígenes se ven discriminados o perjudicados en muchos asuntos. Su esperanza de vida es diez años menor a la del resto de los 24 millones de australianos. Asimismo constituyen un 27 por ciento de la población carcelaria.

Nayuka Gorrie, una mujer de la tribu Djab Wurrung, argumenta en un artículo: "Ningún colono en Australia tiene una relación sanguínea que vaya más allá de algunas generaciones. Ellos no pueden entender que la sangre en mi cuerpo está ligada a la sangre de mis antepasados, a esta vieja tierra y a estos viejos árboles".

Y agrega: "Con la nueva carretera se ganan dos minutos conduciendo, pero ¿qué son dos minutos en comparación con cientos de años?".

El campamento de protesta lo dirige Djab Mara, un hombre enojado de 33 años, que habla de "genocidio". "Al mundo no le importamos", afirma Mara, que compara el árbol con la catedral de Notre Dame, en París, que también tiene más de 600 años de antigüedad y cuyo incendio hace unos meses fue noticia en todas partes.

"Yo no puedo entrar en vuestras iglesias y simplemente quitar unas sillas, porque quiero construir una carretera, y decir: ‘El edificio sigue en pie’. Y eso tampoco se puede hacer aquí".

Hasta ahora las protestas han sido mayormente pacíficas, pero cada vez más se está llegando a la manos. Muchos se manifiestan comprensivos con la gente acampada, pero también hay voces discordantes.

El diario estadounidense "The New York Times", que ha informado sobre este asunto, cita a Pauline Roberts, una mujer de 75 años, de Ararat, que afirma: "Si yo hubiese puesto mi caravana allí, ya me habrían desalojado hace tiempo".

El gobierno regional del estado de Victoria sigue determinado a impulsar el proyecto y defiende esos planes destacando la importancia de la carretera para toda la región y también por razones de seguridad. En esta transitada vía han muerto desde 2014 al menos 12 personas en accidentes de tráfico.

Asimismo, la administración regional indica que el proyecto ha recibido el visto bueno de dos asociaciones aborígenes, algo que la gente en el campamento no reconoce. Van a llevar el asunto ante la Justicia y en noviembre ha sido convocado en los juzgados.

La oficina regional responsable de la construcción de carreteras, VicRoads, ya ha suspendido el inicio de la obra, que lleva dos años de retraso. Y fuera de los focos hay conversaciones entre los ingenieros que han planificado la obra y los ancianos de la tribu.

El estado de Victoria se ha ofrecido a no talar una pequeña parte de los árboles por su relevancia cultural: 15 de más de 1.350. Y entre esos árboles a conservar figura el árbol de nacimiento. "No se puede reconocer parte de una iglesia, sino se reconoce toda la iglesia", afirma el aborigen Mara. 

Dpa. 

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