Cómo es vivir en Escobares, la ciudad más pobre del país más rico del mundo

Si consideramos todas las ciudades estadounidenses con al menos 1.000 personas, Escobares tiene un 62,4% de su población viviendo bajo la línea de pobreza, según la Oficina del Censo.

Cecilia Barría, BBC Mundo

El 62,4% de la población de Escobares, Texas, vive bajo la línea de la pobreza, según la Oficina del Censo.

En el corazón de la "América profunda", Escobares City (Texas) es la ciudad más pobre en el país más rico del mundo.

Emplazada a la orilla del Río Bravo -la frontera natural que separa a México de Estados Unidos- nunca aparece en el ranking de las urbes más pobres de Estados Unidos porque con sus 2.512 habitantes, suele ser considerada demasiado pequeña para contarla en las estadísticas.

Pero si consideramos todas las ciudades estadounidenses con al menos 1.000 personas, Escobares es -por lejos- la que lidera la lista, con un 62,4% de su población viviendo bajo la línea de pobreza, según la Oficina del Censo.

"A veces no hay para comer. Gracias a Dios tengo familiares que me invitan un plato, pero pos me da vergüenza", cuenta Débora Hernández, ciudadana estadounidense, nacida y criada en un territorio donde ya no hay cowboys, ni actividad ganadera que mueva la economía local.

No habla inglés y apenas sabe leer.

"Tuve siete hijos y seis se me murieron. Me queda Berenice, que por suerte un doctor me la salvó".

-¿Y de qué se murieron sus hijos?

"Pos no sé. Nunca me dijeron ni de qué se murieron, ni me dieron un papel. Yo creo que los mataron los doctores", dice hablando tranquilamente, pero sin ninguna prueba.

Ella no sabe. No sabe realmente qué fue lo que pasó. Quizás fue una enfermedad genética, quizás su propia negligencia. No sabe y probablemente nunca lo sabrá porque tampoco entiende mucho de esas cosas.

Al borde del río

Sin una plaza central ni nada que se le parezca, Escobares es una pequeña ciudad partida en dos por la autopista 83.

Hacia el este de la carretera, hay un caserío en medio de calles polvorientas, ubicado detrás del cementerio. Por ahí no hay cultivos, ni ganado, ni tampoco mucha gente. A ratos solo se escucha el viento o un perro que ladra a la distancia, como si el reloj se hubiera estropeado.

El Río Grande marca la frontera que separa a Estados Unidos de México.

Al otro lado de la autopista, después de caminar unos pocos minutos, aparece el río. Aquí en vez del viento y los perros, se escucha un helicóptero de la Patrulla Fronteriza (Border Patrol), seguido por una camioneta que se acerca a inspeccionar quiénes son los extraños.

Y en el cielo, un radar de vigilancia aerostático (Tethered Aerostat Radar System) sigue atentamente cada movimiento.

Escapando del narcotráfico

El 98% de la población de Escobares es hispana de origen mexicano.

Algunos nacidos ahí, otros nacionalizados, otros con permiso de residencia y otros "sin papeles" que se escapan de los asesinatos y secuestros en el estado mexicano de Tamaulipas.

"A mi Lucerito me la desaparecieron con apenas 15 años", cuenta entre lágrimas una señora indocumentada, cuya hija nunca más regresó a Estados Unidos, después de cruzar hacia el lado mexicano.

El 12,3% de la población en EE. UU. vive bajo la línea de la pobreza, cerca de 40 millones de personas.

"Estoy orgulloso de mi trabajo"

A primera vista Escobares no parece la ciudad más pobre de Estados Unidos.

Aquí no hay homeless adictos como los que viven en las calles de Los Ángeles, ni la pobreza de los suburbios racialmente segregados en los grandes centros urbanos como Detroit o Baltimore.

Pero al adentrarse por las calles interiores, poco a poco se dejan ver las llamadas casas-tráiler viviendas prefabricadas de material ligero que se pueden llevar de un lugar a otro.

Raúl Renovato, un trabajador de 31 años que llegó desde México cuando tenía apenas 6 años, vive en una de las casas-tráiler de Escobares junto a su pareja y sus cuatro hijos.

"Este no es el sueño americano", dice Raúl Renovato.

"Esto no es el sueño americano", dice. "Pero el que quiere progresar, progresa".

Raúl trabaja en una empresa de recolección de basura en la ciudad de Roma y está a punto de montar su propio negocio de venta de hot-dogs, para mejorar el salario.

"Estoy orgulloso de mi trabajo, porque es un trabajo honrado". El mismo empleo que le permitió comprarse su casa y ponerle aire acondicionado.

De hecho, hasta la municipalidad y la estación de policía de Escobares comparten una especie de "oficina-tráiler", porque es más económico que hacer una edificación de material sólido.

Y en ese mismo terreno, está estacionado el carro de bomberos, el camión de la basura, una pequeña oficina de desarrollo económico y un centro comunitario.

"Aquí lo que nos hace falta es que llegue una empresa grande para que tengamos trabajo", dice el alcalde, entusiasmado con la idea de que un día la ciudad despegue.

"Me gustaría ver un Escobares con negocios, con empleos, con un parque, con una calle principal y con todos los servicios que necesita la gente. Así me imagino el futuro", cerró.

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