Venezuela, y los cinismos de derecha e izquierda

"La democracia es un solo concepto con varios contenidos según la experiencia de cada país, pero la represión, la censura, el partido único, la ausencia de justicia, el hambre y la tortura sea de derecha o de izquierda tiene un solo nombre; dictadura", escribe Carlos Varela Álvarez.

REDACCIÓN MDZ ONLINE

Venezuela, y los cinismos de derecha e izquierda

Carlos Garcia Rawlins

De repente Venezuela explotó nuevamente, y la historia seguramente luego deshilachará el proceso, porque no hay combustión instantánea en esos contextos y no sabremos hasta que termine éste, si estamos sólo en una rebelión o una revolución dentro de la revolución hoy institucionalizada en Maduro.

En el siglo pasado ante las invasiones soviéticas a Hungria (1956) y Checoeslovaquia (1968) entre otros, el denominado progresismo calló porque criticar al comunismo era hacerle el juego al capitalismo en un mundo de guerra fría. El progresismo siguió callando ante el genocidio nunca juzgado de Stalin y su gulags y calló con la pena de muerte en Cuba y la represión a las minorías sexuales, todo en nombre de la sonrisa eterna y convocante del Che y sus émulos.

Los movimientos guerrilleros llegaron en su desarrollo al extremo de Sendero Luminoso en Perú de la mano de Abigael Guzmán a quien se lo comparó con el Pol Pot de los Andes por sus masacres y atentados indeterminados y crueles.

La izquierda tuvo su momento de gloria con el primer gobierno socialista que llegó al poder del líder Salvador Allende, derrocado luego por un salvaje llamado Pinochet que se vanaglorió de las heroicas fuerzas armadas que con aviones acribillaron la Moneda. Allende se fundió en la memoria de su antecesor Balmaceda y pasó a la historia por arriesgar toda la democracia sin recurrir a la tortura y la censura, más allá de sus errores económicos y con Estados Unidos financiando las huelgas y el golpe de la mano del mentiroso Nixon y el Premio Nobel de la Paz Henry Kissinger.

En esa memoria de los 70 quedan Joao Gulart, Sandino, Cayetano Carpio, Raul Sendic, Velásco Alvarado, Omar Torrijos y hasta el tío Campora ( eran los tiempos del mayo francés, la universidad de California, la revolución permanente, Vietnam y los Beatles).

Ninguno de esos líderes sesentistas y setentistas fue sometido a juicio por haberse robado la plata de la revolución o de corruptos, fueron muertos, exiliados, torturados pero sus manos entiendo terminaron limpias, nos guste o no sus ideales.

Nada parece ser igual con la camada que vino después con Chaves, el matrimonio presidencial de los Ortega en Nicaragua, los problemas judiciales de Correa en Ecuador, y para que hablar de la familia Kirchner con sus decenas de procesos, que quizás algún día se establecerá una sentencia que permita a todos saber la verdad y decir si son culpables o inocentes.

Pero en Venezuela es claro lo que ha pasado con Chaves y después de la muerte de éste. El denominado progresismo sale a cuestionar ahora la autoproclamación de Gaidos, pero nada ha hecho frente al exilio de millones de venezolanos, el hambre, la inflación, las torturas, los asesinatos de estudiantes, la censura, las elecciones amañadas, y sólo repite la conducta que amparó a la Unión soviética sobre Hungría, Checoeslovaquia y luego Afganistán o la deglutación de China sobre el Tibet. Porque nada dice el progresismo del Gobierno de Partido único que gobierna China que es una dictadura o sobre el Gobierno de Putin homofóbico, que ha invadido Crimea y que combate el consumo personal de marihuana.

Lo mismo la derecha que alineada a un populista como Trump, junta a Macri con Bolsonaro y demás extras para justificar su posición democrática.

Pero como la izquierda nada dicen sobre la dictadura China, que ha demostrado ser exitosa en términos capitalistas bajo el costo de la censura, pena de muerte, juicios arbitrarios a disidentes y control absoluto de su población. Con China sí se puede hacer negocios pero no con Venezuela que por supuesto es un peón menor.

Es claro que no están en juego los principios del derecho internacional, ni la solidaridad internacional o la democracia mundial y los derechos humanos.

Hay un pueblo ingenuo, desesperado, utópico que pelea por sus derechos, con sus piedras, bocinas, y guasaps y hay un establishment conservador que busca una pieza importante para incorporarla a su colección de estrellas y barras y hay un progresismo cínico que calla frente a las torturas, la falta de libertad y el exilio de un pueblo al que llamamos hermano.

No hay festivales musicales de la cultura progre para el pueblo venezolano, ¿serán nuevos gusanos como los millones de cubanos que se fueron de Cuba los venezolanos que se marchan? Quien le canta a la justicia y a la democracia en ese país? ¿Donde andarán los Silvio Rodríguez, sus hijos y sus unicornios?

¿Mienten acaso Amnistia Internacional, la CIDH o Human Rights Watch sobre las violaciones de derechos humanos en Venezuela?.

Esos errores, los silencios, tienen un precio que se llama credibilidad y que nada debieran tener con las grietas nacionales.

La democracia es un solo concepto con varios contenidos según la experiencia de cada país, pero la represión, la censura, el partido único, la ausencia de justicia, el hambre y la tortura sea de derecha o de izquierda tiene un solo nombre; dictadura.

Nuestra izquierda y nuestra derecha y nosotros como pueblo sabemos de qué se trata cuando hablamos de ello.

Sólo se necesita la valentía de declararse fascista, porque eso no tiene color, sólo un pasado que no podemos tolerar que sea presente ni aquí ni allá.

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