Veneno, bilis y ninguna perspectiva de paz para Siria en Ginebra

El análisis de Thomas Burmeister sobre las negociaciones por Siria en Ginebra y los malos resultados obtenidos. Para comprender un tema àspero.
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Thomas Burmeister, dpa

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Veneno, bilis y ninguna perspectiva de paz para Siria en Ginebra(AP)

Veneno, bilis y ninguna perspectiva de paz para Siria en Ginebra | AP

El mediador de las Naciones Unidas Lajdar Brahimi habla durante una conferencia de prensa en la sede de la ONU en Ginebra.(AP)

El mediador de las Naciones Unidas Lajdar Brahimi habla durante una conferencia de prensa en la sede de la ONU en Ginebra. | AP

Ninguna guerra es eterna, pero algunas no terminan hasta que realmente todo es ceniza y escombros. Y Siria parece destinado a eso. En siete largos días de negociaciones, las partes enfrentadas en la guerra civil no alcanzaron "resultados sustanciales", según comunicó a modo de balance el mediador de la ONU y la Liga Árabe, Lakhdar Brahimi.

Ante periodistas en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, Brahimi no ocultó su decepción por los magros resultados de la conferencia internacional para Siria y las posteriores primeras negociaciones directas entre las partes en conflicto. "La brecha sigue siendo muy grande", dijo. Sin embargo, el hecho de que se produjeran las conversaciones ya puede ser valorado como un éxito.

De todas maneras, existen algunos pocos indicios de esperanza respecto a la posibilidad de que las partes actúen de forma más decidida rumbo a una solución política en la segunda ronda en Ginebra. Sin mencionar detalles, Brahimi habló de cautos indicios de "una pequeña base común" sobre la que quizá se pueda construir.

"Aquí hubo muchas discusiones", dijo un diplomático de la ONU vinculado a las conversaciones de paz. "Pero nunca en unas conversaciones a puertas cerradas se lanzó tanto veneno y tanta bilis".

Sólo paulatinamente, y porque el experimentado Brahimi, de 80 años, apelaba a la consciencia una y otra vez, las delegaciones del gobierno y de los rebeldes pasaron a utilizar un tono medianamente objetivo.

Eso sí. Hubo un gesto emotivo que dejó entrever la posibilidad de que en la sangrienta guerra civil sí se pueda llegar a algún tipo de reconciliación en algún momento:

Tras numerosas acusaciones mutuas, el líder de la delegación opositora, Hadi al Bahri, se puso de pie. El ingeniero residente en Arabia Saudí dijo que todos los presentes, no importaba de qué lado estuvieran, debían honrar con un minuto de silencio a los muertos en el conflicto. Los representantes del gobierno no opusieron resistencia. Y, por primera vez, las partes enfrentadas callaron juntas.

Ante la prensa, Brahimi valoró este hecho como un "momento esperanzador". Pero aún no está claro cuándo callarán también las armas.

Las delegaciones se manifestaron a favor de retomar las conversaciones el 10 de febrero en Suiza tras una pausa. Pero no son pocos los analistas que dudan de que se llegue a ese punto.

Sólo se puede tener la esperanza de que las conversaciones realmente se retomen, dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, en Berlín. "Estamos muy lejos de estar satisfechos con la conferencia para Siria".

También se mostró decepcionado el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Lamentablemente en Ginebra no se logró ni siquiera tomar algunas medidas concretas para mejorar la catastrófica situación humanitaria en partes de Siria, dijo de camino a la conferencia de seguridad en Múnich.

Y eso que la catástrofe siria está muy arriba en el orden del día. Los jefes de la diplomacia de Estados Unidos y Rusia, John Kerry y Serguei Lavrov, tendrán en esa conferencia una nueva oportunidad de estudiar las posibilidades de paz en Siria.

El principal obstáculo tiene nombre: Bashar al Assad. La cuestión que centra las disputas es si el presidente sirio participa en un gobierno de transición o si debe quedar excluido y caer en el olvido. A pesar del ligero progreso en lo ambiental, las negociaciones no aportaron ningún progreso en este tema decisivo.

Y también las influyentes potencias que respaldan a las partes en conflicto siguen defendiendo posiciones diametralmente opuestas: Rusia mantiene su lealtad a Assad, mientras Estados Unidos lo considera un genocida y exige su marcha.

Mohamed Yawad Zarif, ministro de Exteriores de Irán y estrechamente aliado de Assad, juzga así la situación: La oposición es demasiado débil para vencer a Al Assad, pero su esperanza de una intervención estadounidense no se cumplió.

En tanto, la guerra civil sigue: desde el comienzo de las conversaciones de paz junto al Lago de Ginebra el 22 de enero, murieron unas 1.900 personas, según el Observatorio de Derechos Humanos en Siria con sede en Londres. Entre las víctimas hubo 498 civiles que cayeron por ataques aéreos, de artillería o francotiradores.

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