Una OEA ni dulce ni salada con Maduro y Venezuela: insulsa

La OEA vive una situación que pone a prueba su existencia: ¿podrá aplicar la Carta Democrática Interamericana? La paradoja del organismo multilateral.
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Gabriel Conte

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Una OEA ni dulce ni salada con Maduro y Venezuela: insulsa

Una situación cuanto menos paradógica se vive en Latinoamérica con la OEA, a raíz de la situación que se está viviendo en Venezuela. Hasta ayer no más los países alineados con ese país “bombardearon” a la OEA, señalándola como un apéndice de las decisiones políticas de los Estados Unidos. Por ello, de hecho, se creó la Celac cuya reciente cumbre en Cuba fue cuestionada por el país gobernado por Barack Obama por varias razones: una, que eligió como sede a un país “no democrático”; otra, porque ninguneó a la OEA.

Sin embargo, esta semana, en la que ya cinco personas han muerto en medio de las manifestaciones de protesta contra medidas del gobierno del presidente Nicolás Maduro, la OEA no se ha expresado con eficacia, sino que apenas abrió una reunión este miércoles para que cada miembro exprese sus opiniones y fijen posturas formalmente. Allí se pueden escuchar posiciones discretas de países no chavistas y cerradas denuncias de intento de golpe por parte de los aliados de Venezuela. Son aquellos que fueron señalados desde el bloque “bolivariano” como “súbditos” de EEUU quienes acusan a la OEA, que queda en medio de ambos fuegos. Ni dulce ni salda: insulsa.

Esta tarde se repitió un esquema para nada novedoso: no hacía falta tanto protocolo, sino leer los diarios. Panamá, EEUU, Canadá, Perú, Colombia y Chile expresaron su condena y preocupación. Argentina, Bolivia, Nicaragua y Bolivia, la defensa de Maduro. Brasil quiso cambiar la agenda, pero no propuso otro tema... Costa Rica, país políticamente enfrentado a Venezuela, tuvo un rol incómodo: leer el comunicado de Celac, como presidente protémpore del grupo: "Paz y estabilidad. Pide respeto a la ley e informacion fidedigna. Solidaridad con Maduro".

Mientras tanto, un grupo de ex presidentes latinoamericanos que miran con buenos ojos el liderazgo estadounidense, son los que ahora critican a la OEA que, supuestamente, debería estar de su mismo lado. Se inscriben en ese grupo los colombianos Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, Jorge Quiroga de Bolivia, Alejandro Toledo de Perú y Federico Franco de Bolivia, entre otros.

Hoy, la oposición a Evo Morales en Bolivia envió una carta a la sede del organismo en Washington en el que piden la “invocación inmediata de la Carta Democrática Interameriucana” para que “evalúe de manera objetiva e imparcial la situación política y de derechos humanos que actualmente afecta al país.

Algo similar surgió desde el parlamento de Chile. Allí el diputado del PPD Jorge Tarud -al que pertenece el ex presidente Ricardo Lagos- le pidió al chileno que preside la OEA, José Miguel Insulza, que intervenga para “lograr la libertad del líder opositor Leopoldo López y de estudiantes detenidos”.

La OEA, tironeada por ambos bloques políticos de América, se encuentra en una encrucijada y se encuentra frente a un desafío que validará su continuidad y credibilidad: la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, tal como lo reclamó el ex miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Asdrúbal Aguiar, en una carta enviada a Insulza en la que le pide que convoque a un “Concejo Permanente que analice la grave deriva dictatorial que ha tomado el gobierno del señor Nicolás Maduro”.

Pero no es el único argumento posible. Desde quienes apoyan las medidas de Maduro también debería haber argumentos a favor de ello, ya que están acusando públicamente a los partidos de la oposición de llevar adelante un “golpe de Estado” y al líder opositor Leopoldo López, concretamente, de “terrorismo”.

Esto dice -valga la lectura- la tan citada Carta en su primer capítulo:

Artículo 1

Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla. La democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas.

Artículo 2

El ejercicio efectivo de la democracia representativa es la base del estado de derecho y los regímenes constitucionales de los Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos. La democracia representativa se refuerza y profundiza con la participación permanente, ética y responsable de la ciudadanía en un marco de legalidad conforme al respectivo orden constitucional.

Artículo 3

Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos.

Artículo 4

Son componentes fundamentales del ejercicio de la democracia la transparencia de las actividades gubernamentales, la probidad, la responsabilidad de los gobiernos en la gestión pública, el respeto por los derechos sociales y la libertad de expresión y de prensa. La subordinación constitucional de todas las instituciones del Estado a la autoridad civil legalmente constituida y el respeto al estado de derecho de todas las entidades y sectores de la sociedad son igualmente fundamentales para la democracia. El fortalecimiento de los partidos y de otras organizaciones políticas es prioritario para la democracia. Se deberá prestar atención especial a la problemática derivada de los altos costos de las campañas electorales y al establecimiento de un régimen equilibrado y transparente de financiación de sus actividades.

Artículo 6

La participación de la ciudadanía en las decisiones relativas a su propio desarrollo es un derecho y una responsabilidad. Es también una condición necesaria para el pleno y efectivo ejercicio de la democracia. Promover y fomentar diversas formas de participación fortalece la democracia.

El desafío está planteado, pero la situación en las calles de Venezuela no pueden aguardar que las declaraciones altisonantes y amenazantes dentro y fuera de ese país. Así como los genocidios son delitos de lesa humanidad, la paz debería ser, también, un objetivo que no reconozca fronteras.
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