La locura de la Eucaristía

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Walter Burriguini

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La locura de la Eucaristía(jesuitasaru.org)

La locura de la Eucaristía | jesuitasaru.org

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Créame el amigo cristiano que cuando digo en el título de este artículo que la Eucaristía es una "locura", no lo hago con el ánimo de sonar provocativo ni de ofender... sino porque es lo que sinceramente opino.

Y motivos no me faltan. Si no hágase la siguiente pregunta: ¿qué pensaría Ud. si alguien le confesara que está sumamente convencido que basta hacer unas cuantas invocaciones en quechua sobre la tostada y el café con leche del desayudo para que ambas cosas se transformen, respectivamente, en el verdadero cuerpo y la verdadera sangre del General Manuel Belgrano?

Suponiendo que sobrevive al ataque de risa, apuesto que pensaría que esa persona escapó de un manicomio o está a punto caramelo de ingresar en uno.

Ahora bien amigo cristiano, ¿hay alguna diferencia entre la creencia del interlocutor imaginario de arriba y su creencia que haciendo unas cuantas invocaciones en latín sobre una galleta y un sorbo de vino, éstos se van a convertir respectivamente en el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Jesús de Nazareth?

Claramente ninguna.

Así que, a todos los efectos prácticos, la creencia en la Eucaristía es indistinguible del tipo de cosas que creen los locos (y no digo "loco" en términos despectivos sino meramente descriptivos).

Pero lo más dramático y triste del asunto no es que la Eucaristía se trata de una idea a todas luces disparatada, sino que en estos precisos momentos hay millones y millones de padres aspirando a que sus hijos no solo aprendan a aceptarla y asumirla como si fuera una idea de lo más normal y sensata, sino también a honrarla y reverenciarla como si fuera el momento más elevada de la espiritualidad humana. Y lo hacen sin detenerse a reflexionar ni por un segundo sobre las desdichadas consecuencias que todo eso puede acarrear a la vida en sociedad.

No quiero explayarme demasiado en tales "consecuencias desdichadas" porque me las reservo para usarlas como material de un futuro artículo.

Solo voy a acotar sobre el particular, a modo de cierre, que los argentinos nos vivimos lamentando que nuestro país va de desilusión en desilusión y, en gran medida, lo atribuimos al hecho que los políticos en particular, y la clase dirigente en general, nos persuaden con demasiada facilidad de cualquier cosa.

El punto es: en el marco de una sociedad como la argentina donde una porción importante de la población es cristiana y, consecuentemente, se habitúa desde la más tierna infancia a practicar la bochornosa gimnasia de dar por cierto y santificar ideas notablemente reñidas con la realidad y la cordura (como la Eucaristía), ¿cabe esperar otro resultado que no sea que los políticos y las clases dirigentes persuadan a la gente con demasiada facilidad de cualquier cosa?

Quien quiera oír, que oiga.

(*) Walter Burriguini es historiador.