Mundo No les gustó el resultado electoral y dieron un golpe

El golpe: Venezuela hoy es lo que Argentina (por decisión popular) no fue

Argentina podría estar viviendo momentos como los de Venezuela. Allí, el Ejecutivo y la Justicia desactivaron el Congreso: un autogolpe de Maduro. Igual que a los kirchneristas de aquí, a los chavistas de allá les pareció que el pueblo "votó mal" y decidieron "corregirlo" con un golpe.
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Gabriel Conte

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Igual que a los kirchneristas de aquí, a los chavistas de allá les pareció que el pueblo "votó mal" y decidieron "corregirlo" de un solo golpe. En Argentina no tienen fuerza ni consenso para conseguir algo parecido porque la ciudadanía los desalojó del poder en una elección presidencial. Pero allá actuaron rápido: tras los comicios parlamentarios, cuando la oposición arrasó, empezaron un camino que los llevó a que hoy el Tribunal Superior de Justicia, un poder copado por el Poder Ejecutivo, asumiera por decisión propia las atribuciones del Poder Legislativo. Previamente, les quitaron los fueros a todos los legisladores, abriendo las puertas al terror que implica la posibilidad de que desde el chavismo se persiga y encarcele a todavía más dirigentes opositores.

El esquema de pensamiento que domina al Estado en Venezuela (y que tiene seguidores aquí, aunque ahora fuera de la responsabilidad de gobernar a nivel nacional) desprecia las normas establecidas y prefiere irlas construyendo día a día, sin previsibilidad y a de acuerdo a la necesidad del poder político.

De nada sirvió que la gente votara mayoritariamente por la oposición para ponerle un equilibrio al país, para quejarse por los abusos del gobierno o bien para buscar cómo sobrevivir al desabastecimiento y la anarquía sostenida solo a fuerza de fusiles. De inmediato se activó un sistema que generó parlamentos paralelos. El mismísimo día en que Nicolás Maduro tuvo que referirse en sus largas parrafadas televisivas a la derrota que el chavismo había sufrido el 6 de diciembre de 2015, evitó admitirlo y dijo lo que pensaba: "La gente se equivocó". No fue una queja. Fue una definición con carácter de mandato. Insólitamente, el chavismo decidió desconocer el mandato popular, arrogándose para sí determinar a qué "pueblo" responder y, por supuesto, eligió a esa entelequia que lo acompaña a fuerza de aplausos a los gobernantes y aprietes a los opositores, sin más ritmo que la violencia, sin más norma que la que se le ocurriera al propio Maduro cada día.

Aquí también se alude a que el pueblo que votó no es "el pueblo", sino el que los aplaude y sigue, y que el voto -solo porque ganó Mauricio Macri y no ellos- no vale. No está en discusión esa concepción del sistema como una de las posibilidades simplemente porque está fuera de lo que establecen las normas constitucionales. 

Y el planteo que hacen sectores golpistas locales no es "absurdo" como se lo califica tibiamente, sino ilegal. 

El miedo a las consecuencias en cadena que son capaces de generar es lo único que frena a los partidos, organizaciones e instituciones de la democracia argentina actuar en defensa de la democracia.

Pero Venezuela es la muestra de la locura a la que se puede llegar, solo por detentar el poder y hacer con él lo que se quiera, sin controles.

Nadie puede seguir sosteniendo hoy que Maduro es parte de un proceso revolucionario. 

Si alguna vez Hugo Chávez levantó a las masas contra el sistema para luego acomodarse medianamente a él representando a sectores oprimidos por cierta aristocracia política establecida, hoy esto que pasa es una película Clase B Latinoamericana: "Locademia de Dictadorzuelos". 

Maduro es un presidente elegido con la misma validez con que luego, el mismo pueblo, bajo condiciones constitucionales que, inclusive, creó el chavismo, le dijo que no. Pero está claro que cuando un presidente rompe las reglas del juego establecidas previamente para adaptarlas a su gusto y talle, lo que se vive no es democracia. 

En Venezuela hay un golpe de Estado de nueva generación: la oposición ha sido llamada a silencio al serle quitados los fueros, la Justicia que recibe órdenes directas del Presidente es quien "parlamenta", invadiendo a otro poder y quien ose decir algo distinto a lo que surge del Palacio de Miraflores, corre el peor de los riesgos: desde la persecución y prisión en su propia tierra -que quieren volverle ajena- hasta la mismísima muerte por grupos de matones que ya atentaron el fin de semana contra la vida de la alcaldesa interina de Caracas, Helen Fernández, por ejemplo.

Los argentinos tenemos la oportunidad de comprender en toda la dimensión, a la distancia, pero mirándonos una vez más en el espejo, lo que sucede en Venezuela. Y de ningún modo podemos mantenernos ajenos a su tragedia, que probablemente pudo ser la nuestra.